Mostrando entradas con la etiqueta Confesionario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Confesionario. Mostrar todas las entradas

19 de julio de 2006

Confesionario (Final) Estoy harto de oirme a mi mismo


Así que creo que es hora de hacer unos cuantos cambios drásticos...

Confesionario (XIV) Con los huevos llenos de amor


Esa es una frase que me encantaría decir, pero que supongo sería algo impropio para alguien como yo.

Más que una confesión, esto es la constatación de un hecho irrefutable: estoy obsesionado con el sexo. No se si más o menos que la media, pero lo estoy. Pienso en ello, hablo de ello, lo consumo en cuanto tengo ocasión. Raro, muy raro, es el día en el que no me acuesto tras haber visto un poco de pornografía. Es casi patológico.

El problema viene de los motivos, más que de los hechos. Estoy obsesionado con el tema no por un gusto desmesurado hacia el sexo, sino precisamente porque apenas lo practico. A fin de cuentas ni siquiera tengo claro que me guste. Siempre estoy nervioso, tenso, más pendiente de complacer a mi pareja que de disfrutar yo mismo: algo que no consigo si no se que hacer en los preliminares y después me corro a los dos minutos. Y para colmo soy demasiado escrupuloso como para sentirme cómodo con el intercambio de fluidos que el sexo supone. "Príngate un poco, joder", me dijeron una vez.

Tengo el mal presentimiento de que cuando finalmente tenga pareja estable y pueda practicarlo con regularidad, el sexo me aburrirá con la misma rapidez con la que me aburre casi todo lo que hago...

2 de junio de 2006

Confesionario (XIII) Dos pequeñas perversiones



En los juegos previos al sexo me pone a cien que me metan la lengua en la oreja. Y cuando ya estamos en faena me encanta hurgar con la lengua en el ombligo de mi compañera de cama.

Lástima que esto último no le gustara realmente a ninguna de mis tres parejas...

1 de junio de 2006

Confesionario (XII) ESCAQUEITOR


Yo nunca me he considerado mejor que nadie, pero pienso que soy un buen trabajador. No de los mejores, ni de los más eficientes, más rápidos o que más beneficios dan a la empresa, pero si alguien al que le gusta hacer bien su cometido, sin quejarse ni que los demás se quejen de tí. Buena prueba de ello es que todos mis empleadores se han quedado bastante satisfechos conmigo y no les hubiera importado tenerme fijo en plantilla (vale, excepto los del hotel que me echaron a patadas).

Sin embargo, por muy buena persona que uno sea (o se considere), pasar tanto tiempo en infratrabajos de cómida rápida o ventas a granel acaba por sacar lo peor de uno mismo. Y es por eso (pobre excusa, pero desgraciadamente muy cierta) que hace tiempo que aprendí y empecé a utilizar sin remordimientos el sagrado arte del escaqueo.

Lo confieso: cuando algo del trabajo no me gusta hago todo lo posible para no hacerlo, dejar que se coman el marrón otros y además que no parezca que me estoy escaqueando. Y no se me da nada mal. Valga como ejemplo que durante los 8 meses que pasé en mi segundo empleo en el campo de la comida rápida no fregué el baño de los clientes ni una sola vez, a pesar de que era un cometido de todos, y no se dieron cuenta hasta tres días antes que abandonara el trabajo.

Alguna ventaja debía sacar por tener esta cara de niño bueno que nunca ha roto un plato en su vida...

26 de mayo de 2006

Confesionario (XI): Por la noche...



... me gusta dormir fuertemente abrazado a la almohada.

Llevo tantos años haciéndolo y estoy tan acostumbrado a ello que me cuesta mucho compartir la cama con alguien. Cuando lo hago sólo estoy realmente cómodo abrazando a la otra persona y recostando mi cabeza sobre su vientre...

