21 de junio de 2006

Fondos y delanteras

Hoy me he levantado de buen rollo (cosa bastante rara en mí), así que hagamos un mensaje lúdico y (mal) intencionadamente popular. Uno de esos que hacen un pico de visitas en el contador. Hace tiempo que lo tengo en la cabeza y que mejor ocasión que las Hogueras (a pesar de que últimamente no hago más que echar pestes de ellas) para colgarlo en el blog.

Desde hace unos cuantos meses tengo instalado un sencillo programa que cambia mi fondo de escritorio cada vez que inicio la sesión. Y, obviamente, todas las imágenes son de hembras a cada cual más exuberante, algunas muy conocidas y otras no tanto. He aquí una recopilación de 10 buenos ejemplares de entre todos los que me alegran la vista por las mañanas:


1. ALI LANDRY



2. ALLEY BAGGET



3. CATHERINE BELL



4. CHRISTINA LINDLEY



5. DALENE CURTIS



6. JOSIE MARAN



7. KELLY BROOK



8. NIKKI VISSER



9. REON KADENA



10. SUSAN WARD




Ala, ya hemos cubierto la cuota de carne de este mes...

20 de junio de 2006

¿Fiestas?



  • Gracias a los cortes de tráfico en el centro de Alicante (y su desvío a calles perifericas no preparadas para soportar ese volumen de vehículos) se ha creado un caos circulatorio, tanto en los accesos a la ciudad como en el mismo casco urbano.
  • Debido también a esos cortes, y a la mala gestión del ayuntamiento, las líneas de autobús principales sufren grandes retrasos, provocando avalanchas humanas a la llegada de uno y frecuentes enfrentamientos con los conductores (que, en realidad, no tienen la culpa de nada).
  • A pesar de la reducción de horarios (que ha creado indignación entre los festeros), en las barracas callejeras sigue sonando música pachanguera a todo volumen hasta altas horas de la madrugada, obligando a quienes tienen que levantarse temprano a no dormir o hacerlo a base de pastillas.
  • En otras barracas, las llamadas "populares" por estar abiertas a todo el mundo, las ocasionales peleas y los robos han llegado hasta el punto de que sus responsables tienen que contratar vigilantes de seguridad para garantizar el orden.
  • Debido al carácter de estas fiestas se levanta temporalmente la prohibición de la venta y uso de artefactos pirotécnicos, incluso para los niños (muchas veces alentados por sus padres), lo que todos los años provoca múltiples quemados e incluso amputaciones de dedos debido a la mala manipulación de los petardos.
  • La reputación de las fiestas de Hogueras de diversión y desenfreno sin límites atrae todos los años a una marea humana (la población llega a doblarse durante los fines de semana) que además de beneficios suele acarrear una gran cantidad de robos (pequeños y grandes), suciedad, destrozos en el mobiliario urbano e incluso disturbios.
  • Y, por supuesto, toda la celebración viene inevitablemente acompañada del consumo de alcohol en cantidades industriales, lo que obliga a desplazar unidades de emergencia sanitaria a las zonas más concurridas (y doy fe que no les da tiempo a aburrirse).

Si se supone que esto son unas fiestas, ¿por qué hay tanta gente que no sólo no se divierte, sino que además suele acabar con un cabreo de cojones, en la comisaria o en el hospital?

19 de junio de 2006

Enhorabuena, Sr. alcalde

Alicante siempre ha sido una ciudad un poco acomplejada. A pesar de ser capital de provincia y un conocidísimo lugar de vacaciones nunca ha destacado ni por su desarrollo (de todos es sabido que nuestros vecinos ilicitanos mueven más dinero que nosotros), ni por sus recursos turísticos (la playa del Postiguet es pequeña y fea y el castillo de Santa Bárbara está muy desaprovechado), ni por su casi inexistente oferta cultural. Siempre ha sido un destino de segunda, de turismo barato, que lleva mucho tiempo viviendo de los universitarios, las fiestas para Erasmus, las despedidas de soltero y la venta de apartamentos a británicos y alemanes.

Sin embargo hoy hemos dado el gran salto. Con un simple gesto hemos cruzado la barrera que separa a las ciudades mediocres de las grandes capitales. Por fin podremos codearnos de igual a igual con Madrid, Barcelona o Valencia. Y todo gracias a la fiesta de Hogueras y a una de las más acertadas decisiones que ha tenido nuestro consistorio en años: cerrar el centro al tráfico.




