16 de enero de 2008

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Al final he tenido que rendirme ante la evidencia de que la única forma de contentar a mi madre es que rompiera con mi novia, volviera al pueblo, aprobara una plaza de funcionario, me casara con una niña bien, me comprara una casa y tuviera hijos.

Es decir, que me convirtiera en mi padre. Con más pelo, eso sí.