13 de mayo de 2006

Confesionario (X) Gemidos



Ya he dicho como un millón de veces que para mi el sexo es algo bastante marciano. Onírico, incluso. Es algo que tengo en momentos puntuales y después desaparece, normalmente durante bastante tiempo, como si todo hubiera sido un sueño. Esto tiene la ventaja de que no llego a echarlo realmente de menos, puesto que para mí lo normal es la abstinencia. Pero también tiene un gran inconveniente, y es que me excito con bastante facilidad ante la presencia real y cercana del sexo de verdad.

Ese es el motivo por el que no soporto escuchar como follan mis vecinos. Cosa que ocurre con frecuencia, puesto que a fin de cuentas llevo años viviendo en pisos con las paredes de papel. Eso sí, debo aclarar algo: no es que me joda oir como ellos se lo pasan bien mientras yo estoy a dos velas. No, es mucho peor que eso. Ante todo me jode porque me excita. Oir los gemidos, susurros e incluso gritos de un acto sexual en directo me pone a mil (razón por la cual a la hora de escoger una afiliación me apunté a Beautiful Agony). Me he masturbado muchas veces con esto, sí, pero lejos de ser un pasatiempo también se ha convertido en una cierta obsesión.

Ocurre a veces que en vez de suceder de forma esporádica este voyeurismo auditivo se convierte en una constante. Es lo que me pasa en el Nido, donde el azar quiso que tanto mi cama como la de mi vecino estén apoyadas en la misma pared. Él es un chico de mi edad, más o menos, con novia estable y que, por supuesto, folla con bastante frecuencia. Y cuando lo hacen es inevitable que les oiga. Eso lo pudo comprobar R., mi última pareja, con la que protagonicé una surrealista escena muy parecida a algo que ocurre en la película de Steve Martin Tres mujeres para un caradura ("L.A. Story" en el original). Una noche en la que R. y yo dormiamos nos despertamos con los gemidos del vecino y su chica (bueno, especialmente los de ella), los cuales nos excitaron tanto que al acabar ellos empezamos nosotros a hacer lo mismo. Pero parece que ellos a su vez también nos oyeron, ya que cuando terminamos comenzaron de nuevo. No recuerdo si después también nos apuntamos a una nueva ronda, pero creo que la idea está clara.

El problema es que esto se ha convertido en una paranoia. Cualquier sonido en la noche levemente parecido a un gemido me pone en alerta, dispara mis pulsaciones y, si estaba intentado dormir, me desvela por completo. Me quedo quieto y rígido en la cama hasta que logro descubrir la fuente, forzando mi audición hasta unos niveles que ya quisiera Daredevil. Es una especie de atracción-repulsión que me hace buscar en todo momento ese pedacito de sexo auténtico y cercano, lo más real que llego a tener durante mis periodos de abstinencia, que me excita pero también me frustra ante la idea de que no soy yo quien lo está practicando.

Un día de estos que me los encuentre en el ascensor acabaré por confesarles que les oigo. Seguro que a partir de entonces se buscarán un hotel y me dejarán dormir en paz...

12 de mayo de 2006

Confesionario (IX) Mi tele y yo



Mucho antes de que vinieran a vendernos la moto de la TDT y la interactividad de los telespectadores, yo desarrollé la manía de hablar e incluso discutir sobre lo que veo en el televisor: comento en voz alta, aplaudo o rebato argumentos, insulto, amenazo, hago cortes de mangas... Algo así como el que no se calla cuando está viendo una película, pero sin vergüenza y delante de la pequeña pantalla.

Esta manía ("de viejos", dice mi madre) al principio sólo se hacía patente si estaba solo frente a la caja tonta, pero cada vez me cuesta más reprimir mis comentarios cuando hay gente delante. Lo cual, por cierto, suele provocar sustos, protestas y que mis compañeros se planteen internarme en un psiquiátrico.

Eso es porque no saben lo que podría llegar a hacer si tuviera una pantalla de plasma 5 veces más grande que nuestro viejo televisor...

27 de abril de 2006

Confesionario (VIII) Basura



Cada vez que digo que no escribo nada más que tonterías parece un ejercicio de falsa modestia. Pero no sólo creo que es cierto sino que además me arrepiento de haber publicado más de la mitad de los mensajes del blog. A veces, tan solo un día después de que un texto nuevo aparezca en la página me pregunto a mí mismo en qué coño estaría pensando en ese momento para soltar semejante estupidez, a pesar de que en teoría el objetivo del blog es precisamente poner por escrito todo aquello que me pasa por la cabeza.