Para favorecer el desarrollo de la gran fiesta alicantina se han cortado los accesos al centro por las calles y avenidas habituales (invadidas por hogueras y barracas) y se ha desviado el tráfico a calles secundarias, muchas veces de un solo carril, cuyo efecto embudo está provocando retenciones de hasta una hora para trayectos de apenas unos minutos. ¿Quién necesita la M-30 o la M-40? Y además nosotros podemos ver el mar mientras intentamos avanzar...

Una de estas calles secundarias es la mía, por lo que esta mañana he podido disfrutar de un privilegio reservado a unos pocos: despertarme a las 8 de la mañana con el ensordecedor estruendo de claxon de los coches atrapados en un monumental atasco. Ah, qué bellos recuerdos me trajo de mi paso por la capital del país. Los conductores irritados, las exclamaciones obscenas, el humo acumulándose en la calle, la policía desbordada por las circunstancias.... Y todo con unos pequeños cortes. Una jugada maestra digna de una mente brillante, para que luego se quejen de los políticos levantinos. Si mi economía no fuera tan precaria le mandaría un jamón al concejal de tráfico por haberme permitido sentirme como en una gran ciudad sin moverme del Nido.

Por eso, que tiemble Gallardón. Tenemos mafias, tenemos asaltos, tenemos obras y ahora también tenemos retenciones kilométricas. Pronto los telediarios sólo hablarán de nosotros...

El verano que no fue


Nunca sabré con exactitud en qué momento empecé a tener esta fantasía. Quizás tras ver alguna película, anuncio o programa de televisión. A lo mejor no se debe a una sola cosa, sino a la suma de una infinidad de referencias asimiladas consciente e inconscientemente a lo largo de los años. O puede que ni siquiera tenga un origen, sino que sea la materialización de un deseo reprimido oculto en algún rincón de mi mente. En cualquier caso hace demasiado tiempo que está ahí y por mucho que lo intente no puedo ignorarla.

Explicarla resulta difícil, porque en realidad nunca ha sido algo concreto que se repita a menudo sino que va cambiando de forma. Podríamos hablar incluso de un conjunto de fantasías que se rigen por un patrón común: siempre ocurre en verano, nunca estoy solo, se desarrolla a través de la vivencia de nuevas experiencias y, en términos generales, me envuelve una agradable sensación de libertad. Y también de felicidad.

Resulta curioso apuntar que el sexo pocas veces aparece en estas fantasías. En conjunto son mucho más asépticas, más castas, más puras. Pureza, esa es una palabra importante. Todo lo que imagino es limpio, brillante, agradable, hermoso. Cualquier situación, cualquier lugar, cualquier momento tiene algo de mágico y deseable a mis ojos. No hay nada por muy desagradable que sea que pueda estropear lo que vivo en esas fantasías.

Intensidad es otra característica a tener en cuenta. Todo lo que pasa allí es dolorosamente intenso. Cualquier gesto, cualquier palabra, cualquier detalle por pequeño que sea se graba a fuego en mi mente. Es por eso por lo que mis fantasías son tan puras. Un casto beso en ellas tiene más intensidad que casi todo el sexo que he tenido hasta ahora, de igual manera que en las películas hasta la mayor nimiedad resulta más interesante que en la vida real.

A veces me inclino a creer que estas fantasías son simples deseos o caprichos que me gustaría cumplir. A fin de cuentas la mayoría de ellas se corresponden con situaciones que nunca he vivido. Por ejemplo, viajar en coche, tren o autostop por Europa; pasar unas vacaciones en una playa perdida de algún país sudamericano; asistir a una gigantesca rave party en algún lugar exótico; montar una acampada en el bosque. Sin embargo resulta interesante descubrir que algunas de esas fantasías en cierto modo ya las he cumplido en algún momento de mi vida. He asistido a bastantes fiestas, algunas muy extrañas; he visitado otros paises; he tomado drogas; he conocido a gente de todo tipo; he ido a conciertos, museos, exposiciones, actos culturales... Y, a pesar de todo, las fantasías siguen estando ahí, imperturbables, como si no pensaran moverse de mi mente hasta que llegue su hora.

