7 de mayo de 2006

Irreal



Estos días vuelvo a sentirme extraño. Puede que sea por culpa del tiempo, que cambia cada 10 minutos; puede que se deba a los analgésicos que tomo a diario para ¿curar? mi pequeña lesión; quizás tenga parte de culpa la maratón de capítulos de Twin Peaks y Smallville; puede, incluso, que la abstinencia de tabaco y sexo me hayan afectado más de lo que creía; o quizás sea por todo a la vez. En cualquier caso últimamente siento que soy un extraño en mi propia vida, como si acabara de despertar en un cuerpo que no es el mío. Miro lo que tengo y lo que soy, pero no lo reconozco. No entiendo qué hago aquí ni por qué. Como el tío ese de la serie Los 4400; se que soy yo, pero no soy yo.

También estoy mucho más salido que de costumbre, que ya es decir. De hecho, aparte de matarme a pajas llevo varios días con una extraña obsesión por la práctica del sexo oral (usease, comerme un coño). Pero supongo que eso significa que mi ansiedad vuelve a estar por las nubes, lo que también explicaría el nerviosismo, el exceso de sueño y por qué alterno la gula con la pérdida de apetito con tanta facilidad.

Al menos esta situación tiene algo bueno, y es que es el único momento en que me atrevo a cuestionarme a mí mismo. Como si una parte de mi cerebro se desvinculara de todo lo demás y pudiera echar un vistazo alrededor de forma fría y objetiva. Es cuando dejo de lado todo y me pregunto por qué hago lo que hago. Por qué siempre cocino los mismos platos. Por qué voy a ese pub cada fin de semana. Por qué vivo en este piso. Por qué no tengo nada parecido a un grupo de amigos en Alicante. Por qué a pesar de que odio no tener dinero no consigo decidir a qué me quiero dedicar para empezar a buscar trabajo en ese campo. Por qué a veces me encuentro en la habitación a las 2 de la mañana con tantas ganas de follar que me subo a las paredes pero sin embargo soy absolutamente incapaz de hacer algo por solucionarlo, aunque sea pagar por ello. Por qué me he abandonado tanto físicamente, si en realidad me gustaría pesar unos cuantos kilos menos y tener los músculos más marcados. Por qué estoy tan jodidamente reprimido que soy incapaz de abandonar mis rutinas, de hacer algo que se salga de la norma, de transgredir las reglas, de tirar mi vida por el retrete solo por el mero placer de hacerlo. Por qué paso tanto tiempo delante del ordenador si en realidad ya apenas tiene algo que ofrecerme que no haya visto o vivido anterioremente. Por qué escribo los mensajes que escribo y como los escribo si a los 5 minutos de hacerlo ya me estoy arrepintiendo.

Cada vez que me ocurre esto consigo arrancarme algunas promesas y mover unos cuantos hilos para tratar de cambiar un poco las cosas. Mirar más ofertas de trabajo, buscar actividades de ocio, revisar mi ropa, aprender una receta nueva, cambiar algún mueble de sitio. Pero sé que todo se quedará en una anécdota. Que tarde o temprano las aguas volverán a su cauce y yo volveré a ser yo, el yo de antes, el yo de siempre. El yo del que no puedo escapar...

6 de mayo de 2006

Los cuatro valientes



En vista de que no hay más voluntarios, y saltándome una de las normas que había establecido (que cada bloguero escribiría solo un capítulo), estos son los cuatro valientes que terminarán el relato (por orden de publicación):


La cuenta atrás comienza este domingo. Por si alguien tiene alguna duda sobre las reglas, sigue habiendo un enlace en la página del relato o puede escribirme a mi cuenta de correo. Eso sí, esta vez no habrá más incorporaciones a la lista por el camino; con estos cuatro capítulos remataremos el relato.

Gracias por vuestra participación. Espero que esto vuelva a despertar el interés de la gente y en verano tengamos una tercera edición del Relato Encadenado. Y no olvideis la regla nº 1: LIBERTAD CREATIVA TOTAL

3 de mayo de 2006

El Relato Encadenado needs you!

Reciclando la imagen, ya que estamos...


Soy un impresentable, lo se. Soy de esa clase de personas que se dejan a medias la mayoría de sus iniciativas y luego nunca los retoman, o los acaban mucho tiempo después. Y si a un impresentable le das las riendas de un proyecto colectivo en el que hay que estar muy pendiente de los plazos de publicación y entrega, entonces tenemos un pequeño desastre.

