21 de agosto de 2009

De cómo conseguí que Movistar me dejara en paz

Diecisiete. Ni una ni dos, diecisiete. Esas son las veces que me ha llamado Movistar durante las vacaciones para que me cambiara de compañía. Que me lo he buscado, ojo. Si hubiera dejado las cosas claras desde un principio, esto no hubiera pasado. Pero no, quise ignorar las llamadas, como si no fueran conmigo, como si fuese posible que me dejaran en paz en un mercado tan saturado que a las compañías no les ha quedado más remedio que robarse los clientes.

Desde luego con quienes no quería pagarlo era con los operadores. A fin de cuentas de lunes a viernes yo también trabajo detrás de un teléfono y se cómo funcionan estos servicios. No tiene sentido cabrearse con un pobre infeliz mal formado y aún peor pagado que hará cualquier cosa que le digan sus jefes con tal de mantenerse en ese trabajo de mierda, probablemente lo único que han encontrado después de meses de enviar currículos a todas partes. Además, no sirve para nada. Ellos son solo son carne de cañón, pobres curritos sin voz ni voto que repiten como papagayos los que les enseñaron en las diapositivas del cursillo de formación. Los comerciales de verdad, los de traje, corbata, coche de empresa y que saben de lo que hablan se dedican a captar empresas y grandes clientes, no tienen tiempo para los pobres mortales como nosotros.

No, si hay que cagarse en alguien es en los directivos de las empresas. Porque ha llegado un punto en el que venderían a sus madres con tal de mantener los beneficios. Si ya hace tiempo que no solían respetar demasiado la privacidad, la ética e incluso la ley, ahora directamente se la pasan por el forro de los cojones. La situación económica es difícil, son demasiados a repartir (echando de menos el monopolio, ¿verdad?) y la gente ya no se deja engañar tanto como antes. Así que si no funcionan las sutilezas tendremos que recurrir al acoso y derribo, a llamar diecisiete veces al mismo número hasta que acepte que nuestro asalariado sin alma le recite de arriba abajo por centésima vez la parrafada que le dieron escrita nada más llegar en un folio con Times New Roman 10 y que ya casi se sabe de memoria de tanto repetirla.

Por lo tanto, consciente de que cortar la llamada cada vez que viera el '1485' en la pantalla del móvil no iba a servir para nada, hoy finalmente he decidido enfrentarme a la bestia. Con amabilidad, por supuesto, dejando que el ¿argentino? ¿uruguayo? ¿chileno? que había al otro lado de la línea hiciera su trabajo, tragándome todo el discurso y contestando pacientemente a sus preguntas, hasta que inevitablemente me interrogara sobre qué me parecía la oferta.

Y ahí es cuando he probado algo que poca gente hace y que ha resultado mil veces más efectivo que todos los gritos, todas las amenazas, todos los insultos y todas las listas Robinson del mundo: pedir algo razonable. Porque ya estoy harto de que las telecos nos traten como a gilipollas con sus sms gratis, sus terminales de alta gama, sus tarifas planas falsas y sus campañas publicitarias de colorines. Hoy me he plantado y he expuesto con claridad lo que realmente quiero: un contrato sin permanencia y sin consumo mínimo. Tan simple y tan aparentemente complicado que es que solo me cobren por lo poco que gasto, ni más ni menos; que a mí no me interesa que me regalen móviles con cámara ni minutos los fines de semana; que yo no tengo amigos, y solo utilizo el móvil para mirar la hora y llamar de vez en cuando a las mismas tres personas; que estoy harto de tener que pagar 10,44€ al mes que ni siquiera consumo tan solo por el ¿privilegio? de no tener que recargar el saldo constantemente; y que si me podían ofrecer esto, y solo entonces, podrían llamarme de nuevo para negociar el traspaso.

Mientras decía esto mi contertulio se fue quedando cada vez más callado, probablemente mientras consultaba de forma frenética las hojas de respuestas que le dieron junto al discurso de venta. Al parecer, ya que no me supo contestar, no estaba previsto que un cliente no quisiera que le trataran como a un niño de teta que babeara cuando le enseñaran un Nokia 3G ni que le robaran cada mes a base de cuotas injustas y comisiones inventadas sobre la marcha. Lo razonable no se vende si no consigue beneficios millonarios para la empresa.

