30 de junio de 2006

Lag



Una de las constantes de mi vida es que suelo empezar a hacer las cosas un poco más tarde de lo que se considera estadísticamente normal. Un lag existencial, diríase. Unas veces por motivos coyunturales, otras por pura desgana y falta de interés, el caso es que hay muchos aspectos en los que suelo iniciarme algo después que la gente que me rodea.

Aunque obviamente cada cual es muy libre para decidir cuando empezar a hacer según que cosas, lo cierto es que hay algunas para las que la edad de inicio suele tenerse muy en cuenta. Especialmente dentro de lo que se denomina común y eufemísticamente "vivir". Por ejemplo no tuve mi primera relación ni di mi primer beso hasta bien entrados los 18 años, rozando los 19. Eso sí, tuvo la ventaja de que no hube de esperar mucho para mi primera relación sexual (aunque debido a mi falta de experiencia en el campo aún habrá de pasar algún tiempo hasta mi primera vez en determinadas posturas y prácticas). La primera borrachera de verdad (lo de "coger el puntito" no cuenta) llegó algunos meses después, beligerante como era hasta entonces a la hora de tomar alcohol (postura que, de todas formas, retomé al poco tiempo). Y en cuanto a otro tipo de drogas, es notorio que no me fumé mi primer cigarrillo hasta bien pasados los 22, pero no antes de haber probado los porros (rebatiendo así la famosa "teoría de la escalada").

Hay algunos otros aspectos en los que no existe una edad obligatoria de inicio, aunque sí una establecida comunmente y tras la cual resulta difícil mantenerse al nivel que los demás. En mi caso fue, aunque me avergüence un poco admitirlo, con los cómics. Es bien cierto que yo había leido tebeos durante toda mi infancia (en el trastero hay un cajón lleno de "mortadelos" que así lo atestigua), y que incluso mis padres tuvieron a bien regalarnos a mi hermana y a mí la tan manida colección de Asterix (cuando aún se podía leer, claro está); pero la verdad es que mi etapa de comprador y coleccionista de cómics empezó mucho más tarde de lo que hubiese sido deseable: rondando ya los 23 años, cuando conseguí mi primer trabajo (oficialmente, porque doblar el lomo en las viñas no cotiza en la Seguridad Social) y un escaso primer sueldo con el que financiar mis recién renovadas aficiones. He conseguido bastantes progresos en estos cinco años ( en cuanto a número de volúmenes comprados y de conocimientos adquiridos), pero qué duda cabe que aún estoy lejos de llegar al nivel del que lo lleva haciendo desde la infancia.

Aún me quedan algunas cuentas pendientes que, eso sí, al menos no suponen un menoscabo en mi periplo vital. Por ejemplo, está el hecho de que cuando aún me podía permitir comer chicle (llevar ortodoncia ya no se presta a ello) jamás conseguí hacer un globo en condiciones. O que en mis cuatro años oficiales de carrera (que son el doble si tenemos en cuenta los intentos de aprobar la última asignatura), nunca pude dominar como mis compañeros el juego del mus. O también que, a pesar de haberme pasado media vida delante de los fogones, aún no me atreva a preparar platos tan sencillos a priori como una vulgar tortilla de patatas.

No obstante como he dicho a todo le va llegando su momento, aunque sea algo más tarde de lo previsto. Porque toda esta parrafada (llena de innecesarios comentarios entre paréntesis) se debe a que tras haberme visto sumergido casi sin querer en la vorágine de las reivindicaciones políticas organizadas (en las que, en cierto modo, también soy un recién llegado), ayer tuve la ocasión de llevar a cabo una de mis primeras veces. Concretamente, ayer fue la primera vez (y posiblemente la última) que realicé una pegada de carteles. Y no estuvo mal, debo añadir. A pesar de que la convocatoria fue un absoluto fracaso (apenas 5 personas de las 50 posibles), la noche transcurrió apaciblemente y en buena compañía. Fue incluso divertido ver las caras de sorpresa de quienes me contemplaban llevando a esas horas un cubo y un cepillo por la calle. Es cierto que a mi compañera y a mí nos pudo la falta de experiencia (por lo que es posible que colocáramos menos carteles de lo que debiéramos), pero al menos no se puede decir que no lo intentáramos.

Ahora tan solo espero que en la concentración de este domingo 2 de julio por una vivienda digna (a las 18:30 horas, en la Explanada de España de Alicante), no viva también la primera vez en que tenga que correr delante de las porras de los policias o la primera vez que me detengan como responsable de un altercado público...

29 de junio de 2006

INSERT COINS



Sábado 24 de junio. Cremá de las Hogueras de San Juan y noche principal de fiesta para el millón de personas que, según las autoridades, pululan por la ciudad. Tres hombres hechos y derechos (de 26, 27 y 30 tacos, respectivamente) entran a las 4 de la mañana en un pub lleno de tias buenas y, ¿qué es lo primero que hacen?

Pasarse la siguiente media hora jugando al Final Fight, al Bubble Bobble, al Golden Axe y al Blood Bros en una máquina recreativa trucada. Con dos cojones.

Conmovido por este alarde de patetismo, y también porque estoy aburrido de cojones, me he decidido a bajarme la última versión de esa maravilla de la nostalgia que es el MAME junto con una colección de los principales juegos de la época. En mala hora. Debe ser todo un espectáculo contemplar a un adulto en ciernes llorar de emoción al recordar videojuegos como Hammerin Harry o Tumble Pop. Pero, me guste admitirlo o no, ahí está encerrada buena parte de mi infancia.




Si en el futuro algún historiador trata de reflejar el hecho sociocultural de la juventud española a principios de los 90, espero que dedique un capítulo bien largo a la expansión, auge y caida de las salas recreativas, ahora mutadas en su práctica totalidad en locales de "multiocio" con conexión a internet y maquinitas que dan tickets para intercambiarlos por regalos horteras. Pero ya no es lo mismo, ni de lejos. Los auténticos "recreativos" eran mucho más que un local atestado de maltratadas máquinas de videojuegos o una antesala a la ludopatía. Eran un club social, un refugio, un mundo poblado solo por púberes y adolescentes (alguno que otra ya talludito) donde imponíamos nuestras propias reglas y en el que, al más puro estilo "El señor de las moscas", el que demostraba más habilidad se convertía en el rey.

Recuerdo que hubo una época en la que incluso mi primigénea pandilla de amigos (todos unos pardillos de cojones) nos pasamos incontables horas metidos en una de esas salas recreativas, dejándonos más de media paga en el vicio (y la otra media en golosinas hipercalóricas). La culpa la tuvo, como en tantos y tantos otros casos, la llegada del Street Fighter II. El dueño y señor de las recreativas durante años. No eras nadie dentro de ese submundo si no podias demostrar que eras capaz de llegar hasta el final y darle para el pelo a Mr. Bison. Me encantaba ver a mis amigos darse de hostias virtuales entre ellos (esos gritos, esos gestos de sufrimiento...), pero a mi, particularmente, no me interesaba. No es que me desagradara (también jugué unas cuantas partidas y era capaz de tumbar a algunos de mis compañeros), pero los juegos de lucha nunca han sido mi especialidad, ya que soy incapaz de recordar las combinaciones necesarias para lanzar los ataques especiales. Lo mio siempre ha sido más saltar-disparar-esquivar, por lo que en aquella época, a falta de un FPS en condiciones, yo era un adicto declarado al... ejem... New Zealand Story.

Sí, me gustaba el puto pollito, ¿algún problema?




Vale, en los recreativos se me consideraba poco menos que maricón, pero así eran las cosas en un ambiente en el que el aire estaba tan saturado de hormonas adolescentes que se podían cortar con un cuchillo. Lo gracioso del tema es que a pesar del tiempo que invertimos en dicho salón (todos los fines de semana y algunos días lectivos también, durante por lo menos dos años), y aunque en realidad era un lugar pequeño con pocos lugares para esconderse, nunca fuimos conscientes de los trapicheos que ocurrían entre partida y partida. Vamos, por no saber ni siquiera sabíamos lo que era el costo...

Al haber salido del cascarón tan tarde (a pesar de que alguno que yo me se no ha cambiado desde los 17 años) no pudimos disfrutar de los salones recreativos en su máxima expresión, es decir, como escuela de macarras. Mi pueblo a fin de cuentas no era tan grande, y a pesar de que no faltaba el típico chaval mayor de edad que se resistía a crecer (y que muchas veces acababa empleado por el dueño) ni tampoco el gitano que te pedía dinero (no quiero ser racista, pero es que era así), los recreativos nunca llegaron a degenerar lo suficiente como para convertirse en antros con mucho humo y poca iluminación de esos a los que tus padres te prohiben acercarte y que solo veiamos en las películas. Pero existir, existian. Esos locales donde los aprendices de macarra fumaban a escondidas de sus padres (a los que por muy duros que se hicieran les seguían teniendo miedo), con una navaja en el bolsillo trasero y siempre con ganas de bronca, sobre todo si alguien tocaba sin permiso "su" máquina recreativa. O le miraba mal, que cualquier excusa era buena...