Pero esta vez no me pienso rendir.

Hace ya mucho, pero que mucho tiempo comenzó la segunda edición del Relato Encadenado, que tanto gustó por primera vez hace ya casi un año. Pero cometí un error, un error muy grave. La primera edición del relato se hizo en verano, una época donde quien más quien menos tiene tiempo libre para dedicarse a escribir o, en mi caso, para coordinar lo que se escribía. Y al intentar repetir el proyecto en invierno me encontré con que no se cumplían los plazos y tenía que estar detrás de todo el mundo para advertirles que había llegado su turno o que se les acababa el tiempo. Así poco a poco el ritmo de publicación fue descendiendo hasta que se interrumpió definitivamente. Y tras mi "crisis en los blogs infinitos" dejé de preocuparme por el tema.

El verano se acerca y me gustaría abrir una tercera edición del relato. Pero no sin antes acabar lo que hemos empezado.

Necesito vuestra ayuda. La segunda edición del relato se interrumpió justo cuando se estaba poniendo emocionante y quiero darle un final digno. O indigno, pero al menos que tenga un final. En estos momentos tenemos un material más que jugoso: nazis, vampiros, esferas mágicas, un argentino destinado a salvar el mundo (o puede que no) y algunos fallos de continuidad garrafales de los que un guionista de cómics podría inventarse una saga entera. Ya solo nos faltan algunos zombis y puede que unos cuantos ninjas para escribir el guión de una película de esas que tanto gustan al maestro Absence.

Puesto que yo ya escribí mi parte (patética, todo hay que decirlo; ahí se demostró que soy un escritor pésimo), necesito a 5 voluntarios para que le den un final al relato. Ni uno más ni uno menos, ya que me gustaría que el relato se acabase antes de junio y así (si hay auténtico interés en el tema) poder preparar la tercera edición para las vacaciones. Si hay más voluntarios que plazas simplemente lo sortearé, aunque debo advertir que tienen preferencia aquellos que se quedaron descolgados de la lista original.

Recuerdo brevemente las normas más importantes:

  1. Habrá libertad creativa total a la hora de escrbir
  2. Cada capítulo se publicará en el blog del autor, dejando al final un enlace al siguiente blog de la lista
  3. Cada autor deberá continuar el relato en mayor o menor medida donde lo dejó el capítulo anterior (aunque una vez que lo haga puede hacer con la historia lo que quiera)
  4. Para publicar existe un plazo mínimo de un día y un máximo de 4
  5. Esto solo es un juego. Si no puedes cumplir con tu parte, por el motivo que sea, avisa y buscamos un sustituto
Este fin de semana publicaré la lista de los 5 responsables de dar un final digno (o no) al segundo relato, de forma que la semana que viene el proyecto haya comenzado a rodar de nuevo. A mí, al menos, como padre de la criatura, me gustaría que llegara a buen puerto.

Espero vuestra colaboración. Muchas gracias.

2 de mayo de 2006

Placer de papel

Hoy me he dado cuenta de que disfruto como un niño cuando llega el pedido de material de oficina. Como becario soy el encargado de comprobar que hemos recibido todo, de repartir lo que se necesita en ese momento y de almacenar y hacer recuento de lo restante. Adoro hacer montañas con los tacos de post-it, oler el papel fresco y clasificar los bolígrafos y rotuladores por colores.




Creo que sería feliz si abriera una papelería...

De vuelta


Se que esto va a sonar muy mal, pero lo cierto es que cada vez me gusta menos ir al pueblo a visitar a mis padres. Tengo mis motivos, aunque creo que la explicación va a sonar aún peor.

En mi pueblo (como supongo que en tantos otros lugares de este país y el resto del mundo) sólo hay dos formas de abandonar definitivamente la casa de tus padres: para irte a vivir con tu pareja o cónyuge, o para mudarte a un país extranjero. Irte a vivir por tu cuenta dentro del municipio está más que descartado, ya tengas 18 años o 42. Y mudarte a otra ciudad por motivo de trabajo o estudios ni siquiera se considera emanciparse, ya que el vínculo que nos une (o más bien nos ata) a nuestra localidad es igual de fuerte por muchos kilómetros que pongas de por medio. Este último es mi caso.

