22 de julio de 2007

Madridleñismos (IV)

Cuando la camarera, con su afectada pose borde y el gesto cansado de quien ha aguantado a demasiados borrachos en su vida, me dijo el precio de mi consumición, estuve un largo rato paseando la mirada entre mi cartera, la pequeña lata de refresco que había en la barra y esa minúscula falda a juego con un top aún más pequeño y que apenas contenía los desmedidos pechos de su dueña.

Mientras tendía el billete, tuve que hacer un enorme esfuerzo para no preguntar si por ese precio no podría hacerme al menos un striptease...