31 de marzo de 2011

Exiliados



Si un día vas caminando por la calle en una ciudad inglesa que, aunque siendo conocida, no es de las más famosas y te encuentras con un compatriota, te alegras por la coincidencia.

Si todos los días, vayas dónde vayas, y sea en la época que sea, te encuentras a un puñado de ídem, te empiezas a preguntar quién queda en España.

Porque nos están echando. Sí, así, como suena. A patadas. Cualquier cosa menos tenernos allí, engordando las estadísticas del paro. Que bastante mal están ya de por sí. Al menos por el momento, claro. Porque cuando hayan terminado de vender el país, casi no queden derechos sociales y las empresas vuelvan a necesitar mano de obra barata ya verás como nos piden que volvamos, ya. Seguro que hasta nos pagan el billete. Vamos, me juego un Shirley Temple a que montan una campaña con ello. Pero de momento estamos mejor fuera, enviando divisas a las familias y tal. Como en los 60. Arrimando el hombro por la patria. Dios nos libre de dar prestaciones a los más necesitados a cargo de los impuestos y esas cosas tan socialistas. Quita, quita, que los coches oficiales no se pagan solos. Y de crear puestos de trabajo ni hablamos, que me entra la risa floja. Sobre todo con los sueldos de ahora, o eso dicen. Que al parecer somos todos ricos y ni me había enterado. No sabía yo que 1000€ al mes daban para pagarse una mansión. Será que no se ahorrar...

El caso es que el éxodo masivo me jodió los planes. Vale, tampoco es que fueran grandes planes, pero no tenía más. De hecho ni siquiera eran varios, sino uno solo, para una empresa concreta y un trabajo específico: probar y traducir videojuegos. Ahí esa nada. Que me paguen por lo mismo con lo que pierdo el tiempo todos los días. Descontando los cómics, claro. Aunque, por supuesto, la cosa se torció. Porque si hay algo que sobre aquí son españoles con ganas de que les paguen por perder el tiempo, sepan sobre el tema o no. Así que cuando llegué yo no querían más paisanos ni en pintura. Hasta en el correo de respuesta parecían hartos. Y eso que yo ya había trabajado para ellos, pero ni por esas. Si es que tendría que haber nacido en Finlandia, joder, que vayas donde vayas se te rifan. Por el idioma, digo. Que si además eres chica, joven, rubia y con ojos azules ni te cuento.

Visto el panorama, tuve que buscar alternativas. A la señora la colocamos deprisa (que si hay algo que siempre haga falta son cocineros), así que algo tenía que hacer yo. Por el tema del dinero y tal. Que la bromita de los hoteles nos salió por un pico y no estaban los ahorros para muchos sustos. Sin embargo no tardé mucho en darme de bruces con la realidad. Ya que, seamos honestos, ¿qué coño esperaba? Es más, ¿qué es lo que espera todo el mundo que viene aquí? A mí me parece que nos han vendido la moto a base de bien. Nos creemos que pasando los pirineos empieza otro mundo, donde las economías florecen, los políticos son inteligentes, las leyes justas, la gente civilizada y todo va requetebien. Pero no, oiga, no. Mierda hay en todas partes, otra cosa es que desde fuera no huela. Sin embargo cuando estás aquí apesta pero bien. Porque por muy educados, estirados y serios que salgan los ingleses en la televisión, este país tiene un tufo a rancio que tira para atrás. Es lo que tiene que se te envejezca la población, te hayas quedado sin industria, los jóvenes pasen de todo, la gente con dinero se largue a Australia y tus mayores ingresos vengan del sector servicios.

Para ser concretos, se podría decir que Reino Unido vive casi de una sola cosa: sacarle la pasta a la gente. Sobre todo a ellos mismos. Menuda estafa piramidal se han montado. O eso es lo que se deduce de las ofertas de trabajo. Cerca de la mitad requieren usar un teléfono para estrujar la cartera de alguien. Ya sea vender seguros, cobrar deudas, ofrecer descuentos de telefonía, dar préstamos rápidos, aconsejar en temas legales, o pedir donaciones para una ONG. Que digo yo, si se pasan el dinero de unos a otros, ¿de dónde ha salido en primer lugar? Vale que hay turismo, pero esto tampoco es precisamente Cancún. Y fijo que los financieros de Londres no se dejan los ingresos en el país para que les crujan a impuestos. A lo mejor es que lo de enviar tarjetas de felicitación es más rentable de lo que parece. Quien sabe. Aunque, claro, tampoco es que todo el mundo tenga dinero del de gastar. Porque la cantidad de gente que hay viviendo de beneficios sociales como que asusta un poco. Y eso que los miran como si tuvieran la lepra. Aun así muchos lo prefieren a buscar trabajo. Visto el panorama no me extraña, la verdad.