Sin embargo, como he dicho, todo eso pasó. Llegaron las videoconsolas y después los cibercafés, y los salones recreativos se fueron vaciando poco a poco. Se que los tiempos cambian y ahora lo que prima es divertirse desde casa, pero siento pena por todos esos chavalitos que se pelean en red jugando al Counterstrike o que pasan horas en el Messenger, porque nunca sabrán lo que es ser animado por quince personas a la vez para que remates al "jefe" y puedan ver la escena final.

Para que luego digan que los videojuegos aislan...

28 de junio de 2006

Recepcionistas: manual de supervivencia



Me repito. Más que el ajo. No es algo necesariamente malo, porque las películas de James Bond son todas prácticamente iguales y de hecho nos gustan así. Los libros de Palahniuk también son bastante repetitivos y no por ello he dejado de leerlos. Y que decir de Bendis. ¿Bendis? Sí, Bendis.

Así pues, voy a repetirme. Ante todo en cuanto a temática, porque como ya he dicho yo no he tenido una sola idea original en mi vida y en el blog me limito a plasmar lo que me va pasando día a día (con más o menos acierto, claro está). También en cuanto a estructura, porque esta debe ser la quinta o sexta vez que escribo un mensaje así (a pesar de haber prometido no volver a hacerlo). De hecho el título es un guiño a mí mismo, acerca de un comentario de un popular mensaje anterior que, precisamente, es el que estoy tomando como modelo para escribir este. Todo repetido, nada nuevo.

Teniendo en cuenta los dos mensajes de referencia (es decir, el de ayer y también el que he mencionado aquí), se pueden deducir dos cosas. Lo primero, que voy a hablar de los distintos tipos de gente que viene a consultarme cosas a la recepción y sus características principales. A fin de cuentas es una de mis obsesiones, la de analizar y clasificar a diferentes colectivos dentro de un determinado contexto. Al final va a resultar que tendría que haber estudiado sociología...

Y lo segundo, significa la vuelta de... oh, sí, ¡los NTP! Es decir, el Nivel de Tocamiento de Pelotas de cada uno de los subgrupos analizados. Una forma de clasificación cruel, arbitraria y poco objetiva pero... bueno, que me la suda. Que para eso esto es mi blog.

He aquí lo que ha necesitado cuatro párrafos de introducción innecesaria:

  • El indeciso (NTP: bajo) - El típico tio que entra con miedo en la oficina (casi siempre cuando está medio vacia) y empieza a mirarlo todo como si hubiera llegado a un mundo paralelo. En realidad es inofensivo, porque le da tanto miedo preguntar que se limita a leer los carteles, cojer algunos folletos y lanzarte miradas de reojo. Lo malo es que aunque sabes que no supone ningún peligro te obliga a dejar la partida de solitario a medias y mantener la atención en él. Existe una variante:
  • La bomba humana (NTP: medio) - Al igual que el indeciso es alguien que entra por la puerta casi con miedo y da la impresión de que no se atreve a hablar contigo. En ese primer estadio suele dedicarse a leer los folletos con mucha atención, como si hubiera un código secreto o algo así. Pero al cabo de unos minutos parece que reune fuerzas y se dirige a ti con un millón de preguntas, algunas increiblemente retorcidas, tras las cuales ha aprendido más de la burocracia en quince minutos que tu en todo los meses que llevas ahí.
  • El guiri (NTP: alto) - Lo peor de los extranjeros no es, ni con mucho, la dificultad para comunicarse. A fin de cuentas quien más quien menos chapurrea el suficiente inglés o francés para hacerse entender. No, si hay algo por lo que hay que temer y mucho a los guiris es por su desconocimiento de la burocracia española, que se puede resumir en: "esto es así, y si no te gusta te jodes". Resulta muy difícil explicarles que los horarios no siempre se cumplen, que a veces los oficinistas se ausentan sin motivo aparente, que hay documentos que se traspapelan y que todo es así de lento. No es que los españoles lo entendamos, pero al menos ya nos hemos acostumbrado a ello.
  • La maruja (NTP: medio) - Siempre le ocurre algo. Puede que le duela alguna parte del cuerpo, o que tenga prisa, o esté la comida en el fuego, o le pase algo a sus hijos, o su marido sea un gilipollas, pero la cuestión es que te lo tiene que contar. Aunque no te importe (que no te importa una mierda), aunque no tenga nada que ver con el asunto, aunque esté cabreando al resto de la cola, el caso es contártelo. Lo único que se puede hacer es fingir que le estás prestando atención hasta que se desahogue y se marche.
  • El universitario (NTP: bajo) - Completamente perdido, inocente y pardillo, especialmente los de primeros cursos que acaban de salir del cascarón y todavía no se han enfrentado al mundo real. Suelen enfadarse al comprobar lo mal que funciona todo, pero no se atreven nunca a protestar o a levantar la voz, salvo en casos aislados. Y, de todas maneras, basta con darle alguna explicación rimbombante y en tono firme para que se convenza de que lleva las de perder.
  • Don importante (NTP: alto) - Un tipo trajeado y que entra hablando por el móvil (aunque sea con su suegra), que sin dirigirte la mirada te ordena que le des cierta información (esa misma que aparece en internet y en los folletos), dándote a entender que tiene prisa y que debido a su estatus se merece un trato de favor. En realidad suele ser un vulgar comercial al que le da vergüenza admitir que tiene los mismos problemas que cualquier currito. Restregarle por la cara que le falta algún papel o se le ha pasado el plazo es una delicia. Existe también una variante a la que hay que tener mucho miedo:
  • El VIP (NTP: variable) - Un señor (o señora) con aspecto respetable que se acerca a la recepción y te pide hablar con el director u otro cargo similar. Es bastante frecuente que no te hayan avisado de que vendría alguien, por lo que cada vez que ocurre esto te acojonas vivo. Los suele haber de dos tipos: el de buen rollo (un amigo o familiar del jefe), al que no le importa que le preguntes quién es antes de hacer el aviso, y el de mal rollo (un cargo importante de otro departamento o empresa), al que no le hace ni pizca de gracia que no le reciban como se merece. Un mal paso y te pueden echar del puesto, así que hasta que finalmente cruzan la puerta pasas más miedo que en toda tu vida.
  • El neuras (NTP: muy alto) - Alguien que se ha leido demasiados números de OCU: Compra maestra y viene dispuesto a elevar su reclamación hasta al mismísimo rey si hace falta. Apenas te deja decir una sola palabra: desde que entra por la puerta viene gritando, mascullando y perjurando, con una retahila de frases solemnes que ha ensayado en casa para luchar por lo que el considera una injusticia. En realidad muchas veces no lleva razón, lo cual no hace sino cabrearle más aún y pedir como un disco rayado que le pases con un superior (algo que evitas porque si lo haces podría caerte una bronca importante). Y si realmente la lleva, decirselo sólo servirá para envalentonarle más y que te trate como si fueras el anticristo. Es por esta gente por la que muchas oficinas tiene seguridad privada.
  • El profesional (NTP: medio) - Alguien que lleva manejando papeles incluso antes de que tu nacieras y se conoce hasta los más recónditos vericuetos de la administración. Nunca te deja acabar las frases y te bombardea con referencias a leyes y normas. Es consciente de que sabe mucho más del tema que tu, por lo que suele tratarte con un cierto desprecio. Poder restregarle en la cara alguna normativa que acaba de cambiar y aún desconoce es un placer indescriptible.
  • El "dame algo" (NTP: bajo) - El primo del cuñado de una amigo del vecino de su compañero de trabajo le ha dicho que allí puede conseguir una subvención o beca, por lo que entra en la oficina sin tener muy claro de que va el tema pero convencido de que conseguirá un montón de dinero. Es muy fácil desengañarle e incluso desanimarle, puesto que la gran mayoría de las veces no entra ni de lejos dentro de los parámetros descritos por ley para ser beneficiario de la ayuda. En cuanto sale de ahí le compra un cupón al ciego de la esquina.
  • La tia buena (NTP: inexistente) - Desde que entra hasta que sale lo único que puedes fijarte es en sus tetas y en su culo. Ya pueda ser una bellísima persona o una zorra insufrible, todo te da igual. Puede robarte media oficina delante de tus narices y posiblemente ni te enterarías, demasiado ocupado como estás en babear sobre su escote. A veces incluso intentas flirtear con ella, pero sabes que lo único que conseguirás es un calentón de narices. En realidad no te importa, es posiblemente lo mejor que te ha pasado en toda la semana.

Seguramente me olvido de unos cuantos, pero, en fin, si se me ocurre algo ya lo escribiré desde la oficina. Total, para lo que tengo que hacer hoy...

27 de junio de 2006

Recepcionistas: manual de uso


Lunes después de tres días de fiesta. Prisas, caras largas, papeles acumulados en la mesa, una tonelada de correo por clasificar... La fotocopiadora se estropea y todos me miran a mí, como si esperaran que hiciera algún milagro. Ni que fuera un santo, joder. En la recepción comienzan a acumularse las personas que quieren formalizar sus papeles antes de que se acabe el plazo, a pesar de que comenzó hace más de un mes. Mientras, el abogado atiende a una mujer histérica a la que le han robado el bolso en el puerto durante las fiestas.

