11 de noviembre de 2009

149

Después de muchas discusiones, tanto conmigo mismo como con mi señora, he llegado a la conclusión de que en estos momentos soy incapaz de tomar una decisión sobre qué hacer con mi vida, por lo que lo más sensato es buscar una ayuda externa que me oriente y asesore antes de que me obsesione por completo por el tema.

La ironía del asunto es que, después de mucho pensar, he llegado a la conclusión de que soy incapaz de decidir cual es la ayuda externa que más me convendría.

9 de noviembre de 2009

148

Desde que tengo memoria todos los años ha habido declaraciones de preocupación por los difusos límites que existen entre una estación y otra, llegando al absurdo de afirmar que alguna de ellas en particular ha desaparecido.

Parece mentira que a estas alturas no nos hayamos dado cuenta de que la división entre primavera, verano, otoño e invierno es una imposición arbitraria de El Corte Inglés...

7 de noviembre de 2009

Todos a la basura

Que conste que yo no soy pefecto, tengo mis debilidades y me salto las normas de vez en cuando. Pero me repatea los cojones el absoluto desprecio que tienen muchos de mis vecinos por las calles ajenas y propias, degradando continuamente un espacio que a fin de cuentas es de todos y cuyo mantenimiento corre a cargo de nuestos bolsillos. Así que aquí van algunas propuestas para la reeducación de la ciudadanía en el respeto a los lugares públicos:
  • La pared vengativa (copiada descaradamente de "Agárralo como puedas") - Unas células sensibles a la tinta ubicadas a lo largo de las paredes detectarán cualquier intento de pintarrajearlas, disparando a su vez un chorro de pintura a la cara del "artista" para que la próxima vez que quiera ensuciar una casa se vaya a la suya.
  • La papelera tierra-tierra - Gracias a sus múltiples detectores de calor y movimiento, esta papelera puede analizar en cuestión de milisegundos si una persona ha tirado un objeto al suelo en sus cercanías a propósito, premiando al infractor con el lanzamiento de un dardo eléctrico que, además de paralizarle durante unos instantes, le enseñará que merece la pena dar tres pasos y arrojar los desperdicios en el lugar designado para ello.
  • La baldosa trampa - Para aquellos lugares en los que no sea viable poner papeleras, se dispondrán aleatoriamente en la acera unas baldosas sensibles a la presión, concretamente a las más bajas. En caso de que un papel, un envoltorio, un pañuelo o cualquier otro objeto liviano contacte con el suelo y no se recoja inmediatamente se dispararía el detonador de una pequeña carga de semtex, si bien no letal sí con la suficente potencia como que la cojera que le produzca le de tiempo a pensar durante varias semanas en su mala conducta. Por descontado, unos sensores podrán distinguir si lo que ha caído es una hoja (en cuyo caso se desactivará la detonación) o un chicle (lo que provocaría que a la carga se le añadiera algo de metralla para daños un poco más permanentes).
  • El repelente de orines y deposiciones - Ante la insistencia de mucha gente de considerar que cualquier rincón se puede utilizar como retrete, las calles estarán recubiertas en su totalidad por un campo magnético repulsor específicamente programado para dos cosas. La primera, los orines humanos, ante cuya presencia calculará su trayectoria y los devolverá al punto de origen; de esta forma, el infractor tendrá el placer de apreciar el hedor constante a dicha sustancia hasta que llegue a su casa y se duche. La segunda, las deposiciones caninas, concretamente aquellas que no se retiran en el plazo de diez segundos; el campo analizará el ADN de la muestra, buscará su origen y lanzará las heces al bípedo más cercano.
  • Las termitas mutantes - A pesar de los esfuerzos de los ayuntamientos (no siempre ingentes, todo hay que decirlo) por hacer una retirada controlada de muebles y enseres, sigue habiendo quien piensa que cualquier momento es adecuado para convertir la calle en un almacén. Para combatir eso, al pie de los árboles y farolas se ubicarán colonias de termitas modificadas para digerir la madera, el conglomerado, ciertos metales, los colchones y todo tipo de prendas. Activadas por la mezcla de sudor y las partículas del objeto del que se están tratando de deshacer, las termitas saldrán de nido para devorar en el acto tanto aquello que hayan depositado como toda ropa que lleven, llaves incluidas, para que sufran escarnio público hasta que puedan volver a entrar en sus casas. Como medida de seguridad, si la situación de desnudez pública se tornara en un placer más que en un castigo, las termitas estarían programadas para mordisquear la carne humana ante el aumento de las hormonas respectivas.
  • Los contenedores sorpresa - La estrella de la colección, el futuro de la gestión de residuos, la herramienta educativa definitiva. Los contenedores para el depósito de residuos, tanto orgánicos, envases, vidrio y papel, serán actualizados con la tecnología más puntera para el reconocimiento inmediato de la composición de los objetos que les sean depositados. Dicho sea de otro modo, podrán saber al instante si estamos introduciendo el residuo correcto en el lugar adecuado o no. Una pantalla situada bajo el orificio correspondiente nos informará del resultado del análisis y las medidas a tomar. Porque si lo hemos hecho correctamente o la falta cometida es insignificante (fruto de un descuido, que todos somos humanos), el contenedor se limitará a darnos las gracias y dejarnos marchar. Pero si obstinadamente nos dedicamos a mezclar la basura tendrán que aplicarse ciertas medidas punitivas de forma aleatoria entre una amplia gama: gases lacrimógenos, descargas eléctricas, pequeñas llamaradas, lanzamiento de pelotas de goma antidisturbios, rociado de una sustancia de cierta acidez, activación de cepos, etc. Además, para evitar convertir la zona en un basurero cuando los contenedores se llenan, ante la presencia de residuos en las inmediaciones se lanzarán unas pequeñas cápsulas con Napalm que conseguirán tanto mantener limpia la zona como recordar a la gente que en esos casos hay que llamar al ayuntamiento, concejo u organismo correspondiente y pedir que los vacíen, no ser un guarro y tirar las cosas en cualquier lado.
Próximamente en su esquina más cercana.

5 de noviembre de 2009

La jungla de papel (V)

Hace ya algún tiempo solicité a mi jefe que por favor me trasladara desde la asfixiante y claustrofóbica hilera de cubículos en el que me encontraba a una más amplia (y considerablemente más aislada) que acababan de instalar en la otra punta de la oficina. Naturalmente, que de tonto solo tengo un pelo o dos, pedí que me adjudicaran el puesto que estaba más cerca de la ventana y más lejos del resto de la humanidad. Como era de esperar, acabé asignado a la mesa más cerca del pasillo, la fuente de agua, los ascensores y en general una docena de puntos desde los que cualquiera podría saber lo que estoy haciendo en todo momento. El lugar deseado lo acabó ocupando una compañera más rubia y con más tetas.




La razón que se esgrimió en un primer momento para privarme de mi localización deseada fue un error administrativo (yo había pedido el traslado antes que nadie) que supuestamente se enmendaría en un futuro cercano. El motivo real, no obstante, es que mi jefe estaba convencido de que pasaba más tiempo en internet que trabajando y quería mantenerme a raya colocándome en un lugar en el que me sintiera observado todo el tiempo. Parte de razón tenía, para qué negarlo, pero la intimidación hubiera sido más efectiva si supiera de la existencia de los logs del servidor en vez de contentarse con pillarme con las manos en la masa de vez en cuando.

En vista de que se negaban a confesar los auténticos motivos del desplante (cuántas intrigas para un departamento tan pequeño de una empresa tan chapucera), decidí hacer presión durante un tiempo hasta que una supervisora me dijo, bastante seca, que no pensaban cambiar a nadie más de sitio. Así que decidí callarme para no liarla más (no quería acabar atendiendo llamadas en el sótano) esperando una oportunidad mejor.

Iluso de mí, hoy otra compañera (también rubia y también con más tetas que yo) ha conseguido doblegar las reticencias de la dirección y adjudicarse el puesto por sopresa y alevosía, echando a su primera ocupante y dejándome con un palmo de narices. En vista de lo cual, solo se me presentan dos alternativas. Descartando de antemano la primera, ya que tengo poco pelo que teñir y los sujetadores con relleno me sientan fatal, no me ha quedado más remedio que darle la razón a mi jefe: si me ha puesto aquí porque no se fía de mí lo suficiente como para darme una mejor, tras dos leales años de clientes insufribles y horas extras impagadas, entonces tendré que pensar que es verdad que soy un vago y empezar a tocarme los huevos todo el día...

4 de noviembre de 2009

Fantasías proletarias de una tarde aburrida

La amenaza de huelga de los clubes de futbol es tan absurda e irrisoria que resulta ideológicamente pornográfica. Lo que, al menos, me ha ayudado a fantasear lo suficiente como para sobrellevar la tarde.

Aburrido de la ineptitud de la empresa y de la prepotencia de mis clientes, mi mente ha empezado a divagar sobre la posibilidad de que esta advertencia pusiera en marcha una cadena de acontecimientos que cambiara España para siempre. Porque en mi imaginación el gobierno no se limitaba a derogar esta ley a todas luces injusta, sino que envalentonado por las pocas voces en contra (ya que aquí o nos ponen un autobús y nos dan un bocata y una gorra o no protestamos por nada), y presionado por la necesidad de sanear sus cuentas, decidía arremeter contra las SICAV, las primas de los empresarios y otros chanchullos financieros semejantes. Esto da lugar, tras semanas de debates infructuosos y de un intenso cruce de descalificaciones entre ambas partes, a la primera manifestación de ricos de la historia, en defensa de las fortunas que tanto (o tan poco) les ha costado amasar. La visión de esa reivindicación de la codicia actuaría como una catarsis colectiva que derribaría de un solo golpe la gran barrera de hipocresía y falsedad de la sociedad. Nadie tendría miedo a decir lo que piensa. Ninguna propuesta será demasiado ridícula. Sería el triunfo final del "todo vale" y el "tonto el último". Y sin los impedimentos de lo políticamente correcto de por medio, los intereses de los poderosos procederían a arrasar con el país.