No se si alguna vez llegaré a vivir este verano que nunca fue, o si tan siquiera llegaré a entender qué es realmente. ¿Ansia de nuevas experiencias? ¿Búsqueda de libertad? ¿Demasiados anuncios de colonia? Lo único que se es que esas fantasías aparecen en mi cabeza por alguna razón. Es la forma en que mi suconsciente trata de decirme algo, aunque aún no sepa qué. Y, por el momento, me quedo con el único hecho irrefutable común a todas esas imágenes:

En ningún momento llego a sentirme solo...

16 de junio de 2006

Tetsuo II

UNA CONVERSACIÓN IMAGINARIA
(AUNQUE BASTANTE PROBABLE)


(La primera parte fue aquí)


- Hola, ¿qué tal ha ido todo por Madrid?
- Bien, lo de siempre. Una revisión de rutina
- ¿Qué te han dicho?
- Nada, para variar. Voy bien, supongo, si no me habrían comentado algo. En cualquier caso la operación ya está cerca
- ¿Y te hicieron algo?
- Poca cosa. Cambiar algunos hierros y tal
- Uff, que repelús
- Bah, te acabas acostumbrando. Tan solo hay que tener la boca cerrada mientras te colocan los alambres y los cortan. Aunque se aprende a la fuerza, ya que si mueves el labio cuando no debes puedes atravesarte la carne con uno
- Joder...
- Aunque al menos esta vez solo me cambiaron una banda, menos mal
- ¿Y eso que es?
- Un anillo de metal que se coloca en los dientes con un saliente llamado "bracket" en el que se sujetan los alambres. Esta vez tuve suerte porque pudieron encajármela a presión
- ¿Y si no hubiera habido suerte?
- Pues hubieran tenido que meterlo a golpes, utilizando una especie de escoplo y un martillo pequeño. Siempre lo hacen dos veces. Primero te meten el anillo para que tome forma, lo sacan, le ponen un poco de cemento dental y luego lo vuelven a colocar
- Dios...
- Lo malo es que cuando te cambian los hierros siempre queda algún extremo punzante, por lo que la primera semana me suelen salir unas llagas como puños, pero también te acabas acostumbrando
- ...
- Y ahora me toca pasarme una temporada con gomas colocadas entre las dos mandíbulas para hacer fuerza y que se coloquen lo mejor posible de cara a la operación, que esa si que tiene miga
- Ejem... ¿y ahí... que te hacen?
- Pues básicamente me seccionan las mandíbulas, aunque todavía no se si me van a cortar carne o no para eso. Entonces me adelantan la mandíbula superior y me retrasan la inferior, para colocarlas en el sitio que debieran
- ...
- Después me unen los dientes con los alambres que me han puesto previamente y tengo que pasarme unos cuarenta días con la boca cerrada. Alimentándome a base de líquidos y purés. La ventaja es que así tendré que dejar de fumar a la fuerza. Y menos mal que no bebo, porque si pillara una borrachera no se como podría vomitar, jajjajaja
- ...
- Oye, te estás poniendo verde, ¿te encuentras bien?


Menos mal que me tomo las cosas con sentido del humor...

15 de junio de 2006

Marathon man


13-06-06

18:30 - Media hora más tarde de lo previsto inicio mi maratón médica. A pesar del retraso aún tengo tiempo para llegar al Nido, coger la bolsa de viaje, fumarme un último cigarrillo y borrar todo rastro de nicotina en mi cuerpo. Dedico un par de segundos a pensar en lo ridículo que resulta que un tio de 27 años le oculte a sus padres que fuma y después echo a correr hasta la estación.

22:30 - Llego a La Mancha y mi padre, visiblemente borracho, me da las llaves del coche para que conduzca yo de vuelta hasta el pueblo. Cuando media hora más tarde nos para la Guardia Civil para un control rutinario empiezo a creer en los ángeles de la guarda. De hecho incluso llevaba el carnet de conducir encima, a pesar de que me lo suelo dejar en Alicante...

Nada más llegar al pueblo nos dirigimos a la cena familiar con la que una de mis tías-abuelas celebra su santo (y que ha originado la borrachera de mi padre). Muerto de hambre, engullo mas que mastico un puñado de croquetas frias, langostinos calientes y mejillones de aspecto sospechoso. No obstante sobrevivo a la comilona y una vez en casa, antes de que me venza el sueño, tengo tiempo de oir como mi madre le echa la bronca a mi padre por sus excesos.

Bienvenido al hogar...