Hay momentos en los que me merezco un aumento de sueldo...

Estar en la recepción no es ningún chollo, sobre todo si eres un estudiante en prácticas. Además de ser la imagen visible de la oficina, también eres la primera víctima de cualquier gilipollas con prisas que entre pidiendo explicaciones o exigiendo una reclamación. Y, normalmente, no tienes ni zorra idea de lo que habla o no tienes ganas de discutir con él (o ella). Por eso ahora empiezo a entender el porqué de la cara de amargura de la mayoría de funcionarios con los que me he encontrado; yo sólo llevo 5 meses y empiezo a estar harto de todo el mundo.

Así que, para solidarizarme con mis compañeros recepcionistas de todo el país y facilitar un poco el trabajo de la burocracia española (si es que eso es posible), aquí van unos útiles consejos que si bien puede que no solucionen tus problemas, sí es posible que eviten que acabes con un sello de caucho incrustado en el culo:

  1. NO LEEMOS EL PENSAMIENTO - Y además no tengo ni puta idea de quién eres, así que cuando vengas a por algún documento haz el favor de decir con precisión tus datos personales, qué necesitas y para qué, cuándo lo tramitaste, en qué departamento y quién te atendió. Y si tú no te acuerdas no esperes que lo haga yo...
  2. JAMÁS CABREES A UN RECEPCIONISTA UN LUNES POR LA MAÑANA - A menos que quieras acabar esposado por los de seguridad y acusado de terrorismo, o pasarte los próximos dos meses viajando de una ventanilla a otra por culpa de un "pequeño despiste" a la hora de tramitar tu solicitud....
  3. NO SOMOS GOOGLE - Lo que quiere decir que si, por ejemplo, ésta es la oficina de Obras Públicas no te puedo decir dónde coño hay un hotel ni llamarte a un taxi. Y, sobre todo, no tengas el morro de preguntarme cómo contratar a una cuadrilla de albañiles para que te arreglen lo que no te puede arreglar el ayuntamiento. ¿De verdad pretendes que engañe a los que me pagan el sueldo sin recibir nada a cambio?
  4. LA PAUSA DEL CAFÉ (O DEL CIGARRILLO, O DEL REFRESCO) ES SAGRADA - Ningún ser humano podría soportar a dos docenas de capullos como tú en una hora sin alguna sustancia estimulante en el cuerpo, ya sea cafeina, nicotina o azúcares industriales. Así que no trates de hablar a un recepcionista durante esta pausa: mentalmente está a años luz de este plano existencial...
  5. NO NOS INTERROGUES - Si supieramos más de leyes, burocracia, márketing o publicidad que nadie... ¿crees que estaríamos detrás de una mierda de mesa de Ikea aguantando a todo el mundo por la mitad de sueldo que los demás? No, obviamente no. Así pues, no nos bombardees a preguntas: con toda seguridad no tenemos ni puta idea del tema. Simplemente dinos a qué departamento corresponde tu problema y te pasaremos a un pringao de traje y corbata.
  6. ENSÉÑANOS LAS TETAS - Que el mostrador de recepcion sea siempre más alto de lo normal no es por comodidad, sino para poder ver bien los escotes. Después de pasarnos 5 horas atendiendo a albañiles, marujas, despistados, jubilados, estudiantes con granos y muchos prepotentes, no lo dudes: vamos a mirarte las tetas. Así que se buena y flirtea un poco. Nos alegrarás la mañana y es posible que te atendamos mucho mejor que a los demás.
  7. NO SOY TU AMIGO - Lo que quiere decir que sin soborno o mamada de por medio no pensamos hacerte ningún favor, por mucho que nos llores. Si se ha acabado el plazo de solicitud, te jodes. Si ha llegado la hora de cerrar, te jodes. Si te falta algún papel, te jodes. Si no tienes dinero para pagar las tasas, te jodes. Si te han denegado la instancia, te jodes. Y además seguramente me estaré riendo de tí...
  8. SÓLO SOY UN VULGAR RECEPCIONISTA - Por lo que si hay algún procedimiento burocrático o alguna ley con la que no estás de acuerdo, por favor, no vengas a darme la brasa. Por mucho que me grites, que me insultes o que me ladres yo no puedo hacer absolutamente nada. Vete a encadenarte a la puerta del ministerio y déjame en paz...
  9. LOS CARTELES INFORMATIVOS NO SON DE ADORNO - Si hay un póster enorme en la pared (de una campaña publicitaria que se ha llevado la mitad del presupuesto), en el que dice que los trámites a seguir son los papeles A, B y C, además de varios folletos repartidos por toda la recepción en los que lo explican incluso con más detalle... ¿por qué coño vienes a preguntarmelo? ¿Es que no sabes leer? ¿Te aburrías en casa? Si quieres hablarle a alguien detrás de un mostrador, vete a emborracharte a algún bar...
  10. SOMOS SERES HUMANOS - Lo que quiere decir que a veces tenemos que ir al baño, que a veces nos equivocamos, que a veces nos ponemos enfermos, que a veces nos quedamos mirando fijamente a tus ojos porque son los más azules que hemos visto nunca... Así que se comprensivo: hacemos lo que podemos con la mierda de formación y el escaso sueldo que recibimos...

Joder, empiezo a echar de menos repartir pizzas...

24 de junio de 2006

Que pereza da escribir...


... estando en fiestas y con este calor. Si no tuviera que ir a trabajar, me pasaría todo el día tumbado en la cama leyendo...

23 de junio de 2006

Si es que no...

Ha sido ver la hoguera Mercado Central de este año...


(Este es el boceto, me ha sido imposible encontrar una foto.
Y no, no tengo cámara)



... y pensar inmediatamente en esto...



... y también (cómo no) en esto otro...



Al final va a ser verdad que soy un enfermo...

22 de junio de 2006

¡Al abordaje!

El Congreso de los diputados acaba de aprobar la reforma de la ley de la propiedad intelectual, que asume que todos los medios de almacenamiento digital se utilizan para la piratería y, por tanto, deben ir gravados con un canon que compense a los autores.

Así que no les defraudemos...



¡QUE EMPIECE LA FIESTA!

21 de junio de 2006

Fondos y delanteras

Hoy me he levantado de buen rollo (cosa bastante rara en mí), así que hagamos un mensaje lúdico y (mal) intencionadamente popular. Uno de esos que hacen un pico de visitas en el contador. Hace tiempo que lo tengo en la cabeza y que mejor ocasión que las Hogueras (a pesar de que últimamente no hago más que echar pestes de ellas) para colgarlo en el blog.

Desde hace unos cuantos meses tengo instalado un sencillo programa que cambia mi fondo de escritorio cada vez que inicio la sesión. Y, obviamente, todas las imágenes son de hembras a cada cual más exuberante, algunas muy conocidas y otras no tanto. He aquí una recopilación de 10 buenos ejemplares de entre todos los que me alegran la vista por las mañanas:


1. ALI LANDRY



2. ALLEY BAGGET



3. CATHERINE BELL



4. CHRISTINA LINDLEY



5. DALENE CURTIS



6. JOSIE MARAN



7. KELLY BROOK



8. NIKKI VISSER



9. REON KADENA



10. SUSAN WARD




Ala, ya hemos cubierto la cuota de carne de este mes...

20 de junio de 2006

¿Fiestas?



  • Gracias a los cortes de tráfico en el centro de Alicante (y su desvío a calles perifericas no preparadas para soportar ese volumen de vehículos) se ha creado un caos circulatorio, tanto en los accesos a la ciudad como en el mismo casco urbano.
  • Debido también a esos cortes, y a la mala gestión del ayuntamiento, las líneas de autobús principales sufren grandes retrasos, provocando avalanchas humanas a la llegada de uno y frecuentes enfrentamientos con los conductores (que, en realidad, no tienen la culpa de nada).
  • A pesar de la reducción de horarios (que ha creado indignación entre los festeros), en las barracas callejeras sigue sonando música pachanguera a todo volumen hasta altas horas de la madrugada, obligando a quienes tienen que levantarse temprano a no dormir o hacerlo a base de pastillas.
  • En otras barracas, las llamadas "populares" por estar abiertas a todo el mundo, las ocasionales peleas y los robos han llegado hasta el punto de que sus responsables tienen que contratar vigilantes de seguridad para garantizar el orden.
  • Debido al carácter de estas fiestas se levanta temporalmente la prohibición de la venta y uso de artefactos pirotécnicos, incluso para los niños (muchas veces alentados por sus padres), lo que todos los años provoca múltiples quemados e incluso amputaciones de dedos debido a la mala manipulación de los petardos.
  • La reputación de las fiestas de Hogueras de diversión y desenfreno sin límites atrae todos los años a una marea humana (la población llega a doblarse durante los fines de semana) que además de beneficios suele acarrear una gran cantidad de robos (pequeños y grandes), suciedad, destrozos en el mobiliario urbano e incluso disturbios.
  • Y, por supuesto, toda la celebración viene inevitablemente acompañada del consumo de alcohol en cantidades industriales, lo que obliga a desplazar unidades de emergencia sanitaria a las zonas más concurridas (y doy fe que no les da tiempo a aburrirse).