¿Para qué seguir fingiendo, para qué seguir poniendo buena cara si todo el mundo conoce sus objetivos? Eso pensarían todas aquellas instituciones y empresas que por fin dejarían de lado las buenas maneras para tratar de esquilmar o esclavizar a la población como creyeran más conveniente. Las teleoperadoras volverían a las tarifas abusivas por conexiones lentas y limitadas. Las gestoras de derechos privarían de conexión a cualquiera que se atraviera a bajarse ninguna obra si pagar. Los libros, discos y películas volverían a ser exorbitantemente caros, renunciando a cualquier atisbo de cambio a lo digital. Los intermediarios encarecerían el doble los alimentos y los supermercados tirarían las marcas blancas a la basura. Los políticos solo contratarían a familiares y no quedaría un parque natural sin urbanizar. Los precios de los pisos volverían a subir hasta el infinito y los bancos, que volverían a manejar el cotarro, cobrarían hasta por entrar en las sucursales. La tasa por respirar por fin se aprobaría y andar en vez de comprarse un coche se gravaría con impuestos de lujo.

Después de eso, ante la falta de ataduras, toda entidad o movimiento querría imponer su visión. La iglesia católica abandonaría toda moderación e iniciaría una campaña sin cuartel para imponer un estado teocrático. Esto sería un acicate para el resto de religiones, que con intereses similares y menos recursos acabarían por radicalizarse y atacarse unas a otras con argumentos de infidelidad y paganismo. Ante la barra libre moral, nacerían como setas los partidos políticos más extremos, desde el fascismo más ridículo hasta el comunismo más trasnochado, que no tardarían en crear sus propias instituciones para solapar y sustituir a las existentes. Cada ciudad serían una nación. Cada barrio sería sagrado. Cada calle una trinchera.

Así, finalmente, en este país en el que, como decía aquel, "no hay dos personas que se tomen el café de la misma manera", la aversión por lo diferente se inflamaría en todos nosotros hasta estallar en una guerra absoluta, de norte a sur y de la playa a la montaña, en la que cada persona estaría enfrentada con todas las demás, intentando imponer su forma de hacer las cosas a base de nudillos y metralla. En ese momento de gloriosa violencia alcanzaríamos por fin el esquivo objetivo de la plena igualdad, ya que estaríamos unidos por el pleno odio a nuestros semejantes; sin importar a que oramos, con quien follamos, que equipo seguimos o que lengua hablamos en la intimidad; sin mirar nuestra posición social, nuestros ingresos o la marca de coche; no habría colores, razas o sexo, tan solo el único y común objetivo de exterminar a nuestros semejantes. Hasta que, exalando su último taco, este país ardiera hasta los cimientos.

Y de esta forma, quizás, cuando solo quedemos algunos en pie y nuestra península se haya convertido en un erial, extinta ya nuestra sed de sangre y nuestra codicia infinita, podamos mirarnos a los ojos, nos demos cuenta de que somos todos igual de gilipollas y podamos empezar a hacer las cosas bien desde el principio...

3 de noviembre de 2009

147

Existe la creencia más o menos generalizada de que la actual pandemia de gripe A es fruto de una conspiración de un par de empresas farmaceúticas que liberaron el virus por todo el mundo para después hacerse con la exclusiva de manufacturar y vender la vacuna a los gobiernos y hacerse de oro a costa del dinero público.

Nada más lejos de la verdad. Quienes en realidad han provocado todo esto han sido los fabricantes de cremas y ungüentos, que con la excusa de la fácil propagación del virus están convenciendo a toda la población de lavarse las manos con mucha frecuencia y embadurnarse a la mínima con gel de alcohol, lo que en poco tiempo provocará una epidemia de psoriasis que riete tu de la peste negra...

30 de octubre de 2009

Un día como cualquier otro

En el departamento de enfrente, decorado con globos negros y naranjas (estos últimos pintados con caras supuestamente terrorificas), comen tortilla y bocadillos para celebrar Halloween.

Una fila de mesas detrás de la mía varias mujeres discuten sobre diversos realities, programas de cotilleos y otros subproductos televisivos, cuyo amplio conocimiento de la materia contrasta con ese impostado tono de superioridad con el quieren dar a entender que en realidad no los ven.

Un tío, porque siempre hay algún tío, se dedica a reenviar a todo el mundo powerpoints con fotos curiosas, chistes, desnudos o videos pornográficos.

Tres chicas abren entusiasmadas las cajas de ropa que han comprado por catálogo y que se hacen traer a la oficina misma.

Dos compañeros flirtean enfrente de la fuente de agua. Ella lo hace por deporte, jamás le dará una oportunidad.

En el baño, el imbécil de turno deja la taza llena de salpicaduras, no tira de la cadena e incluso puede que se haya dado el gusto de pegar un moco en la pared.

Al correo me llega un cupón enviado por la empresa para comprar en una cadena de zapatos a mitad de precio. En realidad el cupón le llegó a otro empleado para usarlo de forma exclusiva, nunca se debería haber enviado a todo el mundo.

En alguna parte, alguien está robando en el almacén de una delegación.

Al otro lado del teléfono una persona reclama con fiereza que le entreguemos su envío amenazándonos con una demanda. Por supuesto no se ha leído las condiciones del contrato que firmó y de ir a juicio perdería estrepitosamente.

El navegador se cuelga. Hablo con IT y me cuentan que todos nuestros programas están creados para usar Internet Explorer 6 y que ni siquiera se contemplan otras opciones.

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Siento que cada minuto que paso aquí un millón de mis neuronas mueren entre estertores de agonía...

29 de octubre de 2009

146

Esta mañana al mirarme al espejo me he dado cuenta de que debería empezar a vestirme como la persona adulta que mi edad, mis canas y mis ojeras dan a entender.

Después he revisado el precio de la ropa de la sección de caballeros y he pensado que ser un adolescente a los 30 años no es tan malo después de todo...

28 de octubre de 2009

Encadenado

Durante estos días he estado meditando sobre mi situación actual y he llegado a dos conclusiones importantes. La primera, que ya no soporto más mi trabajo. La segunda, que no puedo dejarlo.

Es fácil decir ahora que no debería haber aceptado este empleo, pero lo cierto es que en aquel momento tenía prisas por dejar de parasitar a mis padres y acepté lo primero que me dieron. Por una mujer, abandoné a toda prisa mi pueblo y me instalé en una ciudad que detesto, en un barrio que detesto, en una casa que detesto, para que las doce horas al día que invierto en hacer algo que detesto me permitieran pasar un rato con ella. Joder, a veces mi vida parece una mala canción de Sabina.

El caso es que yo pensaba que esto iba a ser algo temporal, haciéndome partícipe de una de esas mentiras universales que nos contamos a nosotros mismos para seguir levantándonos por las mañanas (junto a "no estoy tan gordo" y "mañana dejo de fumar"). A fin de cuentas era la época de bonanza y en ese momento había opciones de sobra para elegir. Cinco entrevistas tenía pendientes cuando me reclutaron para trabajar en este agujero. Pero eso era entonces y esto es ahora. Porque la gran pregunta es, ¿quién tiene cojones para dejar un trabajo en estos momentos?

Tan solo plantearme la posibilidad hace que resuenen varias voces incómodas en mi cabeza. La de mi madre, que como toda madre quisiera verme de ministro cuanto menos, llamándome insensato por dejar de lado la seguridad económica de mi trabajo actual sin el colchón del paro, temiendo que tenga que recurrir de nuevo a ellos estando al borde de la jubilación. La de todos esos trabajadores que ahora se encuentran en la calle, sobreviviendo con lo justo, muchos de los cuales se cortarían un brazo por cobrar lo que yo ingreso al mes (aunque antes de que se pinchara la burbuja algunos de ellos ganaran el doble, todo hay que decirlo). La de mis jefes, que a fin de cuentas me dieron la oportunidad de entrar en la empresa a pesar de mi pobre currículum, y que, aunque no se puede decir que se preocupen de que esté motivado (y de hecho este verano nos han puteado a base de bien), al menos tuvieron la decencia de hacerme indefinido. La de mi señora, pidiéndome que aguante un poco más hasta que termine con lo suyo, que unos meses no son nada y después, o al menos ese es el plan, tendremos libertad para irnos a otra parte. La de mi propio sentido común, que me grita que con mis ahorros actuales apenas si podría aguantar hasta febrero, que sin tener claro qué quiero hacer con mi vida sería lo mismo que saltar sin paracaídas, y que con mi experiencia lo único que podría conseguir es un trabajo similar, en una oficina similar, en un ambiente similar y posiblemente con un sueldo peor.