14-06-06

06:15 - Entre cabreada y alarmada mi madre me despierta. Se me olvidó poner el despertador y el autobús sale en 15 minutos. En realidad siempre es ella la primera que se levanta, por lo que éste retraso me pilla desprevenido. En tiempo record me visto y mi padre, en ese nebuloso estado entre la borrachera y la resaca, me lleva a la estación sin decir una palabra.

09:05 - Tras varios intentos en vano de dormir en el autobús de línea, ese ataud colectivo con ruedas y los asientos más incómodos del mundo, llego a Madrid con los músculos contraidos y la vejiga a punto de explotar. Cuando salgo del baño me dirijo hacia el metro que me llevará a Atocha y de ahí en Cercanías al Hospital. Siempre la misma ruta, ya casi podría hacerla con los ojos cerrados. Ni siquiera piso la calle; el mundo se podría estar yendo al carajo y no me enteraría.

09:55 - Se dice que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, pero desde luego nuestra imagen deja mucho que desear. Lo primero que uno ve al llegar al Hospital es a media docena de residentes y otros tantos visitantes fumando en la puerta, entre posters de advertencia sobre el tabaco y carteles reivindicativos de los sindicatos anunciando huelgas. Siempre hay huelga por algo. Me dirijo a las escaleras (no me fio de los ascensores) y en el hueco entre dos plantas me encuentro a un paciente de aspecto demacrado con una bata que le queda grande y un cigarrillo en la mano, el cual me dirije una mirada que parece decir: "Ya ves como estoy, ¿acaso me lo vas a reprochar?".

Al torcer una esquina me cruzo con una enfermera joven y guapa, de tez y cabello oscuros y la mirada de quién aún no ha sufrido lo suficiente, y sé que será la última alegría de la mañana. Si el aspecto exterior del edificio da grima, el interior aún más. De paredes blancas y desnudas hasta donde alcanza la vista, los pasillos se abren a unas salas de espera igual de frías con sillones de skay, revistas viejas y secretarias amargadas. A pesar de los incontables horas que he pasado allí, sigo sintiéndome tan incómodo como un reo esperando su ejecución.

11:10 - Ocho suplementos dominicales atrasados más tarde se acuerdan de que estoy allí y me mandan pasar, aunque dos minutos después me vuelven a mandar a la sala de espera durante el tiempo necesario para que el doctor almuerce y los instrumentos se esterilicen. Una punzada en el estómago me recuerda que estoy en ayunas y aún tardaré un buen rato en poder llevarme algo sólido a la boca. Si es que puedo...

12:45 - Al salir del Hospital tengo una revelación: la verdadera etimología de la palabra "paciente" no es el verbo "padecer", sino el término "paciencia". Paciencia necesaria para soportar las dos horas de espera, la media hora de tratamiento ortodental avanzado (aunque más bien pareciera mecánica corriente: todo consiste en quitar unos hierros, poner otros y ajustar el resto) y los quince minutos de gruñidos de las secretarias hartas de todo que me hacen dar vueltas por la planta hasta conseguir lo que necesito. Cuando por fin me dejan en paz tengo el cuello rígido por la tensión, las mandíbulas doloridas y la lengua pegajosa por culpa del dulzarrón sabor del cemento dental. Hasta se me han quitado las ganas de comer, así que vuelvo a tomar el Cercanías y me dirijo a Atocha de nuevo para comprar el billete del siguiente trayecto antes de que se haga tarde. Me doy cuenta de que me tiemblan las piernas...

13:30 - Al salir a la calle Madrid me ofrece su peor cara posible: obras, gente pidiendo algo cada dos pasos, prisas, empujones, un tráfico infernal y un aire pesado y espeso. Toda morriña posible se desvanece tras el primer paso de peatones (con su correspondiente intento de atropello). Entonces el estómago me recuerda, casi me grita, que llevo 14 horas en ayunas, por lo que me dirijo a toda prisa a por un poco de comida rápida que mis puteadas muelas puedan masticar. Un yogurín justo enfrente de mi en la cola (no más de 20 años, pelo rubio largo y lacio, cadenas generosas, piel tersa) me despierta otro tipo de apetitos, pero decido postergarlo para más tarde. En cuanto tengo el menú en la mano salgo corriendo para refugiarme del sol, la gente y los coches en la calle de Santa Isabel, uno de esos lugares que apenas aparecen en las guías y espero que se mantenga así por muchos años.

