22 de febrero de 2008

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Hay raras ocasiones en las que al acabar la jornada laboral me siento pleno, satisfecho, incluso ligeramente orgulloso por tener un oficio y pertenecer a una gran empresa.

Por fortuna cuando suena el despertador a las 6:54 de la mañana siguiente entro en razón y vuelvo a cagarme en mi trabajo, en mi empresa, en el capitalismo y en la puta que los parió a todos.