Si se supone que esto son unas fiestas, ¿por qué hay tanta gente que no sólo no se divierte, sino que además suele acabar con un cabreo de cojones, en la comisaria o en el hospital?

19 de junio de 2006

Enhorabuena, Sr. alcalde

Alicante siempre ha sido una ciudad un poco acomplejada. A pesar de ser capital de provincia y un conocidísimo lugar de vacaciones nunca ha destacado ni por su desarrollo (de todos es sabido que nuestros vecinos ilicitanos mueven más dinero que nosotros), ni por sus recursos turísticos (la playa del Postiguet es pequeña y fea y el castillo de Santa Bárbara está muy desaprovechado), ni por su casi inexistente oferta cultural. Siempre ha sido un destino de segunda, de turismo barato, que lleva mucho tiempo viviendo de los universitarios, las fiestas para Erasmus, las despedidas de soltero y la venta de apartamentos a británicos y alemanes.

Sin embargo hoy hemos dado el gran salto. Con un simple gesto hemos cruzado la barrera que separa a las ciudades mediocres de las grandes capitales. Por fin podremos codearnos de igual a igual con Madrid, Barcelona o Valencia. Y todo gracias a la fiesta de Hogueras y a una de las más acertadas decisiones que ha tenido nuestro consistorio en años: cerrar el centro al tráfico.




Para favorecer el desarrollo de la gran fiesta alicantina se han cortado los accesos al centro por las calles y avenidas habituales (invadidas por hogueras y barracas) y se ha desviado el tráfico a calles secundarias, muchas veces de un solo carril, cuyo efecto embudo está provocando retenciones de hasta una hora para trayectos de apenas unos minutos. ¿Quién necesita la M-30 o la M-40? Y además nosotros podemos ver el mar mientras intentamos avanzar...

Una de estas calles secundarias es la mía, por lo que esta mañana he podido disfrutar de un privilegio reservado a unos pocos: despertarme a las 8 de la mañana con el ensordecedor estruendo de claxon de los coches atrapados en un monumental atasco. Ah, qué bellos recuerdos me trajo de mi paso por la capital del país. Los conductores irritados, las exclamaciones obscenas, el humo acumulándose en la calle, la policía desbordada por las circunstancias.... Y todo con unos pequeños cortes. Una jugada maestra digna de una mente brillante, para que luego se quejen de los políticos levantinos. Si mi economía no fuera tan precaria le mandaría un jamón al concejal de tráfico por haberme permitido sentirme como en una gran ciudad sin moverme del Nido.

Por eso, que tiemble Gallardón. Tenemos mafias, tenemos asaltos, tenemos obras y ahora también tenemos retenciones kilométricas. Pronto los telediarios sólo hablarán de nosotros...

El verano que no fue


Nunca sabré con exactitud en qué momento empecé a tener esta fantasía. Quizás tras ver alguna película, anuncio o programa de televisión. A lo mejor no se debe a una sola cosa, sino a la suma de una infinidad de referencias asimiladas consciente e inconscientemente a lo largo de los años. O puede que ni siquiera tenga un origen, sino que sea la materialización de un deseo reprimido oculto en algún rincón de mi mente. En cualquier caso hace demasiado tiempo que está ahí y por mucho que lo intente no puedo ignorarla.

Explicarla resulta difícil, porque en realidad nunca ha sido algo concreto que se repita a menudo sino que va cambiando de forma. Podríamos hablar incluso de un conjunto de fantasías que se rigen por un patrón común: siempre ocurre en verano, nunca estoy solo, se desarrolla a través de la vivencia de nuevas experiencias y, en términos generales, me envuelve una agradable sensación de libertad. Y también de felicidad.

Resulta curioso apuntar que el sexo pocas veces aparece en estas fantasías. En conjunto son mucho más asépticas, más castas, más puras. Pureza, esa es una palabra importante. Todo lo que imagino es limpio, brillante, agradable, hermoso. Cualquier situación, cualquier lugar, cualquier momento tiene algo de mágico y deseable a mis ojos. No hay nada por muy desagradable que sea que pueda estropear lo que vivo en esas fantasías.

Intensidad es otra característica a tener en cuenta. Todo lo que pasa allí es dolorosamente intenso. Cualquier gesto, cualquier palabra, cualquier detalle por pequeño que sea se graba a fuego en mi mente. Es por eso por lo que mis fantasías son tan puras. Un casto beso en ellas tiene más intensidad que casi todo el sexo que he tenido hasta ahora, de igual manera que en las películas hasta la mayor nimiedad resulta más interesante que en la vida real.

A veces me inclino a creer que estas fantasías son simples deseos o caprichos que me gustaría cumplir. A fin de cuentas la mayoría de ellas se corresponden con situaciones que nunca he vivido. Por ejemplo, viajar en coche, tren o autostop por Europa; pasar unas vacaciones en una playa perdida de algún país sudamericano; asistir a una gigantesca rave party en algún lugar exótico; montar una acampada en el bosque. Sin embargo resulta interesante descubrir que algunas de esas fantasías en cierto modo ya las he cumplido en algún momento de mi vida. He asistido a bastantes fiestas, algunas muy extrañas; he visitado otros paises; he tomado drogas; he conocido a gente de todo tipo; he ido a conciertos, museos, exposiciones, actos culturales... Y, a pesar de todo, las fantasías siguen estando ahí, imperturbables, como si no pensaran moverse de mi mente hasta que llegue su hora.

No se si alguna vez llegaré a vivir este verano que nunca fue, o si tan siquiera llegaré a entender qué es realmente. ¿Ansia de nuevas experiencias? ¿Búsqueda de libertad? ¿Demasiados anuncios de colonia? Lo único que se es que esas fantasías aparecen en mi cabeza por alguna razón. Es la forma en que mi suconsciente trata de decirme algo, aunque aún no sepa qué. Y, por el momento, me quedo con el único hecho irrefutable común a todas esas imágenes:

En ningún momento llego a sentirme solo...

16 de junio de 2006

Tetsuo II

UNA CONVERSACIÓN IMAGINARIA
(AUNQUE BASTANTE PROBABLE)


(La primera parte fue aquí)


- Hola, ¿qué tal ha ido todo por Madrid?
- Bien, lo de siempre. Una revisión de rutina
- ¿Qué te han dicho?
- Nada, para variar. Voy bien, supongo, si no me habrían comentado algo. En cualquier caso la operación ya está cerca
- ¿Y te hicieron algo?
- Poca cosa. Cambiar algunos hierros y tal
- Uff, que repelús
- Bah, te acabas acostumbrando. Tan solo hay que tener la boca cerrada mientras te colocan los alambres y los cortan. Aunque se aprende a la fuerza, ya que si mueves el labio cuando no debes puedes atravesarte la carne con uno
- Joder...
- Aunque al menos esta vez solo me cambiaron una banda, menos mal
- ¿Y eso que es?
- Un anillo de metal que se coloca en los dientes con un saliente llamado "bracket" en el que se sujetan los alambres. Esta vez tuve suerte porque pudieron encajármela a presión
- ¿Y si no hubiera habido suerte?
- Pues hubieran tenido que meterlo a golpes, utilizando una especie de escoplo y un martillo pequeño. Siempre lo hacen dos veces. Primero te meten el anillo para que tome forma, lo sacan, le ponen un poco de cemento dental y luego lo vuelven a colocar
- Dios...
- Lo malo es que cuando te cambian los hierros siempre queda algún extremo punzante, por lo que la primera semana me suelen salir unas llagas como puños, pero también te acabas acostumbrando
- ...
- Y ahora me toca pasarme una temporada con gomas colocadas entre las dos mandíbulas para hacer fuerza y que se coloquen lo mejor posible de cara a la operación, que esa si que tiene miga
- Ejem... ¿y ahí... que te hacen?
- Pues básicamente me seccionan las mandíbulas, aunque todavía no se si me van a cortar carne o no para eso. Entonces me adelantan la mandíbula superior y me retrasan la inferior, para colocarlas en el sitio que debieran
- ...
- Después me unen los dientes con los alambres que me han puesto previamente y tengo que pasarme unos cuarenta días con la boca cerrada. Alimentándome a base de líquidos y purés. La ventaja es que así tendré que dejar de fumar a la fuerza. Y menos mal que no bebo, porque si pillara una borrachera no se como podría vomitar, jajjajaja
- ...
- Oye, te estás poniendo verde, ¿te encuentras bien?


Menos mal que me tomo las cosas con sentido del humor...

15 de junio de 2006

Marathon man


13-06-06

18:30 - Media hora más tarde de lo previsto inicio mi maratón médica. A pesar del retraso aún tengo tiempo para llegar al Nido, coger la bolsa de viaje, fumarme un último cigarrillo y borrar todo rastro de nicotina en mi cuerpo. Dedico un par de segundos a pensar en lo ridículo que resulta que un tio de 27 años le oculte a sus padres que fuma y después echo a correr hasta la estación.