No pretendo ser hipócrita y por eso vamos a dejar esto claro: yo no estoy emancipado. Mis frecuentes cambios de trabajo (normalmente en contra de mi voluntad) y mis aún más frecuentes épocas de paro no me han permitido todavía vivir de mis propios ingresos, razón por la que dependo económicamente de mis padres. Unas veces menos, otras totalmente, el caso es que sin este apoyo (y la herencia que tan oportunamente recibimos hace un par de años) hace mucho que tendría que haber vuelto a casa con las orejas gachas para intentar iniciar allí la misma vida tópica y aburrida (y en muchos casos desgraciada) que el resto de mis paisanos. Es por ello que lo que me vincula a mis parentela hace mucho que trascendió el mero ámbito familiar para convertirse en una cuestión de mecenazgo o de asociación empresarial. Y como los resultados no están siendo los esperados lo menos que puedo hacer es visitarlos con la mayor frecuencia posible.

El problema es que a pesar de haber pasado ya 9 años desde que abandoné el nido familiar para instalarme en Alicante (con el paréntesis de mi estancia en Madrid), siento que absolutamente nada ha cambiado. En realidad, si lo pienso bien, todo sigue igual que entonces. Sigo viviendo en un piso compartido; sigo sin haber terminado la carrera (aunque insisto en que eso es meramente circunstancial); sigo sin ganar lo suficiente para ser independiente; y sigo aprovechando las fiestas y algunos fines de semana para poner algo de ropa en la mochila, coger el tren, pasar un par de días en casa (en los que aprovecho para ver a los mismos familiares y amigos) y volver cargado de tuppers con comida casera. Exactamente igual que cuando tenía 18 años. Pero ya no tengo 18 y esta rutina empieza a cansarme.

Puede que alguien piense que la solución sería mover el culo y buscarme un trabajo que me permita ganar lo suficiente para no sentirme tan dependiente de mis padres. Eso es porque no conoce a las madres manchegas. Da igual que tenga 35 años, trabaje de banquero, conduzca un Porsche y viva en un ático de lujo; puede que eso contentara a mi padre (que lo único que quiere es que deje de suponerle un gasto extra al mes), pero mi madre me seguirá llamando casi todos los días, me seguirá preguntando en cada llamada que cuando iré a visitarla y una vez que esté allí seguirá insistiendo en meterme tuppers en la maleta porque piensa que no como bien. Y lo seguirá haciendo hasta que tenga pareja, puede que incluso hasta que me case. Eso si tengo suerte y le cae bien mi compañera, claro, porque de lo que se trata es de que nunca sea independiente. De lo que se trata es de que siempre esté atado a alguien, para que me cuiden, me mimen y me vigilen. Si no puede ser ella, que sea una sustituta, pero una mujer al fin y al cabo. A fin de cuentas yo soy un hombre y se supone que no puedo vivir solo.

Ya he dicho que sólo existen dos formas de romper los lazos que me atan al pueblo. Me pregunto si necesitarán traductores de inglés en Australia...

30 de abril de 2006

Secretos y mentiras



Una de las ventajas de ser un inadaptado, de estar al margen de todo, de ser un mero observador de la vida, es que los demás te acaban considerando imparcial. Y colocarse en esa posición te permite arbitrar en conflictos, dar consejos y, lo más importante, que la gente te cuente sus secretos.

Cuando ves y escuchas todo pero no dices ni haces nada te acabas enterando de muchas cosas, más de las que realmente quisieras. Es lo que ocurre si aceptas ser el paño de lágrimas de todos o si estás tan distanciado del problema que puedes aportar un punto de vista distinto, más neutral, más frio. En bastantes ocasiones esos hechos son tan solo anédoctas inocentes que no tienen ninguna importancia, más allá de la moral de cada uno. Pero de vez en cuando compartes un gran secreto, algo que llevas en tu conciencia como una carga que con el tiempo se hace más y más pesada. Hasta que llega un día en el que no puedes más y dejas tu imparcialidad de lado para actuar según tus principios.

Ese día ha llegado. Básicamente, acabo de destruir una relación. Bueno, eso no sería del todo preciso. Más bien podríamos decir que acabo de eliminar cualquier posibilidad de que una pareja rota pudiera reconciliarse. Y lo peor es que todavía no tengo claro si obré bien u obré mal.