Últimamente fantaseo con la posibilidad de mandar todos esos mensajes que no me gustan a la basura y empezar de nuevo el blog con los únicos que creo que merecen la pena...

10 de abril de 2006

Confesionario (VII) Fantasía - Realidad

Es irónico. He consumido pornografía de todas las clases. He visto cosas que podrían hacer vomitar a otros. He oido hablar de parafilias y perversiones que la gente ni se imagina. Yo mismo tengo en ocasiones fantasías extremadamente salvajes, que muy pocos comprenderían.




Y, sin embargo, lo cierto es que es para mí el sexo sigue siendo algo tan extraño que me ruborizo con el simple roce casual de una piel que no es la mia, o contemplando un beso apasionado entre dos extraños...

9 de abril de 2006

Confesionario (VI) Monstruos



Cuando era un crio soñaba en convertirme en un monstruo, en un vampiro o algo así. De esa forma dejaría de tenerle miedo al resto de monstruos, porque ya sería uno de ellos, algo que asusta a la gente y no que es asustado.

Ya he crecido y he desechado esa idea infantil de transformarme en algo que no soy. Sin embargo, en mi interior aún tengo deseos de ser alguien que infunde miedo en los demás. Alguien a quien no te gustaría encontrarte en un callejón oscuro. Alguien que sea respetado por el terror y la fuerza, y no el ser débil y asustado que soy ahora...

27 de marzo de 2006

Confesionario (V) Putas y ratas



El sábado fue mi cumpleaños. Como en todos mis cumpleaños, desde hace ya bastante tiempo, al caer la noche quise irme de putas. Quería que me hicieran una mamada, hasta el final, a ser posible llegar a correrme en la boca que me la estuviera chupando. Ese era el plan, al menos.

Esa noche, como todas las demás noches, estuve debatiendo conmigo mismo durante unos breves pero intensos minutos. En realidad lo tenía muy fácil: tan solo tenía que coger el coche, un poco de dinero y circular por cualquier carretera hasta encontrar uno de los muchos puticlubs que existen entre mi pueblo y Despeñaperros. Esa era la intención, al menos.

Esa noche, como todas las demás noches, acabé echándome atrás con cualquier argumento. Esta vez fue porque estaba cansado. Otras veces fue el dinero, o la falta de transporte, o porque no quería ir solo. Eso es lo que me hice creer, al menos. Pero en realidad no son más que excusas. Ni en la más favorable de la circunstancias lo haría. Lo se, porque he estado en esas circunstancias. He estado en un club de categoría con una exuberante (y guapísima) chica del este de enormes pechos semidesnuda agarrándome del brazo para que subiera a follar con ella, entre vítores e incluso la posibilidad de ser invitado por mis amigos. Y no lo hice. Estaba empalmado y muy salido, y jamás había recibido tanta atención (aunque fuera interesada) de un ejemplar femenino como ese, pero no lo hice.

Lo gracioso del tema es que, hasta cierto punto, mi relación con la prostitución es bastante afable, es decir, que para mí no es un tema tabú, ni algo escandaloso, ni lo veo como "algo que solo pasa en las películas". Mi pueblo, aunque grande, siempre ha respetado y tolerado este oficio como otro cualquiera, como un servicio más. Cuenta nuestro más ilustre escritor (que no es Cervantes, nosotros tenemos nuestro propio referente literario), que llegado el fin de semana lo habitual es que los mozos solteros que llevaban varios días de quintería en el campo corrieran a echar un polvo una vez cobraban y tenían tiempo libre, llegando a aporrear la puerta si era demasiado temprano y la mancebería aún no había abierto. O que acudieran a hurtadillas, si tenían poco dinero, a desfogarse con alguna de las putas que ejercían en casuchas a las afueras del pueblo y que se conformaban con unas pocas monedas. Y también me ha contado mi padre que allá en la época de la dictadura, la de la intachable moral, la prostitución estaba consentida en nuestra localidad mientras que en otros sitios fue prohibida y perseguida.