22:30 - Llego a La Mancha y mi padre, visiblemente borracho, me da las llaves del coche para que conduzca yo de vuelta hasta el pueblo. Cuando media hora más tarde nos para la Guardia Civil para un control rutinario empiezo a creer en los ángeles de la guarda. De hecho incluso llevaba el carnet de conducir encima, a pesar de que me lo suelo dejar en Alicante...

Nada más llegar al pueblo nos dirigimos a la cena familiar con la que una de mis tías-abuelas celebra su santo (y que ha originado la borrachera de mi padre). Muerto de hambre, engullo mas que mastico un puñado de croquetas frias, langostinos calientes y mejillones de aspecto sospechoso. No obstante sobrevivo a la comilona y una vez en casa, antes de que me venza el sueño, tengo tiempo de oir como mi madre le echa la bronca a mi padre por sus excesos.

Bienvenido al hogar...

14-06-06

06:15 - Entre cabreada y alarmada mi madre me despierta. Se me olvidó poner el despertador y el autobús sale en 15 minutos. En realidad siempre es ella la primera que se levanta, por lo que éste retraso me pilla desprevenido. En tiempo record me visto y mi padre, en ese nebuloso estado entre la borrachera y la resaca, me lleva a la estación sin decir una palabra.

09:05 - Tras varios intentos en vano de dormir en el autobús de línea, ese ataud colectivo con ruedas y los asientos más incómodos del mundo, llego a Madrid con los músculos contraidos y la vejiga a punto de explotar. Cuando salgo del baño me dirijo hacia el metro que me llevará a Atocha y de ahí en Cercanías al Hospital. Siempre la misma ruta, ya casi podría hacerla con los ojos cerrados. Ni siquiera piso la calle; el mundo se podría estar yendo al carajo y no me enteraría.

09:55 - Se dice que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, pero desde luego nuestra imagen deja mucho que desear. Lo primero que uno ve al llegar al Hospital es a media docena de residentes y otros tantos visitantes fumando en la puerta, entre posters de advertencia sobre el tabaco y carteles reivindicativos de los sindicatos anunciando huelgas. Siempre hay huelga por algo. Me dirijo a las escaleras (no me fio de los ascensores) y en el hueco entre dos plantas me encuentro a un paciente de aspecto demacrado con una bata que le queda grande y un cigarrillo en la mano, el cual me dirije una mirada que parece decir: "Ya ves como estoy, ¿acaso me lo vas a reprochar?".

Al torcer una esquina me cruzo con una enfermera joven y guapa, de tez y cabello oscuros y la mirada de quién aún no ha sufrido lo suficiente, y sé que será la última alegría de la mañana. Si el aspecto exterior del edificio da grima, el interior aún más. De paredes blancas y desnudas hasta donde alcanza la vista, los pasillos se abren a unas salas de espera igual de frías con sillones de skay, revistas viejas y secretarias amargadas. A pesar de los incontables horas que he pasado allí, sigo sintiéndome tan incómodo como un reo esperando su ejecución.

11:10 - Ocho suplementos dominicales atrasados más tarde se acuerdan de que estoy allí y me mandan pasar, aunque dos minutos después me vuelven a mandar a la sala de espera durante el tiempo necesario para que el doctor almuerce y los instrumentos se esterilicen. Una punzada en el estómago me recuerda que estoy en ayunas y aún tardaré un buen rato en poder llevarme algo sólido a la boca. Si es que puedo...

12:45 - Al salir del Hospital tengo una revelación: la verdadera etimología de la palabra "paciente" no es el verbo "padecer", sino el término "paciencia". Paciencia necesaria para soportar las dos horas de espera, la media hora de tratamiento ortodental avanzado (aunque más bien pareciera mecánica corriente: todo consiste en quitar unos hierros, poner otros y ajustar el resto) y los quince minutos de gruñidos de las secretarias hartas de todo que me hacen dar vueltas por la planta hasta conseguir lo que necesito. Cuando por fin me dejan en paz tengo el cuello rígido por la tensión, las mandíbulas doloridas y la lengua pegajosa por culpa del dulzarrón sabor del cemento dental. Hasta se me han quitado las ganas de comer, así que vuelvo a tomar el Cercanías y me dirijo a Atocha de nuevo para comprar el billete del siguiente trayecto antes de que se haga tarde. Me doy cuenta de que me tiemblan las piernas...

13:30 - Al salir a la calle Madrid me ofrece su peor cara posible: obras, gente pidiendo algo cada dos pasos, prisas, empujones, un tráfico infernal y un aire pesado y espeso. Toda morriña posible se desvanece tras el primer paso de peatones (con su correspondiente intento de atropello). Entonces el estómago me recuerda, casi me grita, que llevo 14 horas en ayunas, por lo que me dirijo a toda prisa a por un poco de comida rápida que mis puteadas muelas puedan masticar. Un yogurín justo enfrente de mi en la cola (no más de 20 años, pelo rubio largo y lacio, cadenas generosas, piel tersa) me despierta otro tipo de apetitos, pero decido postergarlo para más tarde. En cuanto tengo el menú en la mano salgo corriendo para refugiarme del sol, la gente y los coches en la calle de Santa Isabel, uno de esos lugares que apenas aparecen en las guías y espero que se mantenga así por muchos años.

14:10 - Jamás una hamburguesa me supo tan a gloria, sentado en una escalinata a la sombra del convento de Santa Isabel, viendo pasar (aunque juro que no estaba previsto) a las adolescentes del colegio contiguo. Cuando por fin enciendo el primer cigarrillo del día mis músculos finalmente se relajan, el cuerpo se me hace pesado y me sumo en un agradable sopor.

El único que protesta es mi pulmón izquierdo. Que se joda.

14:30 - Decido que una buena comida se merece un buen postre y no en vano los sex-shops de la calle Atocha están justo al lado...

14:50 - Oh, sí, nena, quítatelo todo...

15:20 - Tras un segundo cigarrillo (el de "después") me meto en el tren dispuesto a recuperar algo de sueño perdido. Imposible. Tengo la mala suerte de caer justo en medio del vagón, con un asiento enfrente del que me separa una estúpida e incómoda mesa semiplegable. Al menos la película de turno consigue distraerme la mitad del viaje. "El pasillo de la muerte", de Stephen King, hace el resto.

18:50 - Al llegar a Valencia busco los horarios de trenes para el día siguiente y descubro con horror que mi única opción es el Euromed, más rápido pero también mucho más caro que el resto. Los que se quejan de la SGAE es que no conocen a RENFE. Para quitarme el mal sabor de boca decido hacer una visita a las nuevas instalaciones de la librería Futurama y así hacer tiempo hasta reunirme con mi amiga.

20:00 - Me encuentro con ella y nos dirigimos a su casa. Tras presentarme a su marido (al que apenas conocía) el resto de la tarde pasa agradablemente: una horchata, cena en su casa y después una película, con su gata dormida en mi regazo. Pasada la medianoche caigo rendido en el sofá. Por esta vez el cansancio le gana el pulso al insomnio.

15-06-06

08:00 - A pesar de que los cónyuges se fueron un par de horas antes aún pude arrancar unos cuantos minutos más al sueño antes de levantarme y dirigirme a toda prisa en metro a la puerta de la clínica. Es temprano, así que me da tiempo a tomarme un café y desperezarme antes de entrar. El cielo está encapotado (¿quién lo desencapotará?) y amenaza lluvia. Tras el cigarrillo de rigor noto una punzada en la espalda y me doy cuenta de que a pesar de las horas de reposo apenas me tengo en pie. Me siento como si Doomsday me hubiera dado una paliza. Aunque no tengo mucho tiempo para pensar en ello. Unos minutos después ya estoy en la consulta, donde el cirujano ocular me da su aprobación. Estoy físicamente destrozado, pero veo de puta madre.

09:45 - Salgo de la clínica y me doy cuenta de que el próximo tren sale en 15 minutos. Me conviene cogerlo, si quiero llegar a tiempo a la oficina. Me rio de mi propio dolor y salgo corriendo hacia la estación.

10:05 - (jadeo) (jadeo) Lo conseguí... arf... he llegado a tiempo... cof, cof... Noto como si tuviera... (jadeo) ...ácido en los pulmones... pero lo conseguí, cof.... Joder... me pregunto como lo hará Mercurio...

11:45 - Por fin en Alicante. Parece como si RENFE quisiera reirse de mí, porque había vuelto a caer en medio del vagón, justo delante de la puta mesita semiplegable. Ésta tenía lámpara, para que se notara que hay nivel. Gracias a la novela (aún sin terminar) el viaje pasa rápido. Cuando vuelvo a pisar las calles de la millor terreta del mon me doy cuenta de que están instalando a toda prisa los arcos para la fiesta de Hogueras. Siento más miedo que alegría. Y también una punzada en las cervicales, que me recuerdan todas las incomodidades por las que les he hecho pasar en estos dos días. Pero el tiempo apremia, así que recorro en tiempo record la distancia que me separa de casa. Necesito una ducha. Pero ya.