14:10 - Jamás una hamburguesa me supo tan a gloria, sentado en una escalinata a la sombra del convento de Santa Isabel, viendo pasar (aunque juro que no estaba previsto) a las adolescentes del colegio contiguo. Cuando por fin enciendo el primer cigarrillo del día mis músculos finalmente se relajan, el cuerpo se me hace pesado y me sumo en un agradable sopor.

El único que protesta es mi pulmón izquierdo. Que se joda.

14:30 - Decido que una buena comida se merece un buen postre y no en vano los sex-shops de la calle Atocha están justo al lado...

14:50 - Oh, sí, nena, quítatelo todo...

15:20 - Tras un segundo cigarrillo (el de "después") me meto en el tren dispuesto a recuperar algo de sueño perdido. Imposible. Tengo la mala suerte de caer justo en medio del vagón, con un asiento enfrente del que me separa una estúpida e incómoda mesa semiplegable. Al menos la película de turno consigue distraerme la mitad del viaje. "El pasillo de la muerte", de Stephen King, hace el resto.

18:50 - Al llegar a Valencia busco los horarios de trenes para el día siguiente y descubro con horror que mi única opción es el Euromed, más rápido pero también mucho más caro que el resto. Los que se quejan de la SGAE es que no conocen a RENFE. Para quitarme el mal sabor de boca decido hacer una visita a las nuevas instalaciones de la librería Futurama y así hacer tiempo hasta reunirme con mi amiga.

20:00 - Me encuentro con ella y nos dirigimos a su casa. Tras presentarme a su marido (al que apenas conocía) el resto de la tarde pasa agradablemente: una horchata, cena en su casa y después una película, con su gata dormida en mi regazo. Pasada la medianoche caigo rendido en el sofá. Por esta vez el cansancio le gana el pulso al insomnio.

15-06-06

08:00 - A pesar de que los cónyuges se fueron un par de horas antes aún pude arrancar unos cuantos minutos más al sueño antes de levantarme y dirigirme a toda prisa en metro a la puerta de la clínica. Es temprano, así que me da tiempo a tomarme un café y desperezarme antes de entrar. El cielo está encapotado (¿quién lo desencapotará?) y amenaza lluvia. Tras el cigarrillo de rigor noto una punzada en la espalda y me doy cuenta de que a pesar de las horas de reposo apenas me tengo en pie. Me siento como si Doomsday me hubiera dado una paliza. Aunque no tengo mucho tiempo para pensar en ello. Unos minutos después ya estoy en la consulta, donde el cirujano ocular me da su aprobación. Estoy físicamente destrozado, pero veo de puta madre.

09:45 - Salgo de la clínica y me doy cuenta de que el próximo tren sale en 15 minutos. Me conviene cogerlo, si quiero llegar a tiempo a la oficina. Me rio de mi propio dolor y salgo corriendo hacia la estación.

10:05 - (jadeo) (jadeo) Lo conseguí... arf... he llegado a tiempo... cof, cof... Noto como si tuviera... (jadeo) ...ácido en los pulmones... pero lo conseguí, cof.... Joder... me pregunto como lo hará Mercurio...

11:45 - Por fin en Alicante. Parece como si RENFE quisiera reirse de mí, porque había vuelto a caer en medio del vagón, justo delante de la puta mesita semiplegable. Ésta tenía lámpara, para que se notara que hay nivel. Gracias a la novela (aún sin terminar) el viaje pasa rápido. Cuando vuelvo a pisar las calles de la millor terreta del mon me doy cuenta de que están instalando a toda prisa los arcos para la fiesta de Hogueras. Siento más miedo que alegría. Y también una punzada en las cervicales, que me recuerdan todas las incomodidades por las que les he hecho pasar en estos dos días. Pero el tiempo apremia, así que recorro en tiempo record la distancia que me separa de casa. Necesito una ducha. Pero ya.

13:25 - Después de comprobar el correo, ducharme y comerme un plato de macarrones de dos pisos empiezo a sentirme mejor. Jodido, sí, pero mejor. Con el postre aún en la boca salgo corriendo a la parada de autobús para llegar a tiempo al trabajo. Esta carrera parece no terminar nunca. Y pensar que la gente me acusa de no hacer nunca deporte...

14:10 - Llego a la oficina, ficho, resuelvo los asuntos más urgentes y decido empezar esta crónica desde el ordenador de recepción. Hoy es un día de poco trabajo. Y, de todas formas, tampoco pienso hacer mucho.

Hoy lo que tendrían que hacer es ponerme es una medalla de oro, coño...