Posiblemente me quejo de vicio. Trabajo bajo techo, sin tener que limpiar, sin tener que hacer esfuerzos físicos, sin tratar a la gente cara a cara y además ganando más de 1000€ al mes. Eso es mucho más de lo que había tenido hasta que llegué aquí. También puede que mis cavilaciones se deban al aburrimiento, a la rutina, a la vida de pareja ociosa, a que no tengo ninguna afición que me distraiga y llene los ratos muertos. Un urbanita treintañero más, hastiado y sin rumbo. Pero aún así, no lo soporto. No soporto las chapuzas, los clientes prepotentes y comerme uno tras otro los marrones ajenos. No soporto los días exactamente iguales, de casa al trabajo y del trabajo a casa, arañando tiempo del sueño y los viajes en metro para que no parezca que mi vida se reduzca a tres horas. No soporto la incertidumbre de quedarme atrapado en un puesto sin futuro, sin salidas, sin posibilidad de promoción, solo enviando los mismos informes y haciendo las mismas gestiones una y otra vez hasta que la empresa me prejubile o se vaya a la quiebra. No soporto las caras grises, el aire contaminado, las prisas, los empujones y la sensación de que todo está pasando en otra parte.

Pero aún así, no puedo dejarlo. Porque sería estúpido abandonar por un berrinche, sin ningún plan ni objetivo; porque no se qué hacer con mi vida y a estas alturas no se si lo sabré nunca; porque me aterra la idea de volver a no tener dinero después de haber conseguido salir adelante por mí mismo; porque sería injusto para los que no tienen trabajo y porque me arriesgo a convertirme en uno de ellos durante demasiado tiempo; porque el problema en realidad es más profundo y un cambio de aires puede que no sea suficiente; porque probablemente no tengo razón; porque aunque la tenga me faltan cojones.

Enhorabuena, cabrones, habéis conseguido convertirme en un esclavo.

25 de octubre de 2009

Arrancando el blog de nuevo (o no): 5 cosas para las que debería ser obligatorio un examen psicológico

  1. Conducir - Mucho deberían aprender los publicistas actuales del genio del marketing que convenció a la humanidad de que pasar de cierta edad y aprobar dos simples exámenes de aptitud serían suficientes para manejar un vehículo a motor. Casi 200 años y decenas de miles de muertos después no solo no hemos salido de nuestro error sino que además siempre acabamos culpando de nuestra propia incapacidad para viajar a más de 20km/h a la voracidad recaudatoria de la DGT, el estado de las carreteras o algún ciclista que pasaba por allí.
  2. Tener hijos - El debate sobre al aborto se acabaría rápidamente si cada una de las familias que se oponen con tanta fiereza tuvieran que acoger durante un año a cualquiera de los cientos de mocosos adolescentes incontrolables y violentos que pueblan nuestras aulas, fruto de una total desatención de unos progenitores que pensaban que educar a un hijo sería poco más o menos como tener una mascota. Si por mi fuera suministraría a toda la población un anticonceptivo permanente cuyo antidoto solo podría prescribirse a aquellos que demostraran ser capaces de cuidar de algo más complejo que una planta sin echarlo a perder a los tres días.
  3. Trabajar como teleoperador - Entre las pruebas que han de superar los aspirantes a astronauta antes de salir a una misión real se incluyen todo tipo de exámenes de resistencia al estrés que puedan sufrir una vez en el espacio. Creo que la NASA podría ahorrarse mucho dinero si en vez de eso los hiciera trabajar al otro lado de una línea de atención al cliente durante un mes, soportando las quejas y desvaríos de los usuarios, cubriendo el culo a la empresa cada vez que cometiera un error e intentando vender basura a horas intempestivas a gente seleccionada al azar, todo ello en unos horarios abusivos, con unas condiciones de trabajo esclavizantes y por poco más del sueldo mínimo. Después de eso ir a Marte sería un paseo por el campo.
  4. Beber alcohol - Cualquier medicamento que tenga la más mínima posibilidad de provocar somnolencia debe ser vendido en farmacia y, en algunos casos, bajo prescripción médica. Sin embargo, una sustancia altamente adictiva, que provoca serios daños al organismo, cuya ingesta puede alterar completamente la personalidad de la que consume y que es responsable directa e indirectamente de cientos de miles de muertos al año se compra en cualquier supermercado. Aunque, claro, si le preguntas a cualquiera te dirá que controla, que solo bebe un vino en las comidas y un cubata de vez en cuando, y que los borrachos irresponsables son los demás.
  5. Escribir un blog - A poca gente se le ocurriría ir a la plaza mayor de su lugar de residencia y empezar a contar su vida e intimidades al primero que pasara por allí. Sin embargo, incluso la persona más introvertida puede crearse en cinco minutos una página en Blogger o Wordpress y desgranar hasta los detalles más morbosos de su, por lo demás, anodina existencia, aunque después tenga que desactivar los comentarios porque no soporte leer críticas sobre la misma. Lo que, eso sí, no le impedirá estar pendiente del número de visitas, de su posición en la lista de Technorati o del estado de su candidatura a los premios de 20 minutos.

15 de septiembre de 2009

145

Aunque parezca mentira viendo el lamentable estado que presenta desde fuera, el edificio que alberga nuestras oficinas cuenta con un sistema inteligente que controla la temperatura para que se mantenga siempre en su nivel más óptimo. O eso nos han contado, porque lo cierto es que durante los últimos días hemos tenido que soportar un calor infernal que ha costado mareos y algún desmayo.

Hay quien dice, con razón, que el edificio en realidad es más tonto que Abundio y la calefacción y el aire acondicionado funcionan cuando les sale de los cojones. Yo, sin embargo, no dudo un ápice de su inteligencia. De hecho estoy convencido de que es tan listo que ha tomado conciencia propia y estos cambios abismales de temperatura son un intento de matar a todos los seres vivos que encuentre a su paso...

28 de agosto de 2009

144

Durante estos días la empresa está realizando a nivel mundial una encuesta para medir la satisfacción de los empleados en su trabajo, la relación con los jefes y la imagen que tenemos de la compañía. Lo que viene siendo la perfecta definición de "pegarse un tiro en el pie".

Afortunadamente para todos la encuesta es anónima. Por muy multinacional que sea, no creo que se puedan permitir despedir a todo el mundo al mismo tiempo...

21 de agosto de 2009

De cómo conseguí que Movistar me dejara en paz

Diecisiete. Ni una ni dos, diecisiete. Esas son las veces que me ha llamado Movistar durante las vacaciones para que me cambiara de compañía. Que me lo he buscado, ojo. Si hubiera dejado las cosas claras desde un principio, esto no hubiera pasado. Pero no, quise ignorar las llamadas, como si no fueran conmigo, como si fuese posible que me dejaran en paz en un mercado tan saturado que a las compañías no les ha quedado más remedio que robarse los clientes.

Desde luego con quienes no quería pagarlo era con los operadores. A fin de cuentas de lunes a viernes yo también trabajo detrás de un teléfono y se cómo funcionan estos servicios. No tiene sentido cabrearse con un pobre infeliz mal formado y aún peor pagado que hará cualquier cosa que le digan sus jefes con tal de mantenerse en ese trabajo de mierda, probablemente lo único que han encontrado después de meses de enviar currículos a todas partes. Además, no sirve para nada. Ellos son solo son carne de cañón, pobres curritos sin voz ni voto que repiten como papagayos los que les enseñaron en las diapositivas del cursillo de formación. Los comerciales de verdad, los de traje, corbata, coche de empresa y que saben de lo que hablan se dedican a captar empresas y grandes clientes, no tienen tiempo para los pobres mortales como nosotros.

No, si hay que cagarse en alguien es en los directivos de las empresas. Porque ha llegado un punto en el que venderían a sus madres con tal de mantener los beneficios. Si ya hace tiempo que no solían respetar demasiado la privacidad, la ética e incluso la ley, ahora directamente se la pasan por el forro de los cojones. La situación económica es difícil, son demasiados a repartir (echando de menos el monopolio, ¿verdad?) y la gente ya no se deja engañar tanto como antes. Así que si no funcionan las sutilezas tendremos que recurrir al acoso y derribo, a llamar diecisiete veces al mismo número hasta que acepte que nuestro asalariado sin alma le recite de arriba abajo por centésima vez la parrafada que le dieron escrita nada más llegar en un folio con Times New Roman 10 y que ya casi se sabe de memoria de tanto repetirla.

Por lo tanto, consciente de que cortar la llamada cada vez que viera el '1485' en la pantalla del móvil no iba a servir para nada, hoy finalmente he decidido enfrentarme a la bestia. Con amabilidad, por supuesto, dejando que el ¿argentino? ¿uruguayo? ¿chileno? que había al otro lado de la línea hiciera su trabajo, tragándome todo el discurso y contestando pacientemente a sus preguntas, hasta que inevitablemente me interrogara sobre qué me parecía la oferta.

Y ahí es cuando he probado algo que poca gente hace y que ha resultado mil veces más efectivo que todos los gritos, todas las amenazas, todos los insultos y todas las listas Robinson del mundo: pedir algo razonable. Porque ya estoy harto de que las telecos nos traten como a gilipollas con sus sms gratis, sus terminales de alta gama, sus tarifas planas falsas y sus campañas publicitarias de colorines. Hoy me he plantado y he expuesto con claridad lo que realmente quiero: un contrato sin permanencia y sin consumo mínimo. Tan simple y tan aparentemente complicado que es que solo me cobren por lo poco que gasto, ni más ni menos; que a mí no me interesa que me regalen móviles con cámara ni minutos los fines de semana; que yo no tengo amigos, y solo utilizo el móvil para mirar la hora y llamar de vez en cuando a las mismas tres personas; que estoy harto de tener que pagar 10,44€ al mes que ni siquiera consumo tan solo por el ¿privilegio? de no tener que recargar el saldo constantemente; y que si me podían ofrecer esto, y solo entonces, podrían llamarme de nuevo para negociar el traspaso.