Con la misma amabilidad y educación con la que le contesté, me despedí de mi operador mientras con voz temblorosa me aseguraba que lo estudiarían y que, si acaso, ya me llamarían más tarde. Probablemente no vuelva a saber de ellos nunca más. Y si no es así más les vale que se den prisa, porque ya se ha acabado mi permanencia en Vodafone y estoy mirando con bastante interés la condiciones de las Operadoras de Móvil Virtuales...

7 de agosto de 2009

143

Después de cierto incidente con una página web porno de la que no se supo el responsable y que tuvo a los informáticos desinfectando el sistema durante un mes, la empresa decidió instalarnos a todos un antivirus más potente (ergo, que consume más recursos de sistema) y que de forma automática hiciera un registro de todos los ordenador un día concreto de la semana.

Resulta fascinante escuchar a 100 personas a la vez cagarse en los muertos de los programadores todos los jueves a las 12 en punto...

21 de julio de 2009

142

Cuando llegué de vacaciones, lo primero que me llamó la atención fue que todo un departamento de mi empresa había sido trasladado a otra parte del edificio, a unos despachos mejores y más nuevos. Ahora da bastante mal rollo atravesar la planta donde estaban, que se ha quedado casi desierta, como si hubiera habido un holocausto nuclear, un ataque zombi o la empresa hubiera quebrado.

Lo que todavía no he decidido es qué me preocupa más: que mientras a otros los premia con un lugar mejor de trabajo la empresa nos explote a mi y a mis compañeros de departamento en nuestros cubículos grises y claustrofóbicos; que la política de traslados sea el preludio de futuros recortes de presupuesto y personal; o que mientras camino por los pasillos vacíos no dejo de mirar al suelo en busca de una escopeta flotante por si se me aparece un demonio de otra dimensión...

17 de julio de 2009

Posguerra




He de decir que la idea no era del todo mala. Se trataba a fin de cuentas de arrojar una pizca de optimismo sobre una población cada vez más jodida y, ya que estamos, glosar las virtudes de sus productos de forma sutil. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, cada vez que se pasa el anuncio por televisión siento como me recorre un escalofrío por la espalda. Porque, a pesar de toda su buena intención, el resultado es de lo más aterrador; lo que tendría que ser una loa a la convivencia y la solidaridad familiar se convierte en la práctica en un depresivo panorama de parados retornando a vivir con sus padres, estrecheces, presupuestos reducidos y muebles baratos y de poca calidad. Y, por mucha cancioncilla estúpida que improvisen para tratar de animarse, uno no puede evitar imaginar en sus sonrisas forzadas la mal disimulada frustración que la situación les provoca, tanto a unos como a otros, ante un futuro que, si ya se pintaba negro de por sí, tanto más teniendo que convertirse en parásito o parasitado por tiempo indefinido.

Al menos podremos presumir de algo: vamos a vivir toda una posguerra sin haber tenido que disparar ni un solo tiro...

8 de julio de 2009

Inadaptiras, vol 3,10: Fuego

(Pinchar para agrandar)

Sí, sigo perdido en cavilaciones existenciales sin sentido que se pueden resumir en la frase: "estoy hasta los cojones de mi trabajo pero tal y como están las cosas no me atrevo a dejarlo". Así que solo actualizaré cuando el hastío y las ganas de dinamitar mi oficina dejen algún resquicio de inspiración. Asco de crisis...

3 de junio de 2009

141

Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a romper una lanza en favor de los políticos, en vista de las críticas que están surgiendo acerca de sus sueldos y regalos. Si a mi ya me supone un enorme esfuerzo tener que ser la cara visible de mi empresa y aguantar a diario las quejas de unos pocos clientes importantes sobre asuntos que, en su mayoría, no son tan urgentes como dicen, ¿cuánta entereza no habrán de tener nuestros gobernantes, que se enfrentan constantemente a decisiones que pueden afectar a millones de personas, al tiempo que soportan los envites de la oposición y los ciudadanos descontentos? ¿Acaso no se merece eso ser bien recompensado?