13 de junio de 2006

En marcha

Vamos a ver si lo llevo todo:

  • Billete de tren... sí
  • Cartilla del hospital... también, que luego me echan la bronca si me olvido
  • Ropa limpia... la justa
  • Cargador del móvil... por supuesto
  • Cara de mala ostia... ensayada
  • Billetes pequeños para trapicheos... escondidos en el calcetín
  • Monedas sueltas para las cabinas... por descontado
  • Pañuelos de papel... faltaría más
  • Inhalador para el asma... en su sitio
  • Calmantes para después del hospital... prescritos
  • GPS... deja, ya me conozco el camino
  • Lectura para el viaje... El pasillo de la muerte, de Stephen King
  • Tabaco... tendré que comprar más cuando llegue
  • Chaleco antibalas... no, pero me vendría bien uno
  • Zapatillas cómodas... calzadas
  • Excusas para ignorar a las ONG, peticiones de firmas, o timos varios... aprendidas
  • Escusas para no ir a visitar a mis familiares... inventadas
  • Condones... nah, para qué

Creo que ya está todo. Así que...



¡Vámonos a Madrid!

12 de junio de 2006

No molo

Como él, mismamente


Yo creo en el equilibrio del karma. En que a toda acción le sigue una reacción opuesta. En que no puede haber bueno sin malo. Es por eso que, aun a riesgo de sonar como Leonard Nimoy (chiste friki sólo para iniciados), no podía lanzarme flores de manera tan descarada sin contar después todo lo que no aparece en la lista. Las razones por las que estoy soltero y sin posibilidad de echar el polvete semanal. Para eso voy a volver a encerrar en su jaula a mi lado positivo y a dejar que mi yo autodestructivo tome el control (vamos, como siempre).

Estas son las razones por las que no molo:

  • No me gusto
  • Fumo como un carretero (y no sólo tabaco. Si tengo hachís a mano pillo unos ciegos de espanto)
  • Con la excusa de la ansiedad me he vuelto un vago de cojones
  • No se contar chistes (y cuando lo hago no tienen gracia)
  • Me importa una mierda mi aspecto y es por eso que mi fondo de armario es un monotema de vaqueros, camisetas y sudaderas
  • De cada diez palabras que suelto, al menos una es un taco
  • Mis aficiones son aburridas. Qué coño, mi vida es aburrida
  • Soy absolutamente incapaz de recordar fechas, importantes o no (tan solo recuerdo el cumpleaños de mi hermana y porque es cinco días antes que el mio)
  • Podría alimentarme un mes entero a base de pasta y no cansarme
  • Soy muy patoso
  • Tengo muy poco aguante en la cama y al ser tan inexperto mi repertorio de posturas se reduce a dos (yo arriba o yo abajo)
  • Soy un agarrado
  • Descuido continuamente a mis amistades y conocidos (que al final terminan por llamarme por teléfono para saber si estoy vivo)
  • Soy bastante hipocondríaco
  • No sólo me gusta la pornografía, sino que la consumo a diario y además aprovecho mis escapadas a Madrid para pajearme en los peep-shows
  • Soy un cobarde que rehuye cualquier tipo de discusión o enfrentamiento (incluso en aquellos casos en los que tengo razón)
  • Precisamente para evitar discusiones (o para escaquearme de algún trabajo, o para no quedar en evidencia) suelo mentir por los codos
  • Soy un solitario y recelo de los desconocidos (y así no me comeré una rosca en la vida)
  • Estoy fofo y empiezo a tener un culo enorme por pasarme tantas horas delante del ordenador
  • Por culpa de la operación que tengo pendiente aún habré de llevar ortodoncia durante algunos años (y las ortodoncias no molan)
  • A mis 27 años sigo utilizando palabras de quinceañero como "molar" o "flipar"
  • Soy un salido. Si de mí dependiera me hubiera acostado con más de la mitad de mis conocidas
  • Tengo un historial psiquiatrico (nada grave, pero, ¿a que acojona?)
  • Me aburro rápidamente de todo
  • No se lo que quiero hacer con mi vida (ni creo que lo sepa nunca)
  • Aunque nunca lo admita, me dan miedo las mujeres
  • Cuando alguien me pide que haga algo (y no es una cuestión de trabajo), tengo la mala costumbre de dejarlo aparcado hasta que se me olvida
  • Me pongo nervioso con extremada facilidad (y cuando estoy muy nervioso me comporto como un capullo)
  • Suelo encariñarme de todo tipo de objetos inútiles y guardarlos hasta que ya no caben en ninguna parte
  • Me dan miedo las películas de miedo y por eso nunca las veo
  • Aunque de cara a la galería soy educado y correcto, en presencia de mis amigos digo las mismas obscenidades y barbaridades que ellos (o las escribo en el blog)
  • Tengo una mente extremadamente retorcida
  • Apenas se me ocurren ideas originales (por lo que es harto improbable ya no sólo que escriba un libro, sino tan siquiera un relato corto decente)
  • Odio los crios y las mascotas más grandes que un caniche
  • Tengo serios problemas de autocontrol y disciplina (suerte que no hice la mili)
  • Cuando estoy de bajón (lo que suele ser bastante a menudo) no me aguanto ni yo mismo
  • Me echaron a patadas del trabajo en el hotel por ser un blando
  • Cada vez soy más friki (y no en el sentido bueno de la palabra, sino en el más peyorativo posible)
  • ¿He dicho ya que no me gusto a mí mismo?