Mientras decía esto mi contertulio se fue quedando cada vez más callado, probablemente mientras consultaba de forma frenética las hojas de respuestas que le dieron junto al discurso de venta. Al parecer, ya que no me supo contestar, no estaba previsto que un cliente no quisiera que le trataran como a un niño de teta que babeara cuando le enseñaran un Nokia 3G ni que le robaran cada mes a base de cuotas injustas y comisiones inventadas sobre la marcha. Lo razonable no se vende si no consigue beneficios millonarios para la empresa.

Con la misma amabilidad y educación con la que le contesté, me despedí de mi operador mientras con voz temblorosa me aseguraba que lo estudiarían y que, si acaso, ya me llamarían más tarde. Probablemente no vuelva a saber de ellos nunca más. Y si no es así más les vale que se den prisa, porque ya se ha acabado mi permanencia en Vodafone y estoy mirando con bastante interés la condiciones de las Operadoras de Móvil Virtuales...

7 de agosto de 2009

143

Después de cierto incidente con una página web porno de la que no se supo el responsable y que tuvo a los informáticos desinfectando el sistema durante un mes, la empresa decidió instalarnos a todos un antivirus más potente (ergo, que consume más recursos de sistema) y que de forma automática hiciera un registro de todos los ordenador un día concreto de la semana.

Resulta fascinante escuchar a 100 personas a la vez cagarse en los muertos de los programadores todos los jueves a las 12 en punto...

21 de julio de 2009

142

Cuando llegué de vacaciones, lo primero que me llamó la atención fue que todo un departamento de mi empresa había sido trasladado a otra parte del edificio, a unos despachos mejores y más nuevos. Ahora da bastante mal rollo atravesar la planta donde estaban, que se ha quedado casi desierta, como si hubiera habido un holocausto nuclear, un ataque zombi o la empresa hubiera quebrado.

Lo que todavía no he decidido es qué me preocupa más: que mientras a otros los premia con un lugar mejor de trabajo la empresa nos explote a mi y a mis compañeros de departamento en nuestros cubículos grises y claustrofóbicos; que la política de traslados sea el preludio de futuros recortes de presupuesto y personal; o que mientras camino por los pasillos vacíos no dejo de mirar al suelo en busca de una escopeta flotante por si se me aparece un demonio de otra dimensión...

17 de julio de 2009

Posguerra




He de decir que la idea no era del todo mala. Se trataba a fin de cuentas de arrojar una pizca de optimismo sobre una población cada vez más jodida y, ya que estamos, glosar las virtudes de sus productos de forma sutil. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, cada vez que se pasa el anuncio por televisión siento como me recorre un escalofrío por la espalda. Porque, a pesar de toda su buena intención, el resultado es de lo más aterrador; lo que tendría que ser una loa a la convivencia y la solidaridad familiar se convierte en la práctica en un depresivo panorama de parados retornando a vivir con sus padres, estrecheces, presupuestos reducidos y muebles baratos y de poca calidad. Y, por mucha cancioncilla estúpida que improvisen para tratar de animarse, uno no puede evitar imaginar en sus sonrisas forzadas la mal disimulada frustración que la situación les provoca, tanto a unos como a otros, ante un futuro que, si ya se pintaba negro de por sí, tanto más teniendo que convertirse en parásito o parasitado por tiempo indefinido.

Al menos podremos presumir de algo: vamos a vivir toda una posguerra sin haber tenido que disparar ni un solo tiro...

8 de julio de 2009

Inadaptiras, vol 3,10: Fuego

(Pinchar para agrandar)

Sí, sigo perdido en cavilaciones existenciales sin sentido que se pueden resumir en la frase: "estoy hasta los cojones de mi trabajo pero tal y como están las cosas no me atrevo a dejarlo". Así que solo actualizaré cuando el hastío y las ganas de dinamitar mi oficina dejen algún resquicio de inspiración. Asco de crisis...

3 de junio de 2009

141

Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a romper una lanza en favor de los políticos, en vista de las críticas que están surgiendo acerca de sus sueldos y regalos. Si a mi ya me supone un enorme esfuerzo tener que ser la cara visible de mi empresa y aguantar a diario las quejas de unos pocos clientes importantes sobre asuntos que, en su mayoría, no son tan urgentes como dicen, ¿cuánta entereza no habrán de tener nuestros gobernantes, que se enfrentan constantemente a decisiones que pueden afectar a millones de personas, al tiempo que soportan los envites de la oposición y los ciudadanos descontentos? ¿Acaso no se merece eso ser bien recompensado?

Aunque también es posible que los políticos no tengan el más mínimo sentido de la vergüenza y a mi me estén pagando demasiado poco por lo que hago...

2 de junio de 2009

It's hot in here; must be Summer



Admitámoslo: es imposible de predecir si una serie de televisión fracasará o será un éxito. Por mucho que se intente, nunca se sabe a ciencia cierta si una nueva obra tendrá esa "magia" que conseguirá dejar clavados a los telespectadores puntualmente todas las semanas, haciendo ganar éxito y dinero a sus creadores y permitiendo su continuidad, o si por el contrario se estrellará nada más empezar. Da igual la calidad de los decorados, los guiones, la dirección o los efectos especiales, siempre habrá series de factura impecable que no lleguen a terminar la primera temporada y otras de pura serie B que alcancen la décima. No obstante sí que hay factores que influyen y mucho en la continuidad de una producción, como el horario en el que se emite, la competencia de series similares, los gustos predominantes de la audiencia en ese periodo y, sobre todo, el carisma de los personajes.

Aunque otras veces esto es mucho más simple. Porque yo (bueno, y también Randall Munroe) me tragaré cualquier cosa en la que salga Summer Glau.


Summer Lyn Glau, nacida hace 28 añitos en San Antonio, Texas, aunque con sangre irlandesa, escocesa y alemana. Iba para bailarina y durante bastante tiempo estuvo preparándose para ello, pero una afortunada (para nosotros) lesión la apartó de los escenarios y le impulsó a buscarse la vida como actriz. Después de varios anuncios actuó en un episodio de la serie "Angel" donde Josh Whedon se fijó en ella y le dio el papel de River Tam en la nunca suficientemente reivindicada "Firefly".



Su carrera hasta el momento no es que haya sido especialmente prolífica, siendo sus papeles más largos (además del ya mencionado de hermana psicótica y con poderes de "Firefly") los que hizo en "The Unit" (como novia de uno de los personajes), en "Los 4400" (como novia psicótica y con poderes de uno de los personajes; la verdad es que un poco encasillada sí que ha estado) y hasta hace bien poco en "Las crónicas de Sarah Connor".

Este último es sin duda uno de los papeles por el que más se la va a recordar. No es de extrañar, desde luego, ya que, mal que le pese (y no parece que esté muy incómoda con el papel) se ha convertido en uno de los mayores icónos erótico-frikis de los últimos tiempos. Lo cual, por cierto, llega a ser un tanto perturbador. Porque sentirse atraído por una belleza psicótica y con poderes psíquicos (léase, "Firefly" y "Los 4400") tiene un pase. Pero es que los productores de "Sarah Connor" ha conseguido que nos ponga palote una terminator con problemas existenciales en la forma de una veinteañera calentorra que en unos capítulos intenta seducir al chavalín que está intentando proteger y en otros se da hostias como panes con tíos que le sacan dos cabezas. Y eso, señores, sí que es magia.

Valga esta entrada, ya que estamos, como reivindicación para que "Las crónicas de Sarah Connor" continúen, aunque sea en otra cadena. Que hayan quitado esta serie para dejar "Dollhouse" no tiene perdón. Pero como esto no es más que una excusa barata para poner fotos de uno de mis fetiches, vamos a lo que vamos:







Esto es de propina:



1 de junio de 2009

140

Hoy hemos hecho un simulacro de emergencia en la oficina. Me he dado cuenta de que no solo hemos tardado casi 15 minutos en desalojar todo el edificio desde que empezó a sonar la alarma, sino que justo al final de la escalera por la que me tocaría evacuar es donde el personal de limpieza almacena las cajas de papel higiénico, productos químicos y otros materiales inflamables variados.

Ahora trabajo más tranquilo. Se que en caso de incendio tengo un 90% de posibilidades de morir asado como un pollo.

31 de mayo de 2009

28 de mayo de 2009

Incómodo

Una de las preguntas que más me han hecho desde que empecé a escribir gilipolleces en este blog es si todo esto es de verdad; si realmente pienso lo que escribo y vivo lo que cuento; si soy tan asocial, inadaptado y reaccionario como presumo o si en cambio solo soy un jeta que busca atraer lectores y con eso ligar, inflar su ego o ganar dinero.

La verdad, no les culpo. Más de una vez me he dado cuenta de lo poco creíble que es todo esto. De lo mucho que exagero y de lo poco que pienso algunas cosas antes de escribirlas. Aunque lo cierto es que tampoco se lo que espera la gente. No soy más que un mindundi cobardica que se parapeta detrás de una página web para escupir la bilis que le provoca el mundo que le rodea. No voy por la vida con la cabeza alta y aires de superioridad, sino más bien lo contrario: escondiéndome en las sombras, asustado de todo y de todos, incapaz de entender por qué la vida es como es.