13:25 - Después de comprobar el correo, ducharme y comerme un plato de macarrones de dos pisos empiezo a sentirme mejor. Jodido, sí, pero mejor. Con el postre aún en la boca salgo corriendo a la parada de autobús para llegar a tiempo al trabajo. Esta carrera parece no terminar nunca. Y pensar que la gente me acusa de no hacer nunca deporte...

14:10 - Llego a la oficina, ficho, resuelvo los asuntos más urgentes y decido empezar esta crónica desde el ordenador de recepción. Hoy es un día de poco trabajo. Y, de todas formas, tampoco pienso hacer mucho.

Hoy lo que tendrían que hacer es ponerme es una medalla de oro, coño...

13 de junio de 2006

En marcha

Vamos a ver si lo llevo todo:

  • Billete de tren... sí
  • Cartilla del hospital... también, que luego me echan la bronca si me olvido
  • Ropa limpia... la justa
  • Cargador del móvil... por supuesto
  • Cara de mala ostia... ensayada
  • Billetes pequeños para trapicheos... escondidos en el calcetín
  • Monedas sueltas para las cabinas... por descontado
  • Pañuelos de papel... faltaría más
  • Inhalador para el asma... en su sitio
  • Calmantes para después del hospital... prescritos
  • GPS... deja, ya me conozco el camino
  • Lectura para el viaje... El pasillo de la muerte, de Stephen King
  • Tabaco... tendré que comprar más cuando llegue
  • Chaleco antibalas... no, pero me vendría bien uno
  • Zapatillas cómodas... calzadas
  • Excusas para ignorar a las ONG, peticiones de firmas, o timos varios... aprendidas
  • Escusas para no ir a visitar a mis familiares... inventadas
  • Condones... nah, para qué

Creo que ya está todo. Así que...



¡Vámonos a Madrid!

12 de junio de 2006

No molo

Como él, mismamente


Yo creo en el equilibrio del karma. En que a toda acción le sigue una reacción opuesta. En que no puede haber bueno sin malo. Es por eso que, aun a riesgo de sonar como Leonard Nimoy (chiste friki sólo para iniciados), no podía lanzarme flores de manera tan descarada sin contar después todo lo que no aparece en la lista. Las razones por las que estoy soltero y sin posibilidad de echar el polvete semanal. Para eso voy a volver a encerrar en su jaula a mi lado positivo y a dejar que mi yo autodestructivo tome el control (vamos, como siempre).

Estas son las razones por las que no molo:

  • No me gusto
  • Fumo como un carretero (y no sólo tabaco. Si tengo hachís a mano pillo unos ciegos de espanto)
  • Con la excusa de la ansiedad me he vuelto un vago de cojones
  • No se contar chistes (y cuando lo hago no tienen gracia)
  • Me importa una mierda mi aspecto y es por eso que mi fondo de armario es un monotema de vaqueros, camisetas y sudaderas
  • De cada diez palabras que suelto, al menos una es un taco
  • Mis aficiones son aburridas. Qué coño, mi vida es aburrida
  • Soy absolutamente incapaz de recordar fechas, importantes o no (tan solo recuerdo el cumpleaños de mi hermana y porque es cinco días antes que el mio)
  • Podría alimentarme un mes entero a base de pasta y no cansarme
  • Soy muy patoso
  • Tengo muy poco aguante en la cama y al ser tan inexperto mi repertorio de posturas se reduce a dos (yo arriba o yo abajo)
  • Soy un agarrado
  • Descuido continuamente a mis amistades y conocidos (que al final terminan por llamarme por teléfono para saber si estoy vivo)
  • Soy bastante hipocondríaco
  • No sólo me gusta la pornografía, sino que la consumo a diario y además aprovecho mis escapadas a Madrid para pajearme en los peep-shows
  • Soy un cobarde que rehuye cualquier tipo de discusión o enfrentamiento (incluso en aquellos casos en los que tengo razón)
  • Precisamente para evitar discusiones (o para escaquearme de algún trabajo, o para no quedar en evidencia) suelo mentir por los codos
  • Soy un solitario y recelo de los desconocidos (y así no me comeré una rosca en la vida)
  • Estoy fofo y empiezo a tener un culo enorme por pasarme tantas horas delante del ordenador
  • Por culpa de la operación que tengo pendiente aún habré de llevar ortodoncia durante algunos años (y las ortodoncias no molan)
  • A mis 27 años sigo utilizando palabras de quinceañero como "molar" o "flipar"
  • Soy un salido. Si de mí dependiera me hubiera acostado con más de la mitad de mis conocidas
  • Tengo un historial psiquiatrico (nada grave, pero, ¿a que acojona?)
  • Me aburro rápidamente de todo
  • No se lo que quiero hacer con mi vida (ni creo que lo sepa nunca)
  • Aunque nunca lo admita, me dan miedo las mujeres
  • Cuando alguien me pide que haga algo (y no es una cuestión de trabajo), tengo la mala costumbre de dejarlo aparcado hasta que se me olvida
  • Me pongo nervioso con extremada facilidad (y cuando estoy muy nervioso me comporto como un capullo)
  • Suelo encariñarme de todo tipo de objetos inútiles y guardarlos hasta que ya no caben en ninguna parte
  • Me dan miedo las películas de miedo y por eso nunca las veo
  • Aunque de cara a la galería soy educado y correcto, en presencia de mis amigos digo las mismas obscenidades y barbaridades que ellos (o las escribo en el blog)
  • Tengo una mente extremadamente retorcida
  • Apenas se me ocurren ideas originales (por lo que es harto improbable ya no sólo que escriba un libro, sino tan siquiera un relato corto decente)
  • Odio los crios y las mascotas más grandes que un caniche
  • Tengo serios problemas de autocontrol y disciplina (suerte que no hice la mili)
  • Cuando estoy de bajón (lo que suele ser bastante a menudo) no me aguanto ni yo mismo
  • Me echaron a patadas del trabajo en el hotel por ser un blando
  • Cada vez soy más friki (y no en el sentido bueno de la palabra, sino en el más peyorativo posible)
  • ¿He dicho ya que no me gusto a mí mismo?

Razones por las cuales no sólo se justifica que esté solo, sino que además deberían meterme en un frasco con formol para diseccionarme y estudiarme...

11 de junio de 2006

Molo

Homenaje descarado a La mierda ocurre
(Javi, tu sí que sabes hacer buenas tiras...)



Juguemos a los Elseworlds. A los What if?... A esos mundos alternativos en los que todo ocurre al revés y de los que echan mano los guionistas cuando empiezan a quedarse sin ideas (que si estamos hablando de cómics, suele ser a menudo...). Por una vez, sólo por una vez, démosle la vuelta al caracter agrio, autocomplaciente y poco práctico de mis pajas mentales. Vamos a dejar de lado las quejas, los lamentos y las excusas. Para eso sacaré de su jaula a mi lado optimista y dejaré que él hable por mi.

Así que, y sin que sirva de precedente, veamos las razones por las que molo:

  • Soy buen tio
  • No me gusta el fútbol
  • Soy moderadamente culto, leo y (casi) tengo un título universitario
  • Mido 1,80 (lo cual suele ser una ventaja)
  • Me gusta el orden y la limpieza
  • Se cocinar (vale, muy pocos platos, pero algo se hacer)
  • Soy bastante manitas y me ocupo yo mismo de arreglar la mayoría de los desperfectos de la casa
  • Hablo cuatro idiomas (incluyendo el catalán, que para eso no es lengua materna)
  • No bebo
  • Soy muy complaciente en la cama (aunque tengo poca experiencia, lo que, si lo miramos bien, puede ser más un aliciente que una carga, porque estoy abierto a probar casi cualquier cosa y todo me parecerá morboso)
  • Se lo que es un pespunte
  • Lloro en las películas (para quien le guste eso, claro)
  • Entiendo bastante de ordenadores
  • Barro, frego los cacharros, quito el polvo, pongo la lavadora y plancho yo mismo
  • No hablo demasiado y, de vez en cuando, se me ocurren cosas graciosas
  • Cierta bloguera dice que estoy follable (y lo que ella dice va a misa)
  • Me gusta descubrir películas, libros y música que se salgan de lo habitual
  • Tengo trabajo (aunque me paguen poco y el contrato se acabe en agosto, pero, oye, menos da una piedra)
  • No me da vergüenza ir al supermercado a comprar tampones o compresas
  • Bailo más o menos bien (bueno, no soy Nacho Duato, pero sé seguir el ritmo)
  • Soy muy cariñoso
  • Tengo los ojos bonitos (o eso me dice siempre mi madre)
  • No se me da mal esto de escribir
  • Dicen que soy inteligente (aunque me gustaría saber en base a qué o comparado con quién)
  • Soy un conductor prudente
  • Estoy acostumbrado a ir de acompañante en un día de compras y casi sin quejarme
  • No tengo enemigos (hay algunos a los que les caigo mal, pero nunca ha ido a mayores)
  • Aunque descuide mi propia vestimenta, mi hermana sigue confiando en mi criterio para la moda y no se corta a la hora de preguntarme si su conjunto le queda bien o no
  • Procuro ser original con los regalos
  • Se escuchar
  • No voy de machote por la vida

Razones estas, y algunas más de las que seguro que me olvido, por las que considero que es terriblemente injusto que siga soltero o que, al menos, se me prive del polvete semanal.