Razones por las cuales no sólo se justifica que esté solo, sino que además deberían meterme en un frasco con formol para diseccionarme y estudiarme...

11 de junio de 2006

Molo

Homenaje descarado a La mierda ocurre
(Javi, tu sí que sabes hacer buenas tiras...)



Juguemos a los Elseworlds. A los What if?... A esos mundos alternativos en los que todo ocurre al revés y de los que echan mano los guionistas cuando empiezan a quedarse sin ideas (que si estamos hablando de cómics, suele ser a menudo...). Por una vez, sólo por una vez, démosle la vuelta al caracter agrio, autocomplaciente y poco práctico de mis pajas mentales. Vamos a dejar de lado las quejas, los lamentos y las excusas. Para eso sacaré de su jaula a mi lado optimista y dejaré que él hable por mi.

Así que, y sin que sirva de precedente, veamos las razones por las que molo:

  • Soy buen tio
  • No me gusta el fútbol
  • Soy moderadamente culto, leo y (casi) tengo un título universitario
  • Mido 1,80 (lo cual suele ser una ventaja)
  • Me gusta el orden y la limpieza
  • Se cocinar (vale, muy pocos platos, pero algo se hacer)
  • Soy bastante manitas y me ocupo yo mismo de arreglar la mayoría de los desperfectos de la casa
  • Hablo cuatro idiomas (incluyendo el catalán, que para eso no es lengua materna)
  • No bebo
  • Soy muy complaciente en la cama (aunque tengo poca experiencia, lo que, si lo miramos bien, puede ser más un aliciente que una carga, porque estoy abierto a probar casi cualquier cosa y todo me parecerá morboso)
  • Se lo que es un pespunte
  • Lloro en las películas (para quien le guste eso, claro)
  • Entiendo bastante de ordenadores
  • Barro, frego los cacharros, quito el polvo, pongo la lavadora y plancho yo mismo
  • No hablo demasiado y, de vez en cuando, se me ocurren cosas graciosas
  • Cierta bloguera dice que estoy follable (y lo que ella dice va a misa)
  • Me gusta descubrir películas, libros y música que se salgan de lo habitual
  • Tengo trabajo (aunque me paguen poco y el contrato se acabe en agosto, pero, oye, menos da una piedra)
  • No me da vergüenza ir al supermercado a comprar tampones o compresas
  • Bailo más o menos bien (bueno, no soy Nacho Duato, pero sé seguir el ritmo)
  • Soy muy cariñoso
  • Tengo los ojos bonitos (o eso me dice siempre mi madre)
  • No se me da mal esto de escribir
  • Dicen que soy inteligente (aunque me gustaría saber en base a qué o comparado con quién)
  • Soy un conductor prudente
  • Estoy acostumbrado a ir de acompañante en un día de compras y casi sin quejarme
  • No tengo enemigos (hay algunos a los que les caigo mal, pero nunca ha ido a mayores)
  • Aunque descuide mi propia vestimenta, mi hermana sigue confiando en mi criterio para la moda y no se corta a la hora de preguntarme si su conjunto le queda bien o no
  • Procuro ser original con los regalos
  • Se escuchar
  • No voy de machote por la vida

Razones estas, y algunas más de las que seguro que me olvido, por las que considero que es terriblemente injusto que siga soltero o que, al menos, se me prive del polvete semanal.

He dicho...