Está claro, pues, que para mi una puta no es un extraterrestre. Aunque empiezan a estar lejos ya los tiempos en los que los padrinos se llevaban a sus ahijados a estrenarse a un lupanar cuando tenían 15 o 16 años, lo cierto es que me he criado en una calle al final de la cual se encuentran la mayor parte de casas de putas del pueblo y desde que era un infante he aprendido a verlo como algo normal. Morboso, sí, pero normal. Tan normal que existe cierta costumbre de ir en ocasiones a los clubs de carretera más cercanos (y menos recomendables) a tomarse "la última". Tan normal que varios de mis amigos han pagado por tener sexo, algunos incluso en repetidas ocasiones, sin que haya puesto el grito en el cielo. Tan normal que yo mismo me he planteado muchas veces hacer lo mismo.

Pero no puedo. Da igual cuanto me mienta, simplemente no puedo. Por muy normal que lo vea yo sigo siendo yo, el chico acomplejado, tímido y asocial al que le cuesta entablar amistad con la gente y que recela de los desconocidos. El mismo chico que posiblemente jamás encontrará pareja por sus propios méritos, dado el terror que le infunde enfrentarse a una chica que le gusta. El mismo chico para el que el sexo es algo marciano, que llega de improviso y se vuelve a marchar durante meses o años. ¿Acaso podría este chico irse a la cama por las buenas con una extraña semidesnuda y exuberante a la que ha conocido tres minutos antes? No, por supesto que no. Toda esa situación me superaría, pero muy, muy de largo.

Pero además existe un motivo ulterior. Algo de lo que, curiosamente, jamás he hablado, pero que viene muy a cuento con esta confesión. Y es que soy un rata, un rácano, un agarrado, un tacaño de cojones. Aunque nunca he sido demasiado consciente de ello, a estas alturas ya es imposible negarlo. Tiene su explicación, si es que a alguien le convence. Provengo de una familia que siempre se ha mantenido con lo justo (como tantas otras, supongo), viviendo del sueldo de un funcionario, que nunca se ha podido conceder caprichos ni lujos. Me enseñaron a no desear lo imposible y no esperar grandes cosas. Cuando llegué a la universidad tuve que dejarme los cuernos estudiando y trabajar en verano para poder salir adelante, siempre con el dinero contado. Y en algún momento del proceso la costumbre se convirtió en trauma.

Ahora no soporto gastar dinero. Se que es imposible no hacerlo en una sociedad como la nuestra, pero aun así me hace sentir mal. No deja de ser irónico, porque ser friki implica ser consumidor, porque sigo viviendo de mis padres y porque el bloqueo que me impide aprobar la última asignatura de la carrera me ha hecho tirar a la basura muchas matrículas. De hecho la herencia que recibimos hace dos años nos ha permitido pagar algunas cosas que antes ni podríamos haber imaginado, como nuestras operaciones de miopía, el coche nuevo o mi último ordenador. Sin embargo, a pesar de todo, sigo sintiéndome mal. Sigo pensando que no debo gastar, que somos pobres y que todo céntimo que no es destinado para sobrevivir es un despilfarro. Hay días en las que hago cuenta de todo lo que he malgastado en estos años y me echo a llorar.

Por eso, si el hecho de ser incapaz de entregarme carnalmente a una desconocida no fuera suficiente, el factor dinero hace que sea completamente imposible. No me perdonaría a mi mismo gastar 30€ en una sesión de sexo que apenas duraría unos minutos y que los nervios y mi eyaculación precoz no me permitirían disfrutar. Aunque me muera de ganas de saber como es en realidad una mamada, para mí sería como quemar los billetes. Y, desde luego, no aprecio lo suficiente el sexo como para hacer la vista gorda. ¿Gastarme ese dinero en cómics? Es mi único vicio, duran más que un polvo e incluso pueden revalorizarse en un futuro. Duele, pero he aprendido a ignorar el dolor en busca del placer posterior. Sin embargo no creo que me perdonara hacer lo mismo con una puta.