La historia es bien sencilla, nada sobre lo que el cine y la literatura no hayan hablado un millón de veces. Un chico engaña a su novia (con la que hace muchos años que sale) con otra chica, a la que ve de forma esporádica en otra ciudad. Después de un tiempo llevando esta doble vida al chico le entran dudas y tras mucho pensarlo decide dejar a "la otra" para seguir con su pareja actual. Sin embargo posteriormente ésta descubre un mensaje de móvil de "la otra" (antes eran cartas atadas con un lazo en el armario), se huele el pastel y rompe con él.

Hasta ahí todo perfecto. El problema es que cuando a este chico le entraron dudas me lo contó todo a mí, el observador neutral, el amigo que siempre da consejos (de temas sobre los que generalmente no tiene ni puta idea), para que pudiera analizar la situación. El problema es que conozco a su novia, me cae bien y pienso que no se merecía llevar esos cuernos. El problema es que anteayer me la encontré en un bar y me contó que se sentía mal porque en realidad no tenía ninguna prueba de la infidelidad, que él por supuesto negó.

El problema es que ayer no me pude callar.

No tendría que haberlo hecho, no tendría que haberme metido en esto, no tendría que haber abierto la boca. Es un tema que tendrían que haber resuelto entre ellos y en el que yo no pinto nada. Pero no pude evitarlo. La ví allí, una chica guapa e inteligente con un nudo en el estómago porque pensaba que había sido demasiado dura al cortar con un chico que en realidad estuvo follando con otra a sus espaldas, y no pude evitarlo. Dejé toda mi neutralidad a un lado y se lo dije a las claras: te han puesto los cuernos. El chico te quiere, cortó con la otra y te eligió a tí, pero te han puesto los cuernos.

Creo que se merecía saber la verdad.

Ella ha prometido cubrirme las espaldas por haberle contado lo que estaba pasando, pero al desprenderme de ese secreto tengo que cargar con otro. Tengo que ser capaz de volver a mirar a la cara a este chico y fingir que no le he traicionado. Es un cabrón, se lo merecía y si no hubiera tirado de la manta ella posiblemente nunca se hubiera enterado de la verdad (sepultada por una tonelada de mentiras), pero después de todo él la quiere. Y rompiendo mi promesa de silencio le he hecho sufrir. Les he hecho sufrir a los dos.

De repente he sido consciente del poder que tengo en mis manos. Y empiezo a preguntarme si mis hombros estarán preparados para tan pesada carga...

29 de abril de 2006

Desencuentro

La voz de mi subconsciente se me ha vuelto a aparecer en sueños.

Esta vez me ha dicho muy enfadada que debería avergonzarme de llamarme "friki" porque nunca he jugado a rol en mi vida, en ninguna de sus variantes. Y me ha ordenado que me compre un mazo de cartas de Magic: The Gathering (a ser posible las del coleccionable de Salvat, para ahorrarme pasta) y empiece a aprender a jugar cuanto antes.




Durante mi última relación no soñaba con estas cosas. ¡¡Joder, necesito otra novia ya!!

28 de abril de 2006

Fantasmas sobre ruedas

De entre todas las especies de gilipollas al volante que existen en este país (que son muchas), existe una que me irrita especialmente, a pesar de ser relativamente inofensiva.

Normalmente se trata de dos (o más) jóvenes, conduciendo a bastante velocidad por el casco urbano de la ciudad, con un coche que suele estar tuneado (aunque no es condición imprescindible) y que al llegar a la altura de algún viandante uno de ellos se asoma por la ventanilla y le lanza un grito o un improperio, para después alejarse riendo o celebrando de forma ostentosa su "broma".




Cada vez que me encuentro con alguno de estos ejemplares me pregunto como es posible que permitan ya no conducir un coche sino incluso subirse a ellos a gente con el coeficiente intelectual de un niño de 4 años...

Una duda sobre iPop


¿Esta mujer es así o se lo hace?

27 de abril de 2006

Confesionario (VIII) Basura



Cada vez que digo que no escribo nada más que tonterías parece un ejercicio de falsa modestia. Pero no sólo creo que es cierto sino que además me arrepiento de haber publicado más de la mitad de los mensajes del blog. A veces, tan solo un día después de que un texto nuevo aparezca en la página me pregunto a mí mismo en qué coño estaría pensando en ese momento para soltar semejante estupidez, a pesar de que en teoría el objetivo del blog es precisamente poner por escrito todo aquello que me pasa por la cabeza.

Últimamente fantaseo con la posibilidad de mandar todos esos mensajes que no me gustan a la basura y empezar de nuevo el blog con los únicos que creo que merecen la pena...