He dicho...

10 de junio de 2006

A pesar de todo...


De la playa, del sol, del buen tiempo...

De las fiestas, los pubs, las Hogueras...

Del ambiente relajado, los estudiantes, las Erasmus calentorras...

De los precios asequibles, los pisos compartidos, la menor contaminación...

De las oportunidades laborales, de conocer mejor el terreno, de sentirme ya como en casa...


A pesar de todas las ventajas que ofrece Alicante, y muchas más que me he dejado en el tintero, hoy me he dado cuenta de que echo de menos Madrid...

8 de junio de 2006

Home, bitter home (VII)

SPOILER



Al principio del número 3 de los Nuevos Vengadores (los Nuevos Nuevos Vengadores, los que saben del tema ya me entienden) vemos al Capi y al Latas tomando un café con dónuts en la cubierta de un helitransporte de S.H.I.E.L.D. y comentando la fuga de la isla de Ryker con la que se abre la colección. Es entonces cuando en boca del abanderado el guionista trata de explicarnos el porqué de este nuevo grupo. Grosso modo:

"¿Sabes a qué me recordó todo esto, Tony? Un grupo de héroes muy diferentes que se reunen por una causa común en un momento de necesidad y que, contra todos los pronósticos, consiguen actuar como un equipo. Eso me recordó al día que los Vengadores se conocieron..."

Aunque él no estaba ahí, pero, en fin, no seamos puntillosos... El caso es que le entiendo. Aunque sea una vulgar excusa para relanzar una serie con personajes punteros, yo lo entiendo. Porque así es como me sentí yo cuando en mi último año de carrera tuve que mudarme a SPOILER.

No, no es que le pusiera ese nombre tan feo y tan tunning. Es que por una única vez en mi vida ese piso ya tenía un nombre propio. Uno por el que alguien podría reconocerlo y me pondría un paso más cerca de perder el anonimato. Mucha gente distinta ha pasado por ahí a lo largo de estos años (fíjate, igual que en los Vengadores), pero aun así corro el riesgo de ser identificado. Y no se si quiero que mis antiguos compañeros lean el blog. Tengo mis motivos...

Nuevamente al igual que en los Vengadores, cuando llegué a SPOILER nada podía hacer pensar que unas personas tan distintas pudieran formar un grupo tan unido. Ya de por sí mi entrada fue algo sorprendente, puesto que a priori no tenía demasiado en común con ellos. Todos de la comunidad, que se movían por ambientes muy distintos de los que había conocido hasta el momento, más concienciados politicamente que yo, con un caracter bastante más "progre" que mis anteriores compañeros... Sin embargo les convencí cuando supieron que, por cosas de la vida, yo también hablaba valenciano como ellos. No muy bien, pero lo hablaba.

Al principio hubo bastantes malentendidos y alguna risa a mis costa cuando empecé a moverme por ese ambiente que, a fin de cuentas, me era bastante desconocido. Además estaba el hecho de que si para ellos resultaba raro también lo era para el resto de la gente. Raro al cuadrado. Pero pronto supe adaptarme. Después de cuatro años haciendo el canelo en la carrera había llegado a ese punto de pasotismo y ganas de experimentar que debía haber tenido desde el principio. Así que simplemente me dejé llevar.

Allí es donde empecé a fumar porros. Allí es donde dejé de lado el pachangueo y conocí otros ambientes y otras músicas. Allí es donde empecé a interesarme (al menos un poco) por la política. Allí es donde pude conocer a gente de todo tipo y condición. Allí es donde (ya algo tarde) empecé a soltarme sin miedo al que dirán.

Allí fue donde, por primera vez en mi vida, me sentí realmente en casa.

Aun teniendo unas ciertas ideas comunes, como he dicho todos eramos bastante distintos entre sí. Este es uno de los temas de los que más hablamos en nuestras escasas reuniones y que todavía nos sigue asombrando. ¿Quién iba a pensar que gente tan diferente se podría llevar tan bien? Y lo cierto es que así fue. Fue sin lugar a dudas el MEJOR AÑO DE MI VIDA. Hacíamos cenas, fiestas y botellones; salíamos casi todos los fines de semana; nos reiamos; no nos peleabamos (salvo alguna discusión política entre dos de mis compañeros, aunque, eso sí, siempre de buen rollo); compartíamos las tareas de la casa; hacíamos frente común contra la dueña del piso (que se merece un mensaje aparte); acudíamos a manifestaciones; nos colocábamos juntos...

Hay tantos momentos para recordar que podría estar escribiendo todo el día. Cientos de anécdotas, de chistes privados, de escenas irrepetibles. Nunca olvidaré, por ejemplo, el día de mi cumpleaños en SPOILER. Preparé una cena manchega, hicimos botellón y nos fumamos la mitad de la cosecha de maría que habían plantado el año anterior. Menudo ciego pillamos. O también puedo hablar de la fiesta de nochevieja, aquella en la que le di plantón a mi ex. Estaban básicamente sólo los amigos de una de mis compañeras, pero fue memorable. Con decir que a la mañana siguiente el salón estaba lleno de botellas, colillas, ropa, sujetadores y una peluca... Además una chica me estuvo dando bola, aunque, como es natural, al final no pillé. Y cómo olvidar aquel carnaval en el que se reunieron distintos grupos de amigos de mis compañeros y, menos acostumbrados que nosotros a ese ambiente, se miraban entre ellos como si fueran de planetas distintos. Eso por no hablar de los comentarios bastante obscenos que los tres chicos hacíamos sobre nuestras dos compañeras cuando llegó al calor y empezaron a deshacerse de la ropa...

Fue, como digo, un año memorable. Y la mejor prueba de ello es que después del inevitable final (puesto que la mayoría terminábamos la carrera ese año) hemos seguido siendo amigos. Los únicos con los que no he perdido el contacto de entre toda la gente con la que compartí piso antes y compartiría piso después. Es la magia de SPOILER. Todo aquel que entra allí, al igual que en la mansión de los Vengadores, pertenece para siempre al mismo colectivo. Aunque no se conozcan, dos personas que haya vivido entre esas paredes saben que se van a llevar bien. Nosotros seguimos llevándonos bien. Dos de ellas son las únicas con las que puedo contar (aunque solo de vez en cuando) para salir aquí en Alicante. Con otro de ellos compartí piso más adelante, aunque de eso ya hablaré en su momento. Del resto he perdido la pista, pero eso no impide que cuando nos volvemos a reunir siga existiendo la misma amistad, la misma complicidad, el mismo buen rollo que si el tiempo no hubiera pasado.

Porque si tuviera que escoger un momento de mi vida, sólo uno, me hubiera quedado con ese. Ojalá hubiera durado para siempre...


PRÓXIMO CAPÍTULO: LA CASA DE PUTAS

7 de junio de 2006

Misterios del mundo animal




¿Como puede una criatura tan insignificante generar tanto ODIO HOMICIDA...?

Pardal



Pájaro, en varios idiomas. Y también pardillo, al menos en esta comunidad. Así es como me debieron ver en mi perfil del sistema de contactos. No les culpo. Un tio con cara de no haber roto un plato en su vida, que confiesa que prefiere llevar una vida tranquila, al que ni siquiera le gusta el deporte, con aficiones vulgares (por no decir aburridas) y, por supuesto, soltero. La víctima ideal. No es casualidad que en apenas dos semanas traten de timarme dos veces.

Disgresión. Yo fui un miembro estable durante 10 años de una compañía de teatro aficionado en mi pueblo natal. Nada sorprendente, puesto que allí hay casi una decena de agrupaciones distintas (en algo tenemos que matar el tiempo). Aun no siendo de las mejores (tampoco de las peores) hacíamos bolos de vez en cuando. Recuerdo una siesta improvisada entre las butacas del teatro de un pueblo cercano tras montar el escenario. No se que cable se me cruzó en dicho momento, pero antes de acomodarme grité en voz bien clara: "Si no es para follar que nadie me moleste". Y desde el otro lado de la platea, tras un pequeño murmullo de sorpresa, una de las chicas dijo: "no me esperaba eso de tí".

Claro, porque yo no digo esas cosas. Yo no soy así. Y aunque lo fuera, nadie lo creería.

Nadie me hace caso cuando hablo de este tema, pero estoy convencido de que la principal razón por la que mi vida sexual ha sido tan anecdótica es porque generalmente no piensan en mí en esos términos. ¡Eh, yo soy un buen tio! El amigo tímido. El colega raro. El compañero de clase calladito. Y, según parece, esos no follan. En serio. Es como si perteneciera a otra esfera de la realidad. Sin polla, como un santo, como un padre, como los Madelman. Oh, sí, bueno, está asumido que me hago pajas, pero poco más.