Aunque también es posible que los políticos no tengan el más mínimo sentido de la vergüenza y a mi me estén pagando demasiado poco por lo que hago...

2 de junio de 2009

It's hot in here; must be Summer



Admitámoslo: es imposible de predecir si una serie de televisión fracasará o será un éxito. Por mucho que se intente, nunca se sabe a ciencia cierta si una nueva obra tendrá esa "magia" que conseguirá dejar clavados a los telespectadores puntualmente todas las semanas, haciendo ganar éxito y dinero a sus creadores y permitiendo su continuidad, o si por el contrario se estrellará nada más empezar. Da igual la calidad de los decorados, los guiones, la dirección o los efectos especiales, siempre habrá series de factura impecable que no lleguen a terminar la primera temporada y otras de pura serie B que alcancen la décima. No obstante sí que hay factores que influyen y mucho en la continuidad de una producción, como el horario en el que se emite, la competencia de series similares, los gustos predominantes de la audiencia en ese periodo y, sobre todo, el carisma de los personajes.

Aunque otras veces esto es mucho más simple. Porque yo (bueno, y también Randall Munroe) me tragaré cualquier cosa en la que salga Summer Glau.


Summer Lyn Glau, nacida hace 28 añitos en San Antonio, Texas, aunque con sangre irlandesa, escocesa y alemana. Iba para bailarina y durante bastante tiempo estuvo preparándose para ello, pero una afortunada (para nosotros) lesión la apartó de los escenarios y le impulsó a buscarse la vida como actriz. Después de varios anuncios actuó en un episodio de la serie "Angel" donde Josh Whedon se fijó en ella y le dio el papel de River Tam en la nunca suficientemente reivindicada "Firefly".



Su carrera hasta el momento no es que haya sido especialmente prolífica, siendo sus papeles más largos (además del ya mencionado de hermana psicótica y con poderes de "Firefly") los que hizo en "The Unit" (como novia de uno de los personajes), en "Los 4400" (como novia psicótica y con poderes de uno de los personajes; la verdad es que un poco encasillada sí que ha estado) y hasta hace bien poco en "Las crónicas de Sarah Connor".

Este último es sin duda uno de los papeles por el que más se la va a recordar. No es de extrañar, desde luego, ya que, mal que le pese (y no parece que esté muy incómoda con el papel) se ha convertido en uno de los mayores icónos erótico-frikis de los últimos tiempos. Lo cual, por cierto, llega a ser un tanto perturbador. Porque sentirse atraído por una belleza psicótica y con poderes psíquicos (léase, "Firefly" y "Los 4400") tiene un pase. Pero es que los productores de "Sarah Connor" ha conseguido que nos ponga palote una terminator con problemas existenciales en la forma de una veinteañera calentorra que en unos capítulos intenta seducir al chavalín que está intentando proteger y en otros se da hostias como panes con tíos que le sacan dos cabezas. Y eso, señores, sí que es magia.

Valga esta entrada, ya que estamos, como reivindicación para que "Las crónicas de Sarah Connor" continúen, aunque sea en otra cadena. Que hayan quitado esta serie para dejar "Dollhouse" no tiene perdón. Pero como esto no es más que una excusa barata para poner fotos de uno de mis fetiches, vamos a lo que vamos:







Esto es de propina:



1 de junio de 2009

140

Hoy hemos hecho un simulacro de emergencia en la oficina. Me he dado cuenta de que no solo hemos tardado casi 15 minutos en desalojar todo el edificio desde que empezó a sonar la alarma, sino que justo al final de la escalera por la que me tocaría evacuar es donde el personal de limpieza almacena las cajas de papel higiénico, productos químicos y otros materiales inflamables variados.

Ahora trabajo más tranquilo. Se que en caso de incendio tengo un 90% de posibilidades de morir asado como un pollo.