Lo irónico es que, como ocurre con los perros, ha llegado un punto en que la gente me tiene más miedo a mí del que yo les tengo a ellos. Porque la sociedad en que vivimos es en realidad algo mucho más frágil de lo que creemos. Nuestra entera existencia se sustenta en un intrincado conjunto de reglas que resulta tan rígido e inamovible como fácil de derribar. Ya se sabe, todo eso del arbol y el junco. Cambiar algo, por pequeño que sea, requiere un esfuerzo titánico, hasta el punto de que cada nuevo avance puede costar años de conseguir. Sin embargo, basta con salirse un poco de las normas para que quien las sigue a rajatabla no sepa reaccionar y toda esta farsa se venga abajo como un castillo de naipes.

Mi problema, y aquí está el meollo de la cuestión, es que me la sudan las normas.

Desde hace ya varias semanas me he dado cuenta de lo poco que hace falta para poner nervioso a alguien. Sobre todo si ese alguien no te importa. Porque a diferencia de la gran mayoría de la gente que viene a trabajar a este cubo de cemento con ventanas que llaman oficina a mi no me interesa en absoluto entablar amistad con mis compañeros. ¿Para qué? Esto es trabajo. No lo estoy haciendo por placer. Me levanto todos los días con desgana para pasarme ocho horas al día delante de un ordenador y así al final de mes conseguir los poco más de 1000€ que me permitan pagar alquiler, comida, gastos, cuotas de suscripción y cómics. Mi vida, la de verdad, está fuera, en esas escasas 4 horas que me quedan cada tarde. Así que no tengo, nunca he tenido y nunca tendré intención de congeniar con el resto de almas muertas que me rodea. Y eso incluye la parada del autobús.

Desde hace ya varias semanas, decía, me he dado cuenta de que me he convertido en alguien incómodo. Cuando llego a la parada mis compañeros me evitan de forma descarada. Me ignoran. Fingen que no estoy allí. Todo porque no tengo nada que decirles. O que quiera decirles. ¿Por qué habría de iniciar una conversación banal sobre cualquier tema solo para que se sientan a gusto? ¿Acaso les he dirigido la palabra durante el resto del día? ¿Acaso he participado en las charlas absurdas de la hora de la comida? No. Me he quedado en todo momento en mi rincón trabajando, o al menos fingiéndolo, callado y sin interactuar con nadie. Y a la salida eso no va a cambiar. Sin embargo, esta sociedad aborrece el silencio. Necesitamos estar rodeados constantemente de música, de ruido, de palabras. No soportamos estar al lado de otra persona sin decirnos nada, por inane o estúpido que sea. Porque en realidad nuestras relaciones cotidianas son tremendamente frágiles, unidas por unos lazos casi inexistentes. Ya solo tenemos conocidos, contactos, seguidores, gente a la que conocemos de segunda o tercera mano. Ya no conocemos la auténtica intimidad, esa en la que no hace falta decir nada, en la que basta un gesto para comunicarse. Así que yo, que no quiero jugar con las reglas y prefiero mantener la boca cerrada, que rehuyo las amistades de baratillo y los vínculos futiles, que no me preocupa la popularidad ni la aceptación, me convierto en un incordio, en un grano en el culo, en un asocial.

Básicamente, lo que viene a ser un inadaptado.

25 de mayo de 2009

Día del orgullo friki 2009

Partamos del hecho de que la gran mayoría de mis compañeros de trabajo rondan la treintena y que, al estar en uno de los departamentos más elitistas de la compañía (especialmente por la alegría con la que se despide a los que consideran no aptos), a todos se nos presupone madurez, experiencia y sentido común.

Resulta que:

  • Varios de ellos han inventado un juego por el que deberán pagar una multa si no dicen una palabra clave a tiempo.
  • Un pasillo entero se haya aterrorizado ante la presencia intermitente de unas feroces y peligrosísimas polillas blancas no más grandes que una goma de borrar.
  • Buena parte de las féminas se intercambia fotos de tios buenos intentando que no les vea el jefe pero luego comentándolos a voz en grito.
  • Cada vez que alguien llega un poco más moreno del fin de semana es rodeado por una turba que se dedica a alabar y envidiar sus esfuerzos por conseguir un melanoma.
  • La hora de la comida es un flujo constante de chismorreos del personal, noticias de la prensa rosa e intercambio de reseñas etílicas sobre garitos de moda.
  • Cualquier comentario de índole más o menos sexual es inmediatamente sofocado por las contraréplicas pudorosas y pacatas de quienquiera tenga en derredor.
  • No solo presumen todos de haber leído "El código Da Vinci", "Los pilares de la tierra" y "El niño con el pijama a rayas", sino que los consideran grandes obras de la literatura y no admiten ninguna crítica a los mismos.

Y, sin embargo, soy yo el que necesita la excusa de un día dedicado al tema para poder lucir una camiseta de Darth Vader sin que me llamen raro.


Esta en particular se vende aquí


Es que manda cojones, oiga...

21 de mayo de 2009

If you work for a living, why do you kill yourself working?

Básicamente, soy un autómata.

Me levanto no demasiado temprano, a las 8. Me desperezo, desayuno lo más copiosamente que puedo, me visto y salgo hacia el trabajo. El camino me lleva aproximadamente una hora; para eso tengo que coger un metro, un autobús y caminar un rato hasta que llego a mi oficina, situada a doscientos metros más o menos del culo del mundo. Ficho, me siento y me pongo a teclear sin parar durante cuatro horas (tengo derecho a un descanso de diez minutos gracias al convenio alcanzado por el sindicato -al que le importa más que podamos fumar que tener un horario decente-, pero rara es la mañana en que me lo puedo tomar). 

A las 2 y 1 minuto, como un reloj, me bajo a la habitación-con-mesas-para-todo del edificio, ficho, caliento el tupper en el microondas y almuerzo, intentando convencerme a mi mismo de que el hecho de que no pueda salir del recinto (ya que en el culo del mundo no hay restaurantes) no es un signo de esclavitud encubierta. A las 2 y 20 ya he terminado, así que abro el cómic o libro que me haya dejado a medias en el autobús y me dedico durante los cuarenta minutos siguientes a ignorar descaradamente al resto de mis compañeros, que acaban de bajar a comer.

Un poco antes de las 3 subo de nuevo, ficho, me preparo un té y me dedico durante media hora a leer feeds hasta que los clientes, que sí tienen buenos horarios, regresan y empiezan a incordiarme otra vez. Trabajo durante el resto de la tarde casi sin parar (salvo una parada para lavarse los dientes) y a las 7 y 1 minuto, también como un reloj, bajo y ficho la salida. De nuevo la caminata, de nuevo el autobús, de nuevo el metro. Son casi las ocho cuando llego a casa. Descanso un poco, friego los platos, hago carantoñas a la parienta y es entonces, solo entonces, cuando puedo disponer de tiempo para mí. Una hora, hora y media con mucha suerte. Ese es todo el tiempo que tengo cada día para revisar el correo, leer las noticias, echar una partida, relajarme y escribir, si es que puedo (y a la vista está que no), antes de que llegue la hora de la cena, ver la tele con mi señora e irse a dormir.

Esto, sinceramente, no es vida. No soy una persona. Soy una máquina, un engranaje. Soy un autómata que solo vive para trabajar y consumir. He llegado a sufrir ataques de pánico cuando he sido consciente de hasta que punto he conseguido alienarme. Yo ya no soy yo, sino lo que sirvo para otros. Pero, al menos, este es el camino que he escogido. Por ella. Porque esas son mis circunstancias. Porque lo he creído necesario por el momento, hasta que las cosas cambien, hagamos nuevos planes y, quizás, pueda volver a tener algo parecido a una vida. También, para que negarlo, por cobardía. Porque los mensajes de pánico han conseguido calarme y me asusta alejarme de la seguridad de la nómina mensual y de lo malo conocido. E incluso porque, aunque me atreviera a mandar a todos a la mierda, en estos momentos (y van ya 30 años) sigo sin tener muy claro  qué coño hacer con mi vida.

Sí, soy un autómata, pero eso es lo que he elegido. Sin embargo, esto sí que no tiene nombre:

Foto extraída de esta noticia de La voz de Galicia

¿Cómo es posible que un grupo de adultos en pleno uso de sus facultades mentales vitoree a un político cuya reputación es cuanto menos dudosa y al que está claro que todo le importa una mierda? ¿Cómo se puede seguir tan ciegamente a un líder que, como todos, solo se mira a su propio ombligo y solo se preocupa de sus propios intereses? ¿Cuán ciego hay que ser, para no ver que solo somos ganado para ellos? ¿Cuán vacío y carente de personalidad?

Ese es un misterio que jamás entenderé. Que para definirse a uno mismo haya que elegir a una persona, alzarla sobre nuestras cabezas, darle más privilegios que a nadie, ofrecerle unos lujos que jamás disfrutaremos y esperar a que nos de ordenes. Todo para no pensar. Para no ser. Solo someterse a un poder superior que nos diga lo que hay que hacer y creer en todo momento. O, peor aún, elegir bando en una guerra que solo está en nuestras cabezas y defender a muerte unas ideas que no son propias y en las que posiblemente ni siquiera se crean del todo. Llámese religión, política o deporte, jamás entenderé como puede una persona convertirse en una marioneta de otra bajo la promesa de vaya usted a saber qué fortuna, gloria o inmortalidad que en realidad nunca llegarán a alcanzar. Porque a menos que seas amante, pariente, amigo o compinche de cualquiera de ellos debes tenerlo claro: vas a salir perdiendo.