Cuando alcanzo la suficiente confianza con alguien, con el tiempo, dejo de callarme todas las barbaridades que se me ocurren y que generalmente no suelto más que en el blog. Pero para entonces parece que ya es tarde. Supongo que la culpa es mía, de mi personalidad. Vale, lo acepto, ante los desconocidos siempre soy tímido, serio, callado y procuro no hacerme notar. Un auténtico pardal. No digo obscenidades, no lanzo insinuaciones, mantengo siempre las distancias. No soy una amenaza, soy un buen tio. Eso tiene la ventaja de que nadie tiene reparo en contarme sus intimidades o en quedar conmigo a tomar café sin que parezca una cita. Pero precisamente por eso cualquier salida del papel principal no parece creible. Si le pidiera sexo a cualquiera de mis conocidas lo fliparía en colores. Luego quizás pensaría que se trata de una broma. Y si finalmente viesen que voy en serio, se acojonarían. Oh, sorpresa, parece que sí tengo polla después de todo.

Es como este blog. No puedo intentar ser realmente morboso sin que parezca ridículo. Lógico, si lo miras bien. No puedes hablar de tus miedos, tus dudas y tus problemas, de abrir tu corazoncito, y después comentar que te gustaría atar a tu pareja a la cama y untarla de nata para lamerla de arriba a abajo. Suena casi tierno. Porque yo soy tierno. Cuando me conoces te dan ganas de abrazarme, no de chuparme la polla.

Hay gente que me pregunta por qué fumo, si en realidad nunca me ha gustado demasiado. La principal razón es el aburrimiento. La otra es porque está mal. Llegó un punto en el que no podía soportar escuchar a la gente decir "oh, vaya, así que ni fumas, ni bebes ni nada. Que sano que eres" y que me lanzaran la mirada. ESA mirada. La que te convierte en una rareza, en un santo varón, en un puto Madelman. Sin polla. Joder, me encanta esa palabra. Polla, polla, polla. Nunca digo "polla" en persona. Debería hacerlo más a menudo, sobre todo cuando me presentasen a alguien. Hola, me llamo Inadaptado y tengo polla. Así vencería al efecto "tres segundos", como ponía en la página que me recomendó El listo. Parecería un salido, pero, oye, es que resulta que soy un salido.

En fin, este verano asistiré a mi primera despedida de soltero de un amigo. El primero que cae. A falta de decidir que putada le gastaremos (alguna caerá) ya estamos pensando en como daremos el cante durante la fiesta. Alguien ha sugerido que hagamos unas camisetas en las que pongan en letras grandes "No lo preguntes. Queremos follar".

Me temo que yo tendré que añadir a la mía "Tengo polla. En serio"...

6 de junio de 2006

Tímame



Quiero que me timen. Es más, lo estoy pidiendo a gritos. Quiero que traten de engañarme, de estafarme, de metérmela doblada. Quiero que me metan una bola más grande que la catedral de Burgos para quedarse con mi dinero, o involucrarme en una operación delictiva, o simplemente dejarme en ridículo en público.

Me explico. Yo durante bastante tiempo fui adicto a los chats. Y con eso no me refiero a que fuera aficionado a ellos, o tuviera un gusto excesivo por el tema. No, estoy hablando de llegar a no comer y no dormir con tal de no despegarme de la pantalla. De pasarme horas y horas tecleando hasta que todos los músculos del cuerpo me dolían y la vista se me nublaba. De perder el sentido de la realidad. De rehabilitarme y no querer volver a ver a comunicarme con nadie si no era en persona.

El problema es que como en toda adicción es fácil volver a caer. Y yo no tengo fuerza de voluntad. Durante algún tiempo maté el mono con el Messenger (la metadona de los adictos como yo) pero cuando se me ocurrió poner Chatango en el blog no era consciente de que detrás había toda una comunidad de chat ya establecida. Y piqué. No sólo eso, sino que además se me ocurrió crear un perfil en una página de contactos guiri a la que están apuntados muchos de esos chateadores a petición de mis primeros compañeros de vicio. Lo cual redundó en que conociera a más gente dispuesta a chatear conmigo. Así que estoy enganchado de nuevo.

Obviamente ya no veo las cosas de la misma manera. Han sido muchas horas desperdiciadas delante del ordenador, muchas experiencias de todo tipo, muchas alegrías y desengaños como para que me comporte igual que antes. Ahora sé de que va todo esto. Sé donde están los límites. Sé cuales son las reglas. No es que no pueda caer en los mismos errores que ya he cometido (siempre he sido y seré muy crédulo), pero ahora al menos ya no me pillarán de nuevas. Por eso estoy deseando que traten de timarme.

Acabo de pasar por una situación bastante surrealista, esta vez a través del correo electrónico. Una chica rusa, agradable en el trato, excesivamente apasionada para mi gusto, cuyas fotos me mostraban lo que parecía ser poco menos que una modelo. Me escribía largas epístolas contándome toda su vida, urgiéndome siempre a contestarle cuanto antes. Pronto llegué a la conclusión de que sólo podía ser:

a) Una pirada
b) Una broma
c) Un timo

Primera muestra de mal rollo: su perfil en el sistema de contactos desapareció misteriosamente dos días después de conocerla. Además estaba el hecho de que pareciera tener tanta urgencia en entablar algún tipo de relación sentimental conmigo sin apenas conocernos. Pero lo mejor vino cuando por ¿error? recibí un mensaje suyo que ya me había mandado previamente (palabra por palabra) dirigido a otro chico. Oh, sorpresa, no era al único que trataba de engatusar. Después de una escueta disculpa no he sabido más de ella.

Aunque sigue existiendo la posibilidad de que fuera una pirada, llevo desde entonces fantaseando con la posibilidad de que en realidad todo fuera una elaborada farsa para encontrar un marido que la sacara cagando leches de su pueblo natal. O que incluso eso fuera parte del timo. Como en "Oscura seducción", más o menos. Habría sido genial recibir tanta atención ficticia tan sólo por conseguir unos papeles. Me hubiera gustado saber hasta dónde hubiera estado dispuesta a llegar. ¿Me hubiese pedido dinero? ¿Habría complacido mis fantasías cibersexuales? Ya no lo sabré. Así que estoy deseando que vuelvan a intentarlo.

De momento ya tengo otra candidata. Una chica nigeriana, aparentemente aún más agradable, complaciente y guapa que la anterior (si es que debo hacer caso de la foto de su perfil). En apenas unas pocas conversaciones ha mostrado un sospechoso apego por mí. Dice que me echa de menos y todo cuando pasamos mucho tiempo sin hablar. Y empieza a hacerme insinuaciones sobre querer verme en persona (me pregunto cómo) o, al menos, a través de la webcam. Que yo no tengo.

Aprovechando que tengo una amiga que se ha ido a trabajar al culo del mundo, y a la que no veré en una buena temporada si no es través de videoconferencia, creo que me compraré una y le seguiré el juego. Quiero saber a qué conduce esto. Lo dicho, estoy pidiendo a gritos que me timen...

5 de junio de 2006

Sabes que te estás haciendo irremediablemente mayor cuando...



... todas tus actrices porno favoritas son más jóvenes que tú.

... lloras de emoción al escuchar de nuevo una canción que se compuso hace más de 20 años.

... algunos de los juguetes que tuviste de pequeño (y acabaste destrozando) se venden a precio de oro en las subastas de Ebay.

... en las conversaciones con tus amigos suelen aparecer los términos "hipoteca", "seguro", "contrato fijo" y "hacienda".

... analizas mentalmente las calorías de todo lo que te vas a comer.

... los efectos especiales más punteros de las películas de tu infancia son ridículos comparados con los más cutres de las de ahora.

... ves tus fotos de pequeño y te niegas a creer que pudieras llevar un peinado tan hortera.

... te da un ataque de pánico si ves pelos en tu peine o cepillo.

... no puedes viajar a ninguna parte sin meter algún medicamento en la maleta.

... un adolescente en moto atraviesa la calle haciendo un ruido atronador y te acuerdas de su familia en vez de preguntarte la marca del vehículo.

... tus noches de mayor juerga suelen acabar a las cuatro de la madrugada, como muy tarde.

... en las reuniones con los antiguos compañeros de clase hay siempre al menos un cochecito de bebé.

... los cumpleaños se limitan a un café con pasteles o una cerveza en el bar de la esquina.

... empiezas a cuestionarte tu fondo de armario.

... te sabes el final de la mayoría de los chistes que intentan contarte.

... existe una época en tu pasado no tan lejano a la que llamas evocadoramente "los buenos tiempos".

... tus actores preferidos de siempre ya peinan canas (o están muertos).

... te cruzas con la tía más buena de tu instituto por la calle y descubres que se ha convertido en una foca.

... enciendes la radio y te das cuenta de que no conoces ni a la mitad de los grupos que suenan.

... consideras que antes todo se hacía y sabía mejor.