Menos mal que hacerse pajas todavía es gratis...

15 de marzo de 2006

Confesionario (IV) Mis gustos, a mi pesar (Actualizado)



Yo entiendo muy poco de música. Posiblemente no sea capaz de reconocer una buena melodía ni aunque la tenga delante de las narices (o, en este caso, de los oidos), pero el hecho de ser, además de inadaptado (con todo lo que eso conlleva), el hijo de un buen aficionado a la música clásica ha tenido como consecuencia que mis gustos se hayan alejado con el tiempo de aquello que huela a "comercial" o "superventas".

Ya sea por esnobismo, ya sea por joder, ya sea porque simplemente nací así, siempre he procurado desmarcarme de los demás. Cuando mis compañeros grababan de la radio grandes éxitos pop yo compraba cintas de música soul. Cuando empezaba a ponerse de moda el bakalao yo escuchaba a los Beatles y algunos discos de música clásica de mi padre. Cuando mis amigos comenzaban a aficionarse al heavy yo me decanté por los sonidos electrónicos. No se hasta que punto lo hago por llevar la contraria, pero lo cierto es que me dan arcadas cuando escucho a Alejandro Sanz y siento ganas de llorar cuando veo que le ponen la etiqueta "Chill Out" o "Ambient" a cualquier mierda hecha con sintetizadores.

Desde que tengo conexión regular a internet me he dedicado a rebuscar nuevos sonidos para satisfacer mi, por otra parte, poca curiosidad musical. Electropop sueco, techno mexicano, house francés... Cualquier cosa que suene a raro y, por supuesto, me deje mejor sabor de boca que el número uno de los 40 principales. Sin embargo, yo a veces también caigo en el lado oscuro...

Sí, debo confesarlo. Me gustan algunos artistas, géneros y temas que alguien que presume de saber distinguir entre los distintos subtipos del House (hice un ensayo sobre el tema) debería de repudiar con todas sus fuerzas. Pero soy humano, y tengo mis debilidades. Estos son algunos ejemplos:

  • Las baladas pegajosas de Shakira (y alguna otra canción más) - A pesar de que sus temas comerciales me parecen facilones, olvidables y sin gracia, y que la tipa aunque tenga un polvo tampoco es nada del otro jueves, me fascina como canta las baladas. Cuando suena "Que me quedes tu" o la más reciente "No" me quedo embobado escuchándolas.
  • Toxic, de Britney Spears - Se que debería de cortarme la lengua antes que admitir que me gusta una canción de este engendro WASP, pero lo cierto es que me parece un tema cojonudo. De hecho ni siquiera suena a ella. Quizás lo rechazó otra cantante y ella lo consiguió de rebote, quien sabe...
  • Las Spice Girls - Sí, ¿que pasa? ¡Me gustaban las Spice Girls! Vale, no tengo ningún disco suyo (me moriría de vergüenza si alguien lo viera entre mis pertenencias), pero me hacían mucha gracia, sus canciones era pegadizas y no todas desafinaban. Al menos tuvieron la decencia de no tomarse en serio a sí mismas. Y, ya que estamos, algunos de los temas de la Geri Halliwell (ya en solitario) no estan mal...
  • Los temas disco-gay - Ni siquiera hace falta que explique el concepto, puesto que todos conocemos algún ejemplo. Desde los Bee-Gees y los Village People, pasando por Donna Summer, hasta el imprescindible y mega-sobado "I will survive" de Gloria Gaynor, cualquier canción que consiga sacar la pluma del macho más macho. Pinchadme "Ain't no mountain high enough" en la versión de Diana Ross y las Supremes, y bailaré como una loca en el desfile del orgullo gay. Con coreografía y todo...
  • El album Believe de Cher - Por las mismas razones mentadas arriba y algún motivo personal añadido.
  • The Corrs - Quizás se pueda considerar que escuchar a estos irlandeses ñoños no sea algo de lo que avergonzarse (al menos no demasiado), pero la verdad es que musicalmente son lo peor. A fin de cuentas si han triunfado es por hacer versiones de temas ajenos (¡se atrevieron hasta con Jimmi Hendrix!), porque los suyos propios no valen un duro. Sin embargo, no puedo evitarlo: me gusta la voz de Andrea Corr. Bueno, qué coño, ¡me gusta todo de Andrea Corr!
  • El unplugged de Nirvana - Aunque los grunchis no quieren ni oir hablar de este disco, lo cierto es que en su momento fue un auténtico pelotazo. Tanto que yo, que ni siquiera conocía la existencia del grupo, fui uno de aquellos que acabó tatareando (mal) a todas horas el "About a girl" acompañado de un poco de air guitar. De hecho creo que incluso tengo grabado el concierto en video por alguna parte...