En ese mismo dilema me encontré yo. Probablemente también la gran mayoría de españoles que pululan por aquí. Muchos acabarán de camareros o similar. Lo cual no deja de tener su gracia. Porque, aquí y en la Patagonia, los puestos de mierda tienen salarios de mierda y, joder, para eso se podían haber quedado en su casa. Aunque a lo mejor esa es la clave de todo: largarse de allí, poner tierra de por medio con un país que hasta te mira mal. Porque, seamos honestos, la excusa del idioma ya empieza a oler. Sí, claro, aquí se aprende más, pero eso si vas a clase y hablas con los nativos. Sin embargo la gente viene en manadas y los que no se agrupan en ellas, con lo cual poco vas a practicar. Esto ya parece más Castilla que Bretaña. Y aunque vengas con buena intención tampoco lo vas a tener fácil. Qué coño, lo más seguro es que las pases putas. Si ya resulta difícil vivir con un sueldo de risa en un país con un nivel de vida de risa, ya no te quiero contar en uno como este. Ríete tu del coste de un alquiler cuando aún teníamos la burbuja. Ni punto de comparación, oiga. ¿O acaso pensabas que nada más llegar te iban a dar una casa y un trabajo con despacho solo por ser europeo? No señor, no, tu eres un pringao que ni habla el idioma. Pues anda que no hay paquistaníes con más títulos y a los que se les entiende mejor que a tí. A puñados. Pero en eso consiste el chiste, que te presionen para que te vayas de un sitio en el que a lo mejor no vivías tan mal a otro en el que vas a vivir peor con la vaga promesa de que en unos años todo será la hostia. Y nosotros vamos y nos lo creemos.

Yo por lo menos no. Ya no. Porque se que las cosas están mal y pronto van a estar peor. A fecha de publicar esta entrada el gobierno tiene previsto empezar a hacer recortes a diestro y siniestro. Lo que significa más ingleses en el paro. Lo que significa aún más competencia. Y mi curriculum no es como para estar orgulloso. Oh, sí, con él podría hacer una gran carrera en el mundo de la atención al cliente, pero como que paso, gracias. Para eso me clavo un punzón en el cerebro y acabamos antes. Total, el resultado va a ser el mismo. Así que, una vez se me jodió el plan de los videojuegos, tuve que empezar a buscar una alternativa. No me sale de los huevos buscarme un trabajo de servidumbre porque para eso me hubiera quedado a que me explotaran en Madrid. Y para cualquier trabajo especializado necesitas un título, o varios, que si en España tenemos titulitis no os quiero contar cómo funcionan aquí. Podría estudiar, claro, pero tampoco hay dinero ni tiempo para una carrera. O podría cambiar de oficio y empezar en otra cosa. Pero la cuestión es el qué.

¿Qué coño hago con mi vida?

Hace meses que empecé a hacerme esa pregunta. Aún no tengo respuesta. Los motivos los dejaremos para la siguiente entrada...

5 comentarios:

Salamandra dijo...

Al menos te has bajado del tren, tío. Lo bueno de eso es que te paras, respiras, reflexionas y decides. Tú todavía estás en la reflexión ... todo llegará.
Ánimo ;-)

Anónimo dijo...

Al final estamos todos jodidos.

El inadaptado dijo...

Pues más vale que llegue pronto, Salamandra, que con un sueldo ya no hacemos nada, ni aquí ni allí.

Y sí, anónimo, jodidos pero bien.

Fernando dijo...

Anónimo tiene razón. Estamos todos jodidos. ^^

JaviWoll dijo...

Vive el día, está claro que somos como somos y aunque el tiempo pasa, nosotros seguimos pensando igual.