Sí, soy un autómata, con una vida preprogramada, pero al menos se que, a pesar de la rutina, el hastío y la esclavitud, allí al fondo, en alguna parte de mi cabeza, está preparando la siguiente entrada del blog ese pequeño hijoputa inadaptado al que llamo yo mismo.

13 de mayo de 2009

Madrid, Madrid

(Foto saqueada sin escrúpulos de aquí)


Siempre he pensado que Madrid no se respetaba a si misma.

En todos los años que he vivido aquí, siempre he albergado la esperanza de que alguien agitara una varita y convirtiera a la capital en esa utopía que tengo en mi cabeza. Quería ver un Madrid impecable, erudito, grandilocuente, vanguardista, sosegado, ejemplarizante; un faro de civilización justo en medio de un país que no se acaba de creer del todo que vive en el primer mundo.

Y me torturaba verla así. Me martirizaban las pintadas de las paredes, el caos circulatorio, el pillaje inmobiliario, las hipocresías políticas, la manipulación institucional. Me horrorrizaba vivir en una constante batalla contra la degradación urbana, en la que los habitantes son a la vez verdugos y víctimás, mero reflejo del desencanto y la indiferencia de un pueblo que no termina de aceptar su condición.

¡Cuán grande podría ser!, pensaba. ¡Cuán perfecta!, me dictaba la imaginación. Veía calles pulcras, edificios solemnes, aire limpio y más zonas verdes. Soñaba con carriles bici, avenidas peatonales y fachadas inmaculadas. Fantaseaba con que el resto de metropolis envidiaran la nuestra, con que vivir aquí fuera un lujo y un privilegio, por cuanto el mero hecho de residir entre sus edificios te elevera intelectual, social, moral e incluso espiritualmente.

Hasta que, de repente, he comprendido.

Durante todo este tiempo he mirado a esta ciudad, pero no la he visto. Porque aquello que yo consideraba defectos, son en realidad sus atributos; porque lo que yo achacaba al inmovilismo, se trata en realidad de su carácter; porque lo que pensaba se escondía bajo la superficie tratando de aflorar nunca ha estado allí.

Madrid es Madrid. Y siempre será Madrid, por los siglos que han de venir. Eso es lo que no entendía. Que nunca desaparecerán los callejones malolientes, las putas de las esquinas ni las tabernas ruidosas. Que su gente siempre dará la espalda a sus vecinos y la mano a los que lleguen de fuera. Que en sus aceras siempre habrá prisas y en su asfalto malos modos. Que sus gobernantes la tratarán como un trofeo mientras barren la mugre debajo de la alfombra. Que siempre habrá barrios ricos y barrios pobres, calles estrechas y grandes avenidas, palacios exhuberantes y buhardillas angostas. Que siempre será reaccionaria, conservadora, chulesca y un poco paleta. Que siempre será sinónimo de anarquía, oportunidades, lujo, miseria, alegrías y tristezas, destellos de modernidad y oleadas de tradición. Que todo aquel que busque algo lo encontrará aquí, bueno o malo, por muy raro o difícil que sea. Que es una ciudad que duerme poco y mal, y en la que es inevitable acabar un poco loco.

En definitiva, una ciudad en la que solo sobra una cosa.

Y esa, me temo, soy yo.

9 de mayo de 2009

Día de las Rubias Con Las Tetas Gordas

Va por El Tete y por las RCLTG del mundo. Sobre todo las de antes. Porque, seamos sinceros, desde que se inventaron los implantes las cosas ya no son iguales. Que sí, que han democratizado la talla 120 y ahora puedes darle un corte de mangas a la madre naturaleza por haberte hecho plana como una tabla de planchar, pero de un tiempo a esta parte quitar un sujetador es como abrir un huevo Kinder: no sabes con qué sorpresa te vas a encontrar dentro. Y, digan lo que digan, no es lo mismo. Ni siquiera los desvaríos mamarios de las jovencitas de ahora, que estoy convencido se debe a toda la mierda química que echan en todo.

No, antes una RCLTG era una RCLTG...































... aunque tuviera un peinado espantoso.

7 de mayo de 2009

Pasta

"Euromillones: hazte rico y fóllate a jovencitas"



Cada vez que se hace una lista con las drogas más adictivas siempre se dejan unas cuantas sin poner, obsesionados como estamos por las puramente químicas. No se menciona al sexo, que lo es, digan lo que digan. Ni al World of Warcraft, que ya ha conseguido matar a alguno. Tampoco a los juegos de azar. Ni siquiera a las pipas. Pero, sobre todo, nunca se habla de la más dura de todas: el dinero.

Ya sea para ganarlo o para gastarlo, que aquí cada uno se lo chuta como quiere, no hay nada en este planeta que produzca más adicción que el dinero. El parné. La tela. La pasta. Ese invento que, igual que la heroína, parecía muy práctico al principio y ahora la gente mata o se mata por conseguir. Muchas veces literalmente. Porque qué más da a cuántos nos llevemos por delante mientras podamos aumentar la cantidad de ceros en nuestra cuenta corriente. A fin de cuentas hemos llegado a un punto en el que para muchos es su único objetivo en la vida, su única razón de ser. El dinero nos domina a todos. Bueno, a unos más que a otros, pero, a los que nos tiene, nos tiene bien cogidos de las pelotas. Sin posibilidad de escape. Y así nos va.

Si ahora estamos como estamos, es decir bien jodidos, ha sido por pura avaricia. Ni más ni menos. Que aquí no se libra nadie. Y yo me incluyo, porque aunque no haya colaborado no estoy menos enganchado que el resto. A ver cómo iba a tener más de 2000 cómics ahora, si no es amasando dinero. Aunque al menos me esté conformando con eso. Pero otros no. Demasiados. Un país entero empezó a adorar al ladrillo y nuestra economía se convirtió en un gigantesco timo piramidal, con los bancos brillando en la cúspide, de una avaricia tan cegadora que no podíamos mirar sus cuentas de resultados sin entornar la mirada. Putos cabrones sin corazón.

Sin embargo no fueron los únicos, ni de largo. Alguien tenía que estar abajo para poner en marcha la estafa. Ahí entramos nosotros. Empeñándonos hasta la jubilación para comprar cuatro paredes a precio de caviar iraní servido por putas de lujo en un yate en las Bahamas. Todo con la esperanza de venderlo más tarde y sacar pasta, y comprar un sitio más grande o dejárselo a nuestros hijos para que pudieran venderlo más tarde y sacar pasta y comprar un sitio más grande. Y como no había sitio donde construir se empezó a untar a los ayuntamientos, que se dejaron llevar por la lluvia de dinero y dieron carta blanca a las constructuras. Y se construyó más y más, hasta donde no se podía, para colmar nuestros sueños de un futuro en un loft de lujo o una urbanización vallada; y los constructores, y los obreros y hasta el chico que traía los cafés y se dejaba sobar por el jefe de obra sacaron tal tajada que decidieron vivir a lo grande, así que las fábricas de coches metiron el turbo para cubrir la demanda, los televisores de plasma llegaron en contenedores, las tiendas de marca germinaron como setas y de repente medio país vivía como si todo fuéramos de la Jet.

Hasta que llegó el gran hostión. Qué bien merecido, oiga.

Esto nos pasa por pardillos. Por novatos. Por creer que podíamos jugar como los grandes. Pero no, solo somos unos mindundis que están destinados a mantener a las élites de verdad o a ser los peones de los que realmente manejan el cotarro. Los de siempre, como los bancos y las aseguradoras, que son a fin de cuentas los que nos han metido en esto pero que incluso ahora consiguen sacar partido; como las farmaceuticas, que estoy convencido de que podrían conseguir que nunca estuviéramos enfermos si no dependiera su negocio de ello; o como Monsanto, que será capaz de matarnos de hambre si con eso aumentan los beneficios.

Eso sí, no puedo negar que los hay que no se rinden y perseveran para subir de liga aunque tengan que vender parte de su alma por el camino. La SGAE, sin ir má lejos. Esa pandilla de matones de barrio que va de negocio en negocio amenazando con azuzar a sus abogados a quien no siga sus reglas. "Dar protección", creo que lo llamaban los que inventaron el juego. Porque a estas alturas ni ellos mismos se creen ya que lo están haciendo en beneficio de los autores. Es cuestión de números. De dar con la cifra apropiada. Todos tenemos un precio. Llegará por fin el día (si no nos hartan y los quemamos antes, claro) en que el gobierno, las operadoras o tras quién vayan esta vez les pase un papelito doblado con una cantidad de ceros lo suficientemente alta y entonces nos dejarán en paz. Recordarán que las descargas son legales. Los manteros dejarán de mirar nerviosos las esquinas. Los internautas podremos navegar tranquilos. Todo cuando consigamos colmar su avaricia.