Todavía hay algunas cosas que me callo, por si acaso. Eso sí, esto que quede entre vosotros y yo, ¿eh? Que tengo una reputación que mantener...

20 de febrero de 2006

Confesionario (III) Un vicio (in)confesable



Algo que no dije sobre mi colocón de ayer y que creo justo confesar.

Me gusta masturbarme viendo una película porno y fumando al mismo tiempo. Pero es más que un simple hábito. Procuro correrme muy poco después de apagar el cigarrillo, cuando el humo comienza a subirse a la cabeza. La combinación de ambas cosas (la nicotina y el orgasmo) hace que sienta descargas por todo el cuerpo.

Para que luego digan que fumar no es un placer...

7 de enero de 2006

Confesionario (II) Envidia



Envidio la belleza. Me gustaría poseerla, tanto para mi como en la carne de una mujer sometida a mis deseos

Envidio el dinero. No ansio grandes riquezas, pero sí tener el suficiente como para permitirme esos caprichos que siempre he reprimido

Envidio el poder. Pero no el de los políticos o el que se compra con cheques, sino el que otorga la fuerza bruta, el que provoca miedo y respeto

Envidio a todo aquel que se siente seguro de sí mismo y no parece dudar nunca

Envidio el glamour, el de las grandes fiestas, la sofisticación y la decadencia

Envidio vivir grandes experiencias de esas que se recuerdan toda la vida

Envidio viajar y conocer otros lugares que parecen tan lejos de mi alcance

Envidio a aquellos que no tienen problemas para hacer amigos en cualquier parte

Envidio a esos hombres que tienen facilidad para seducir a mujeres o encontrar a quien se acueste con ellos sin tan siquiera hacer preguntas

Envidio el talento. Ser capaz de crear grandes obras que sobrevivan a sus propios autores y los conviertan en inmortales

Envidio la sabiduría y la inteligencia. Me gustaría poder mirar al mundo con los ojos de aquel que es capaz de ver todas las conexiones, todas las sutilezas, todos los secretos

Envidio el sexo de las películas. Que todo sea perfecto y ambos alcancen cotas de placer como jamás conoceré en mi vida



Envidio a aquellos que no sienten envidia

15 de diciembre de 2005

Confesionario (I) Fantasias sexuales



Echar un polvo rápido en los baños de un pub

Cuando trabajaba en el hotel, acostarme con una clienta en su propia habitación dentro de mi turno

Que me hagan una mamada mientras me fumo un canuto

Untar a mi pareja de nata y miel, y lamerla entera

Usar los servicios de una "pajillera" en un cine porno

Hacer un trio con dos adolescentess

Cuando repartía pizzas, que la clienta me recibiera en bata (y nada debajo) y echar un polvo antes de volver al trabajo

Follar en los baños de un tren

Probar el sexo con mujeres de distintas razas

Acostarme con una enfermera con bata y medias blancas en el hospital, cuando esté convaleciente tras mi intervención

Desvirgar a una menor

Echar un polvo en una tienda de campaña en un concierto de verano

Acostarme con una azafata, con el uniforme puesto

Ser complacido sexualmente por varias mujeres a la vez

Follar con una famosa

Masturbar a mi pareja en un sitio público