Aunque eso va a ser difícil. Al menos en este país, en este hemisferio, en este mundo en general. Porque, igual que hay ciudadanos de primera y de segunda (y de tercera y de cuarta), también hay profesionales de primera y de segunda. Y mientras algunos tenemos que madrugar todas las mañanas para poder fichar a tiempo en nuestro trabajo, con el que poder cobrar a final de mes y tener un rato por las tardes para escribir pajas mentales como esta solo por el puro placer de hacerlo, los hay que han sido tocados de algo indefinible llamado "talento", y algo un poco más tangible llamado "editorial" o "sello", en virtud de los cuales tienen derecho no solo a cobrar incluso cuando no trabajan, sino que además les paguemos los vicios a su descendencia. Porque sí. Porque ellos valen más que nosotros. Y porque la avaricia de los editores de contenidos es tal que no dudarán en inculcarnos a todos la promesa de la fama, el dinero fácil y las groupies haciendo cola en la puerta del camerino para chupártela, de forma que puedan fabricar a sus propias criaturas avariciosas con las que alimentar sus cuentas hasta que no les sirvan y tengan que buscarse otras nuevas de entre los cientos y miles que están dispuestos a dejarse manipular con tal de conseguir su droga. Con tal de conseguir más y más dinero.

Y así las cosas, con medio planeta muriéndose de hambre y el otro matándose para conseguir pasta, uno puede menos que preguntarse: ¿no será que lo estamos haciendo todo jodidamente mal?

5 de mayo de 2009

La jungla de papel (IV)

(Imagen de Feuillu)

Es por la crisis, nos dice. Cómo no, ya tocaba que nos apuntáramos a la gran excusa del siglo. Cuando todo esto pase y podamos echar la vista atrás, será cuando nos demos cuenta de cómo nos la han metido doblada por su culpa. Los cambios en la legislación laboral, el saneamiento de los bancos, la reestructuración de negocios caducos... Que sí, que los obreros las vamos a pasar putas, pero qué bien ha venido todo esto a algunos.

La crisis, habíamos dicho. Que la cosa está jodida, explica el jefe en la reunión de esta mañana. Entran pocos tráficos nuevos y demasiado pequeños, se nos ha largado alguno de los grandes y los jefazos empiezan a preguntarse si realmente necesitan un departamento dedicado solamente a lamer el culo a los clientes importantes. Como si no tuviéramos ya una cohorte de comerciales y ejecutivos, a cada cual más reluciente con sus trajes y sus coches de empresa. Y, mira tu que cosas, estos nunca sobran. Así que tenemos que evitar que se fijen en nosotros, de la única manera que sabemos hacer en este país: pringando. Se acabó el privilegio de tener a gente que nos sustituya en las vacaciones o los permisos. Se acabó poder enseñar a alguien cómo hacer la pelota correctamente para no echar a perder el negocio. Se acabó tener pululando por el departamento a carne fresca a la que poder amaestrar y echar a patadas a los 3 meses, como antaño.

A partir de ahora, si alguien no está que se joda el resto. Que quien puede manejar 10 clientes a la vez bien puede manejar 20. Aunque no tengas tiempo para más. Aunque nadie te haya explicado cómo hacerlo. Aunque no tengamos un sistema unificado que permita hacer un seguimiento sencillo y rápido de todo lo relacionado con la cuenta. No, eso sería mucho pedir. Aquí se hace a la española, improvisando, mal y tarde. Turnándonos diez personas para mirar el mismo ordenador (¿Red local? ¿Qué es eso?) y dando largas cuando nos hacen una consulta porque no tenemos ni puta idea del asunto. Aunque, eso sí, todo tiene que estar perfecto. Los informes hechos, los problemas resueltos y los clientes contentos. Que la dirección nos está mirando, ¿eh? Hay que trabajar el doble en las mismas horas y dejarse la piel por el mismo sueldo para mantener esto a flote. Y sin rechistar. Porque aquí nadie es imprescindible, la cosa está muy malita y con todo el paro que hay ya podemos darnos con un canto en los dientes por cobrar todos los meses. Y si no, ya sabes donde está la puerta.

Bueno, lo cierto es que esto último no lo dijo. Ni falta que hacía. Se veía en los ojos y en la sonrisa mal reprimida del muy cabrón mientras nos contaba cómo nos iban a dar por culo durante los próximos meses...

2 de mayo de 2009

Heredaremos el mundo

Han sido muchos años de aguantar las miradas indulgentes y los aires de superioridad de aquellos para los que pasar más de cinco minutos en sus casas les producía urticaria; muchas comidas en la empresa escuchando a nuestros compañeros recitar como papagayos la lista de destinos turísticos que ya han visitado y los que les queda por visitar; muchas horas de conversaciones telefónicas con nuestros padres intentando convencernos de que vayamos al teatro, visitemos una exposición, nos vayamos de vacaciones a un país centroeuropeo o cualquiera de las actividades que en realidad le gustaría hacer a ellos pero ni se atreven a plantearse; muchos momentos de duda y arrepentimiento cuando nos quedabamos enganchados durante horas a un mismo videojuego. Pero parece que, por fin, ha llegado nuestra hora.

(Imagen original robada vilmente de aquí)


Nosotros, los asociales, los marginados, los misántropos; nosotros, los que no salimos de casa ni aunque se incendie y no nos separamos del ordenador ni aunque deje de funcionar; nosotros, los que siempre hemos evitado el contacto personal como si la gente quemara seremos quienes hereden el mundo. Porque teníamos raźon. Y cuando la humanidad haya desaparecido debido a esta nueva plaga bíblica, tomaremos las riendas y crearemos una sociedad más justa, sin canon en los discos ni cuota mensual en el WoW, con anchos de banda simétricos, votación de nuestros representantes por karma, reparto a domicilio de absolutamente cualquier cosa y dos docenas de canales de televisión en abierto donde se emitan series en VOSE.

Sí, bueno, lo de la reproducción lo vamos a tener jodido, pero ya se nos ocurrirá algo...

1 de mayo de 2009

139

Me he dado cuenta de que es ahora, a mis 30 años, cuando he alcanzado el grado de rebeldía y pasotismo que debí tener a los 16.

Quién sabe, a lo mejor cuando tenga 50 empiezo a madurar de verdad...

30 de abril de 2009

Estoy en ello...

(Imagen de Disodium)


Eso os pasa por inflar mi ego, cabrones. Ahora me han dado ganas de escribir otra vez. En cuanto remate la plantilla y haga un par de misiones más, volvemos a la carga...

19 de enero de 2009

Adivina, adivinanza

Come sobras o alimentos preparados en recipientes de plástico, tiene un dueño al que tiene que obedecer aunque le grite, va persiguiendo autobuses por la calle y se pasa el día encerrado en un edificio salvo un rato que sale a pasear por la noche o el fin de semana.


Vaya, ahora no se si la respuesta es "perro" u "oficinista".

12 de enero de 2009

La jungla de papel (III)

En mi departamento, que no olvidemos pertenece a una importante empresa multinacional de logística, en estos momentos tenemos
  • 6 programas de seguimiento de envíos
  • 4 programas de gestión de solicitudes de recogidas
  • 3 formas de hacer consultas
  • 2 bases de datos
además del hecho de que
  • a cada cliente se le manda un informe distinto
  • cada empleado gestiona sus cuentas de manera diferente
y que
  • los programas de gestión de envíos son diferentes en cada país y solo pueden usarse en ese país
  • cada país trata la información de forma distinta
  • la intranet común a todos es un horror de diseño con marcos de mediados de los años 90 en la que es imposible encontrar nada
además de que
  • a pesar de que la mayoría de los programas son en red, solo se puede usar Internet Explorer 6 (y solo esa versión)
  • el principal programa de gestión en España está escrito en Unix con una interfaz de comandos que nadie te enseña a utilizar
  • no se ha actualizado la versión de ningún programa instalado en los últimos 5 años
la pregunta es, ¿qué medida ha promovido la dirección para ser más eficientes en nuestro trabajo?

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Pues la respuesta es bien fácil, ¡QUE USEMOS MENOS PAPEL!

138

¿En qué momento de la civilización nos hemos vuelto tan esclavos de nuestros propios calendarios como para llegar a sentirnos culpables cuando llega un puente y, en vez de salir corriendo a cualquier destino durante esos tres días para tener algo que contar a la vuelta, nos quedamos en casa a descansar y tocarnos las pelotas a dos manos?

8 de enero de 2009

137

Las fresas son una fruta muy sobrevalorada. A pesar de que mucha gente solo la consume en ocasiones especiales, en las historias de futuros distópicos siempre hay alguien cultivándolas. Sinceramente, si viviera en una sociedad post-apocalíptica yo solo lloraría de alegría si me ofrecieran una mandarina.

7 de enero de 2009

Querido yo de 14 años...

A los 14 años tuve una epifanía, una revelación, un momento de claridad absoluta de esos que solo proporcionan las drogas psicotrópicas y los cómics de Grant Morrison. Fue estando en clase (creo, no lo recuerdo bien; últimamente tengo la memoria de un pez de colores), cuando, sin ningún motivo aparente (aunque el aburrimiento seguro que tuvo algo que ver), lo supe. Supe, con una certeza total, con la mayor seguridad de la que he tenido jamás sobre algo, que no follaría hasta los 18. Y acerté, vaya que si acerté. Por poco (me faltaban apenas tres meses para cumplir los 19 cuando eché mi horroroso primer polvo), pero lo hice. Ser consciente de esa circunstancia (es decir, que me mataría a pajas durante mi adolescencia, algo que cualquiera podía vaticinar sin una bola de cristal, por otra parte) me proporcionó cierta tranquilidad durante el bachillerato, sabedor de que todo esfuerzo por conseguir algo más sería inútil. Cierto, también estaban la exclusión social, la falta de entendimiento con mis amigos, la sensación de no pertenecer al lugar donde vivía, el hastío existencial, el nulo contacto físico con las mujeres y otros mil temas que hicieron del instituto una pesadilla, pero, coño, al menos no me amargaba ser virgen.

Ya es algo.

Ahora estoy llegando a los 30 y me ha dado por echar la vista atrás y contabilizar todas las cagadas que he cometido en mi vida (otros se ponen un piercing en la ceja o dejan a su novia, a cada uno le da por algo distinto). Ya lo se, errar es humano y así es como uno madura y aprende, pero eso no quita que joda bastante. Así que me ha venido a la memoria ese breve momento de clarividencia pubescente y me he dado cuenta de lo realmente útil que hubiera sido poder utilizar ese don a lo largo de mi vida aparte de para calcular cuándo podría mojar el chorizo en aceite por primera vez. Ya no digo acertar la lotería (que también), pero sí como mínimo darme cuenta de cuándo la estoy cagando y rectificar a tiempo. Es por eso que, en un ejercicio de autocompasión muy propio de mí, he decidido fantasear con la posibilidad de enviar, taquiones mediante, un mensaje a aquel piltrafilla de 14 años con gafas enormes y flequillo espantoso para advertirle sobre todas aquellas cosas que, de haberlas sabido con antelación, hubiera podido cambiar y ahorrarme humillaciones, disgustos, un año de terapia e ingentes cantidades de tiempo y dinero.

Querido yo de 14 años...

No te voy a mentir, te esperan unos años difíciles. Eres un chaval serio, callado, introvertido, siempre en las nubes, al que le cuesta encajar en su entorno y hacer amigos. Llevas escrito "pringao" en la frente. En el instituto serás el típico empollón rarito con el que se mete todo el mundo y al que los únicos que le respetan son los profesores. Lo cual, por cierto no te convertirá en alguien precisamente popular. Así que aquí van unos cuantos consejos de supervivencia para sobrellevar lo que te queda con un poco de dignidad:
  • Vuélvete invisible. Eres incapaz de defenderte cuando te atacan, así que lo mejor que puedes hacer es que no se fijen en tí. Reduce el contacto humano al mínimo. Nunca respondas a las provocaciones de los más cabrones, ni siquiera les mires. Levanta la mano lo menos posible y no confraternices con otros empollones en clase. Búscate amigas (para ellas eres inofensivo, será fácil). No seas voluntario ni participes en actividad extracurricular alguna. Habla lo menos posible y no hagas nada que te ponga en envidencia. Puede que alguna vez te sientas solo pero, creeme, la alternativa es mucho peor.
  • Aléjate poco a poco de tus amigos del pueblo. Bueno, solo de los chicos, con las chicas siempre te has llevado bien. Porque de toda la gente que conozcas ellos son los que más putadas te harán, así que te aseguro que saldrás ganando. De hecho te lo pasarás mejor más jugando, viendo la televisión o leyendo libros en casa que saliendo con ellos, porque en realidad son aún más capullos que tu. Y de todas formas acabarás perdiendo el contacto, incluso la amistad, así que evitarás discusiones en el proceso.
  • Un consejo que te valdrá para siempre: no intentes nada, nunca, con ninguna de las chicas que te gusten pero que no muestren interés por tí. No es fingido, es que pasan de tí como de comer mierda. Así que por mucho que te alguien te ponga a mil no le hagas caso. Limítate a sonreirle y sigue con lo tuyo. Te ahorrarás muchas frustraciones.
  • Usa el hilo dental. Ya se que nadie te ha enseñado, y de hecho ninguno de los putos dentistas inútiles que tendrás te dirán como usarlo, pero lee una enciclopedia si hace falta (lástima que no tengas internet todavía en aquella época) porque eso te ahorrará la docena de empastes y endodoncias que llevo ahora mismo.
  • Conserva en buen estado tus Tente. Valdrán su peso en oro en unos años. Y son cojonudos.
  • Busca algún deporte que no te disguste demasiado (el que sea, como si escoges el badminton) e intenta dar clases o jugar con regularidad. Te ayudará a distraerte, a aislarte de tu entorno inmediato y será una gran ayuda con tus futuros problemas de ansiedad.
  • Te lo digo antes de que sea demasiado tarde: las matemáticas no son lo tuyo. En serio. Necesitarás ayuda.
  • Cuando acabes el instituto, entre otras cosas, abandona el grupo folclórico en el que tocas. Como mucho quédate otro año, pero ni se te ocurra seguir más allá. Llegará un punto en que te darás cuenta de que no tienes nada en común con toda esa gente y, lo que es más importante, estás ridículo con esas pintas.
  • Cuando llegues a la universidad no se te ocurra escoger Alemán como optativa. Es una lengua difícil, te exigirán mucho y los profesores son imbéciles. En lugar de eso, mejor elige Ruso. Te será más fácil aprobar y las rusas están mucho más buenas, dónde va a parar.
  • No bebas. Nunca. Jamás de los jamases. En un futuro no muy cercano aborrecerás el alcohol como a ninguna otra cosa en el mundo, así te mantendrás puro de espíritu. Bueno, eso y que siempre te sabrá asqueroso, mejor ahórrate las arcadas y el mal sabor de boca.
  • Sobre el tabaco, por otra parte, no voy a ser hipócrita: te va a gustar. Mucho. Fumar porros también. Así que espera hasta casi acabar la universidad para poder controlarlo lo más posible. Eso sí, se consciente de que una vez que empieces te va a costar horrores quitarte del hábito definitivamente, al menos hasta que llegue cierta operación que te harán en el futuro y de la que no te voy a hablar para evitarte pesadillas...
  • Tómate los estudios con calma. En Traducción vas a encontrarte con un montón de empollonas (porque tíos seréis pocos) compitiendo unas con otras por ser la mejor. Que les den. Ser el primero de la promoción no te va a valer de nada, así que disfruta de esos años y aprovecha el tiempo para hacer cosas más útiles. Pasear por la playa, por ejemplo.
  • No permitas que tu madre te siga comprando la ropa. Ya se que aborreces ir de tiendas, pero haz de tripas corazón y sal a buscar cosas que te gusten si no quieres que te conviertan en una foto de catálogo de Burberry's.
  • Cuando busques compañeros de piso, escoge solo a tías buenas. A ser posible, que estén MUY buenas. De todas formas por mucho que los selecciones siempre tendrás problemas, así que al menos de esta manera te alegrarás la vista. Y, quien sabe, puede que a alguna de sus amigas le intereses.
  • Empieza a comprar cómics en cuanto llegues a Alicante. Se que no entiendes del tema y el dinero no te llegará para mucho, así que vete a lo más conocido. Batman, Patrulla X, JLA, Vengadores... Y cuando salgan los coleccionables semanales de Planeta no te los pierdas, coño, que me está costando un huevo reunirlos.
  • Cuando llegues de Erasmus a Brighton encontrarás un trabajo y tendrás una oportunidad de quedarte allí, aunque solo sea un poco más. No te lo pienses y hazlo. No te preocupes por la beca de estudios, porque estarás ganando dinero; ni por el curso, que podrás acabar más adelante. Te advierto que de todas formas en España lo vas a tener jodido cuando acabes la carrera, así que no pierdes nada por intentarlo. Y aunque no lo consigas aprenderás mucho más inglés en esos pocos meses que en todos los años de Escuela de Idiomas juntos.
  • Sal a bailar, aunque sea solo. Qué puñetas, mejor que sea solo. Al principio te dará mucho corte, pero en poco tiempo no solo te acostumbrarás, sino que seguramente te lo pasaras mucho mejor que saliendo con los raritos de tu carrera. Y, ya que no lo haces nada mal (modestia aparte), hasta es posible que ligues. Quizás con una sueca. Borracha. Vestida de Pippi Lanstrum. No le hagas ascos, hazme el favor.
  • Al acabar la carrera un familiar te conseguirá trabajos en una agencia de traducción. No seas gilipollas y acéptalos, nunca volverás a tener una oportunidad igual.
  • En cuanto empieces a ganar dinero con las traducciones, o si dejan de darte trabajo y tienes que buscar otra cosa, no te vengas a Madrid. Es una ciudad demasiado cara y difícil para empezar de cero. Además de todas formas nunca te gustará vivir aquí. Busca algún sitio más pequeño (con mar, a ser posible) y tómatelo con calma. O vuelve a irte al extranjero. De todas formas cuando conozcas a la parienta te tocará pasar un tiempo en la capital, como todos.
  • Sí te pusieras a trabajar en una cadena de comida rápida y un día salieras de cena con tus compañeros, y una de ellas, que por cierto te interesa bastante (aunque tenga un novio por alguna parte, pero eso son detalles sin importancia), ante lo lejos que está tu casa, te invitara a dormir en su sofá y una vez allí os pusiérais a charlar un momento... ¡bésala, joder! ¡Métele mano! Por Crom, ¡¡TÍRATELA!! ¡¡Que te lo ha puesto a huevo!!
  • Si pasado un tiempo sigues sin saber qué hacer con tu vida, no te lo pienses y busca curro de administrativo. Lo odiarás (como todo el mundo), pero se te dará lo suficientemente bien como para vivir de ello un tiempo hasta que se te ocurra otra cosa. Y si empiezas pronto quizás para cuando llegue la crisis tengas un puesto y un sueldo medio decente. Tendrás vicios muy caros, lo vas a necesitar. Eso sí, ¡que no sea en una constructora!
  • Y para acabar, te voy a dar una palabra mágica que te acabará siendo muy útil: blog. Ya me lo agradecerás.